Serie “Los Prisioneros”: Que no destrocen su vida

Puede que sea la última vez en un buen rato que hablemos de una biopic que se la juega por contar la, quizás archiconocida, historia de Los Prisioneros. Esto debido a los numerosos intentos que este año llegan a su punto culmine en la producción homónima realizada por Parox, responsables de títulos aplaudidos como Los Archivos del Cardenal y El Reemplazante.

En sus manos estuvo la ardua tarea de dejar conformes a fans y amantes de la TV al intentar recrear el camino de una banda de tres amigos común y corrientes que dieron forma al repertorio musical más potente de los 80, inolvidables hasta el presente. Para dar más solidez, la apuesta fue por hacer un relato inspirado en los hechos reales, creando un guión potente, lleno de momentos atractivos en un orden distinto a la realidad. Es uno de sus puntos fuertes, pero con un detalle crítico para historiadores: todo pasa como si la banda hubiera tenido una vida útil de dos años.

En la mitología de la serie, Los Prisioneros ensayaban con posters de The Clash y los Sex Pistols.

Ocho capítulos parecen ser muy pocos para un relato lleno de peaks. Nada se desperdicia y el elenco escogido hace su mayor esfuerzo para capturar lo mejor de su personaje. En esto cabe destacar no solo el excelente desempeño de los actores a cargo de González, Tapia y Narea (Aron Hernández, Bernabé Madriagal y Andrew Bargsted, respectivamente), sino también el emotivo rol de la madre de Jorge, Ida Ríos (Amparo Noguera) y la pareja de Jorge, Jacqueline Fresard (Dindi Jane) quien junto a las Cleopatras logra sumar una potente historia paralela ideal para un spinoff.

Lamentablemente, al hablar de una biopic “rock” no podemos eludir el ingrediente principal y el más frágil de esta serie: la música. Con esto no se juega y tal parece que, en esta ocasión, fue el aspecto que se dejó en último lugar o sufrió una baja de presupuesto.

Junto con una banda sonora débil y poco atractiva, con la insólita inclusión de un cover de José José en clave pop-rock (“Lo que no fue no será” realizado por los peruanos Mar de Copas), cuya procedencia no tiene ningún sentido como marco de fondo en medio del quiebre entre Jorge y Jacqueline (más parecido a una teleserie de Mega cualquiera), escasean referencias a la música de los 80, más allá de las canciones de Los Prisioneros, las cuales fueron recreadas por Nelson Soto, participante de Yo Soy junto a su grupo Los Amerikan Rockers, cuyo sonido es más cercano a una trasnochada noche de karaoke.

Las Cleopatras, representadas por Dindi Jane, Mariana di Girólamo, Li Fridman y Annick Durán. Uno de los grandes aciertos de la serie.

En paralelo, la dictadura es el marco de fondo que marca cada movimiento del trío, sumando más épica a la historia. Asimismo, Claudio y Miguel tienen mayor fuerza que en representaciones anteriores, con detalles que dan sabor al relato como ver al guitarrista rompiendo un premio en medio de una ceremonia y al baterista generando tensión al hacerse dueño del nombre del grupo.

Aunque en la suma, “Los Prisioneros” aparezca como una serie entretenida para ver, deja la sensación de un trabajo inconclusa, que llevó a sus productores a concluir lo que tenían entre manos antes de tiempo, sin la posibilidad de perfeccionar una obra que, con mayor presupuesto y/o altura de miras, habría sido suficiente para dejar inscrita para siempre la biopic definitiva de la banda más trascendente de la música popular chilena.

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