Desde que tomé conciencia de la obra de Santaolalla, he pensado que es, sin exageraciones ni intenciones de abusar de un término ya muy trillado en estos tiempos, uno de los artistas latinoamericanos más infravalorados que tenemos (vivo por lo demás). Su mano ha sido la responsable del éxito y proliferación de músicos de todos los tipos, tamaños y colores. Los Prisioneros, Café Tacvba, Julieta Venegas, Divididos, Juanes, Bersuit Vergarabat, por nombrar a los más conocidos, todos pasaron por su mano, ya sea sus etapas tempranas o en las más veteranas.
Por lo mismo, poder verlo en vivo, en medio de la solemnidad del Teatro Municipal, se sintió realmente como un regalo.
La previa estuvo a cargo de Ángel Maulén, cantautor chileno que tuvo la difícil tarea de abrir una noche que ya se sentía ceremonial antes de empezar. Con una voz sencilla, apenas sostenida por un piano firme, fue temperando el ambiente entre imágenes poéticas y aires de pop rock, repasando su repertorio hasta llegar a “Tabú”, su último sencillo, justo lo que se necesitaba para dejar la sala lista para lo que venía.

La sorpresa nacional
Fuimos varios los que nos sorprendimos con la aparición de Jorge González en el Municipal, aunque no hubo nada de improvisado en ello. Días antes del concierto se habían juntado a tomar té y café en el departamento en San Miguel de Jorge, recordando sus vivencias de años atrás, y Santaolalla lo mencionó con cariño durante una masterclass que dio en Corpartes.
Dicho eso, el gesto de ir al Municipal fue mayor, era hacer una excepción. Cuando el público lo reconoció entre las butacas, el aplauso fue espontáneo; “¡gracias Jorge por todo!” se escuchó desde uno de los palcos. González, fiel a su costumbre de estos años, no dijo nada, solo sonrió. Más tarde, ya con el show en marcha, Santaolalla le devolvió el gesto desde el escenario, dedicándole unas palabras que hablaban de la amistad y gratitud que tiene hacia Chile, antes de que González se retirara en la primera parte del recital sin dar demasiadas explicaciones.
Esa sensación de ceremonia que se venía cocinando, se mantuvo cuando Santaolalla por fin subió al escenario, acompañado del brazo de sus músicos, con una puesta en escena reducida a lo justo; Santaolalla rodeado de ronrocos, charangos, guitarras, violín, viola, cello y toda clase de percusiones y cuencos, como si el escenario fuera más un taller de instrumentos que una banda tradicional. En un momento comentó como parte de esa percusión metálica eran bandejas de hotel recicladas como gongs, además de tubos de PVC y cosas de cocina convertidas en instrumento. Algo que él denominó como “post-Chernobyl folk music”: la idea de que cualquier objeto, tiene su frecuencia correcta, que puede terminar sonando como uno más.



Santaolalla se paseó por distintos momentos de su carrera: pasó por el álbum Ronroco, el que en parte le abrió las puertas de la música andina al resto del mundo, y llegó hasta las bandas sonoras de las películas y series en las que ha participado, de Diarios de motocicleta a Brokeback Mountain y The Last of Us. Contó además contaba, con una felicidad casi infantil, como había logrado hacerse de un guitarrón chileno de 25 cuerdas durante su estadía en Santiago, casi como quien encuentra un juguete nuevo a los 75 años.
El argentino hizo un concierto que en otras manos podría haberse sentido frágil, pero que en las suyas se sintió firme de principio a fin; sin tropiezos, a pesar de la exigencia que incluye sostener casi dos horas de música, una que además está construida sobre matices mínimos y sutiles. Se dio el tiempo además de conversar entre canción y canción, de contar algunas historias, de presentar uno por uno a los músicos que lo acompañaban. Esa cercanía, sumada a lo prolijo que estaba armado cada momento del repertorio, fue la que marcó la pauta de la noche, que nos entregó un poco de calma durante un domingo, antes de comenzar una nueva semana de dimes y diretes, de cansancios y obligaciones.
Quien dice que la música instrumental, o que la música andina está muerta, está equivocado. Bueno, no lo he escuchado de nadie, pero así se siente a ratos. Entre los auges de tantos otros géneros, desde el indie, hasta el math-rock, el emo y el jazz, música como la de Santaolalla pareciera que pasa a segundo plano, a un segundo orden, pero no todo pasa por las redes.
El like de Instagram se queda corto frente a la voluntad humana, supongo. Quizás son palabras demasiado grandes para describir el asunto, pero vaya que da gusto ver un teatro como el Municipal, lleno de gente entregada a música tan especial.
Setlist:
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Way Up
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Gaucho
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Jardín
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Desandando el camino
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Coyita
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Del pago
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Sicalis
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Canto en la rama
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Cordón de plata / Ella
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Alma
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Iguazú / Endless Flight
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De Ushuaia a La Quiaca
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The Last of Us (Intro)
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The Last of Us (All Gone)
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The Last of Us (Theme)
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Zenda
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Lela
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La vuelta
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Brokeback Mountain