6 x los 30 de Lucybell: Claudio Valenzuela repasa historias de los seis discos que celebrarán en el Teatro Coliseo

Tras estos casi dos años, en que la posibilidad de volver a vivir la emoción de escuchar música en su estado puro se volvió más remota que nunca, el renacer de los conciertos en vivo para muchas personas ha sido casi un renacer. Ese tiempo de extrañar aquello que tuvimos tan presente, ha llevado a que la mayoría de los shows tengan una carga emotiva extra, haciendo inolvidables cada jornada.

Así como a otras bandas nacionales, Lucybell está experimentando esa energía renovada en cada parada de su actual gira nacional, una en la que aprovecharon de celebrar (con un año de retraso) sus 30 años de carrera. El público ha respondido a la altura de las circunstancias y cada fecha se anota con un cartel “sold out” en cada parada. Un hito que se vive con alegría en el cuartel del trío nacional y su equipo.

“Estamos muy agradecidos de eso, y al mismo tiempo, nos hemos dado cuenta que hay como una segunda o hasta tercera generación que está escuchando a la banda. Padres que escuchan la banda, que tienen la edad nuestra, y que sus hijos, que son adolescentes, están escuchándonos y están sorprendidos con lo que pasa con la música. Creo que ha sido un proceso muy interesante lo que ha pasado con Lucybell en el último tiempo”, señala Claudio Valenzuela, quien comanda al grupo desde aquellos tiernos inicios en la Facultad de Artes de la U. de Chile en 1991.

En sus palabras se esconde también una emoción particular: reconoce que en un momento pensó en su retiro de los escenarios y dedicarse a otra cosa: “Después de la pandemia ha sido un poco complejo todo (…). En un momento pensé en no tocar más, en lo personal. Creo que el año pasado, cuando empezamos en noviembre, el primer show y todo fue una gran prueba… y hasta ahora, creo que es una gran prueba que lleva tiempo, porque el personaje que existía hace dos o tres años es otro ahora”.

“Es muy difícil cantar las mismas canciones que cantaste toda la vida, cuando tu vida cambió entera y ya no significan lo mismo. Y la gente quizás no entiende mucho, porque tampoco a mi me gusta mucho explicar a dónde viene y a donde va, pero sí, hay una forma nueva de enfrentar las canciones porque si no no podría cantarlas de nuevo”, complementa.

Frente a esta etapa de introspección personal, Valenzuela ha vivido también un interesante proceso junto a Eduardo Caces y Cote Foncea en este año: revisitar de principio a fin seis de los discos más importantes de su carrera, los cuales serán presentados según un orden conceptual durante tres noches en el Teatro Coliseo.

En un ejercicio de memoria emotiva, le pedimos al vocalista de Lucybell que nos entregara parte de sus recuerdos con cada uno de estos discos que sonarán de principio a fin este 22, 24 y 25 de septiembre.

Peces, 1995

Fue el primer disco de la banda, que tardamos mucho tiempo en poder tenerlo en la mano. Fue todo un parto, porque para grabarlo hicimos un acuerdo con personajes, que eran bastante extraños, que financiaron el disco… y grabarlo fue todo un asunto, de poder entregarlo. Yo escuchaba el disco desde agosto del 94, de cuando lo terminamos, pasó mucho tiempo en el cual yo lo tenía en cassette, el master, y lo escuchaba en mi casa y no podía mostrárselo a nadie, en meses. Fue sumamente deprimente, porque era mucho tiempo de tener un disco que queríamos mostrar, y sabíamos que mucha gente quería escuchar también. Recuerdo siempre la primera vez que sonó el primer single en la radio, y fue como “ok, acá se abre todo”. Pero fue una época bien oscura.

Viajar, 1996.

Fue un disco hecho entre medio de viajes, porque junto con Peces empezamos a viajar mucho. Empezamos a ir a regiones y además fuera del país: fuimos a Miami, por primera vez a Estados Unidos a hacer un show de MTV, y después de eso nos arrancamos hasta Nueva York. Y fue así, hecho entre viajes.

“Mataz” fue una letra del disco que fue escrita en un hotel en Iquique. Recuerdo en la mañana, despertando, y en ese tiempo en las giras compartíamos habitaciones. Yo estaba con Francisco (González) y recuerdo levantarme, ir al balcón, en la mañana muy temprano, de amanecida, y escribir la letra entera. Y así, muchas letras fueron hechas en momentos así.

Lucybell (Disco Rojo), 1998.

