Ad portas de su esperado concierto de lanzamiento en el histórico Teatro Ictus y con su confirmación en el cartel de Lollapalooza Chile, la cantautora nacional Olivia García atraviesa uno de los momentos más prolíficos de su carrera. Tras participar en el Festival Morada, la artista reflexiona sobre la masculinización de la industria musical, el proceso detrás de su segundo disco Te daría tanto solo por un poco, la deconstrucción del mito del amor filial y el impacto de la educación artística en la infancia.
La urgencia del espacio para las mujeres en la música
Lamentablemente la industria musical en Chile sigue estando muy masculinizada, especialmente en roles técnicos como ingeniería de sonido, producción o mezcla. Tras tu paso por el Festival Morada, ¿cómo evalúas hoy la presencia y visibilidad femenina en estos espacios?
“Sigue muy masculinizada. Si bien en el canto hay mayor visibilidad femenina, en los roles de producción, ingeniería de sonido, management, mezcla e incluso instrumentistas hay una brecha enorme. Estoy convencida de que no falta talento femenino, sino visibilidad y espacios para mostrarlo. Por eso instancias como Morada Fest o Ruidosa Fest son fundamentales.
En mi caso, mi productor Arturo Zegers me motivó muchísimo a empoderarme dentro del proyecto. Durante el proceso de Te daría tanto solo por un poco me incentivó a tocar guitarra eléctrica, algo que nunca había hecho y que al principio me daba mucho miedo. Pasamos de que me diera vergüenza equivocarme a producir yo misma canciones como el interludio del disco y el tema final, “Tengo una luz”, tras hacer un curso en Talleres Raros. Entender que no soy solo la voz, sino también compositora y productora, fue un proceso hermoso”.
Desromantizar la relación madre e hija y abrazar la vulnerabilidad
En el disco abordas temáticas profundas como la relación madre-hija en canciones como ¿Qué fue lo que nos pasó?, colaborando con Vale Acevedo. ¿Cómo fue plasmar esa vulnerabilidad sin caer en una mirada romantizada?
“La composición para mí es un espacio donde elaboro lo que me pasa; me ayuda a darle forma al enojo, la tristeza o la confusión. Cuando llevas eso a una colaboración con otro artista, como con Vale Acevedo o Benjamín Walker, pones a prueba la capacidad de la canción para conectar de forma genuina.
Hoy las artistas mujeres estamos pudiendo hablar de temas propios sin idealizarlos. La relación madre e hija, la capacidad de diferenciarte de tu madre o la maternidad misma no siempre son experiencias rosadas. Mostrarlo desde una perspectiva más problematizadora y vulnerable es una postura abiertamente feminista que desafía los estereotipos tradicionales sobre la feminidad”.
Evolución personal: De la complacencia a la “época rabiosa”
Al comparar tu álbum debut (El nuevo refugio) con Te daría tanto solo por un poco, se percibe una evolución marcada en cómo enfrentas las emociones. ¿Cómo viviste esa transición?
“Hay un cambio enorme. Cuando hice el primer disco era una persona mucho más dulce, complaciente y preocupada del qué dirán. Reflejaba mi forma de enfrentarme a las relaciones en ese momento. Para este segundo disco aprendí a enfrentar el conflicto, a atreverme a desagradar y a poner los problemas sobre la mesa.
Mi mamá me decía en broma que estaba en mi “época rabiosa”, pero creo que pasar por esa etapa es supernecesario para aprender a poner límites sanos. El disco habla justamente de eso: identificar la falta de reciprocidad, atravesar la culpa, soltar las relaciones que no hacen bien y avanzar con alivio junto a quienes se quedan a tu lado”.
El acceso a la música como derecho en la infancia
Comenzaste tu trayectoria cantando en los actos del colegio. Viendo en perspectiva lo decisivo que fue para tu carrera, ¿qué importancia le atribuyes al acceso a la formación artística desde la infancia?
“El arte y la música son fundamentales para el desarrollo de la sensibilidad y el proceso identitario de cualquier persona. En mi caso, le agradezco inmensamente a mis profesores del colegio por notar mi interés y darme las herramientas; a los 10 años ya me estaba subiendo a un escenario y más tarde grabábamos en un taller de banda.
Sin embargo, estoy super consciente de que mi experiencia fue un privilegio por haber estudiado en un colegio privado con muchos recursos. El acceso a la educación artística no debería ser una suerte ni depender de los recursos económicos; debería ser un derecho para todos los niños y niñas en Chile”.
El reencuentro con la Olivia niña y el hito en el Teatro Ictus
Si pudieras hablar con la Olivia que cantaba en los actos escolares antes de saber que abriría conciertos a grandes artistas o que estaría en el cartel de Lollapalooza, ¿qué le dirías?
Con una sonrisa responde “Saltaría de la emoción con ella. Creo que le diría que nunca deje de buscar oportunidades y que no se rinda, porque dedicarse a la música en Chile es muy desafiante. De esa niña mantengo intactas la capacidad de sorprenderme con cada logro y la convicción absoluta de que vine a este mundo a hacer música y conectar con la gente”.
Finalmente, el show de lanzamiento será en el Teatro Ictus. ¿Cómo se traduce la estética del álbum a este espacio tan emblemático?
“Este disco tiene una atmósfera muy cinematográfica y teatral. Trabajar el lanzamiento en un espacio como el Teatro Ictus nos permite construir una experiencia inmersiva para el público, no solo un concierto. Queremos que la gente entre en un viaje emocional e íntimo a través de referentes que nos inspiraron, como Bon Iver o Camila Moreno, equilibrando lo orgánico con la electrónica en pleno corazón del barrio Lastarria”.