Fue una aventura, una locura que no sé si volvería a cometer. Lo que pasa es que, fue pensar en juntarse en un lugar, armar un estudio en un galpón, llegar no con ideas predispuestas sino que trabajar con lo que se genere solamente ahí.

Había traído ya más de 15 ideas de canciones, los chicos también, y ya tenía como una idea, un concepto un poco de lo que quería del disco, como lo habíamos hecho en la vez anterior, pero surgió esta idea de “hagamos este experimento y lo grabamos”… y fue super bueno como resultado, en las pocas canciones que se lograron hacer ahí, pero terminamos un día antes de viajar a Buenos Aires (para hacer la mezcla y masterización del disco), y nos faltaban muchas canciones, teníamos como seis (risas).

Entonces, con Gabriel nos quedamos toda la noche preparando la canción que fue el primer single (“Sembrando en el mar”). Fue super heavy, porque nos quedamos todo el día en el estudio con las maletas ahí, nos fueron a buscar para ir al aeropuerto, ir a Argentina, mezclar… y allá la terminamos entre todos.

Fue un disco un poquito al extremo de un experimento, que llevó a una tensión súper grande, por lo cual también en suma de eso y muchas otras cosas, llevó al hecho de que se fueran dos integrantes a hacer sus otras cosas (Gabriel Vigliensoni y Marcelo Muñoz), y nos quedamos yo y Francisco para seguir.

Amanece, 2000

Fue el primer disco que hicimos con Eduardo Caces. Yo trabajo con él hace más de 30 años, quizás es mi primer amigo, el más antiguo que tengo en la historia. Habiamos tenido dos bandas juntos antes de Lucybell, aprendimos a componer juntos, aprendimos a armar una banda juntos. Lo conocí cuando entré a la Facultad de Artes y tenía 16 o 17 años, en un “Festival del Mechón” (risas). La inclusión de él era sumamente lógica, iba a ser el primer bajista de Lucybell, pero en ese momento estaba estudiando en la Escuela Moderna, para ser profesor, hizo clases ahí.

Fue un disco súper experimental, aunque parece que no, pero en muchas formas hicimos cosas que queríamos hacer. Nos juntamos con algún tipo de ayuda externa (risas) a grabar cosas, una vez nos tomamos unos hongos y grabamos así varios temas electrónicos que derivaron en estas tres partes que están en el disco, que son como secretas. Fue una época de bastante experimentación y crecimiento, de grabar de noche, con un productor como Eduardo Bergallo, que trabajó con Soda Stereo, con el cual hicimos también una gran amistad, así que fue también una búsqueda de un sonido nuevo, de dar un paso hacia adelante con lo que pasaba en el grupo.

Comiendo Fuego, 2006

Fue con la inclusión de Cote, fue cuando ya Francisco quiso retirarse y dedicarse a sus cosas. En un momento fue bastante caótico sí, porque fue muy cercano a una gira, no fue anunciado con mucho tiempo, creo que eso fue lo peor y se entiende, no estaba bien y ya con el tiempo uno entiende las cosas, pero en ese momento sí fue un poco caótico. Estábamos Eduardo y yo en Estados Unidos, donde estábamos viviendo y allá Francisco nos llama y nos dice que no va a ir a Estados Unidos. Teníamos en 10 días una gira por México con muchos shows gigantes y todo. Y apareció Cote de la magia. Lo habíamos visto antes, conversamos de hacer algo juntos, yo estaba pensando en trabajar mi primer disco solo y lo iba a invitar a tocar conmigo… y fue el primer nombre que sonó en la cabeza.

En dos días apareció, llegó a Estados Unidos, con todas sus maletas y con 35 temas de la mano tocándolos. Un genio, él es un súper capo en todo ámbito. Fue un orgullo cuando entró y le dio un color nuevo a lo que estaba pasando. Creo que Comiendo Fuego representa un poquito eso, esa sensación de renacer y ‘vamos de nuevo’… y es la formación que hay hasta ahora, la más larga de Lucybell, con la que hemos hecho más discos.

Magnético, 2017

Es un disco que tomó su tiempo en hacerse: Cote estaba en lo de The Voice, yo estaba afuera. Tomó un tiempo en poder prepararse, y además, nos dimos el gusto de poder tener tres diferentes ingenieros que mezclaran diferentes canciones, lo que también le dio un plus diferente (Alain Johannes, Felipe Silva y Chris Cuevas). Fue muy interesante poder darle la vuelta porque era un disco muy ecléctico, quizás por eso también se parece al primero, que también lo es.
Hay varios caminos en donde de alguna forma la banda se mueve y creo que en ese disco fue como un resumen, de establecer todo lo que pasaba con la banda.

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