Junto a Dentadura, Cámara Chilena de la Destrucción y Candelabro. Te hablamos de lo que prometió ser la bienvenida mechona de la UdeC, pero la FEC entendió “hacer una de las mejores tocatas del año”.
Jóvenes en fila, armados con pilsen selladas. El cronómetro corría: eran las 17:25 y, mientras para algunos era una tarde cualquiera, otros comenzaban a desesperarse ante la adrenalina de llegar tarde y perder los primeros puestos frente al escenario.
Por motivos de seguridad y organización, y pese a tratarse de un espacio público, el acceso fue cerrado con las típicas y oxidadas barricadas grises. Una decisión que marcaría el desarrollo de la jornada.
Hasta que, a las 17:49, casi diez minutos antes de la apertura estipulada, las estructuras metálicas se extendieron para abrir, en un abrazo, las puertas del recinto y dar inicio a la estampida hacia el escenario.

Parte I: Pre-Despedida
Seis y media de la tarde y los primeros acordes de Gen comenzaron a sonar entre los “¡ay, ay!” del público. La música oscura de Dentadura acompañaba el cierre del atardecer, mientras la banda desplegaba una puesta en escena cargada de misterio.
En su repertorio recorrieron los clásicos de su más reciente LP, Hacer extraño, entregando una excelente primera impresión a quienes aún no conocían a la agrupación. La contraparte fue el inevitable sabor a despedida: el sábado 22 sería la última fiesta de los jóvenes antes de tomarse un descanso.
Así, previo a su pausa, Dentadura se consolida como una de las jóvenes promesas de la escena penquista.
Parte II: Cámara Chilena de la (Auto) Destrucción
Querido amigo: la voz y los gestos de Antonio hicieron que la puesta en escena de Cámara Chilena de la Destrucción fuera incluso más agonizante que sus propias letras.
El culto alrededor de la banda se manifestó entre desgarros de garganta y cuerpos que tiraban de las barricadas desde distintos puntos del recinto universitario. Los guardias e, incluso, miembros de la FEC debieron sostener las barreras mientras intentaban contener la avalancha y sacar a los camarógrafos de turno.
Más de algún guardia cayó.
Cuando la organización intentó calmar la situación con la típica propuesta de “a la cuenta de tres…”, la respuesta fueron los vitoreos de “¡chúpalo!”, acompañados de carcajadas. Nadie quería escapar. Al contrario: desde el Campanil, algunos se lanzaban hacia la marea humana, donde apenas alcanzaban a distinguirse sus zapatillas entre los cuerpos y los chanchitos Juanitos que volaban por encima del público.
Interludio: ¿Quién responde esta vez?
Las banderas con consignas políticas comenzaron a flamear. Y es que cantar también es político.
Hay que saber ponernos en contexto: no podemos tapar el sol con un dedo ni fingir que no existen las problemáticas detrás del comportamiento “rebelde” del estudiantado de la UdeC.
Por ello, la FEC tomó el escenario para entregar unas palabras respecto al descontento generado por las situaciones de salud mental, los despidos de docentes en la Facultad de Educación y el ingreso injustificado de Carabineros a la universidad, entre otras situaciones.
Parte III: Candelabrear
El show más esperado dio inicio bajo las luces azules del Campanil. Candelabro se presentó con la misma energía que había dejado instalada la FEC: al fondo del escenario, la bandera de “El delito no es protestar. Es torturar” se convirtió en parte de la escenografía.
La ausencia de visuales no fue impedimento para que la banda hiciera presente sus ideales. La música, las letras y una puesta en escena cargada de energía fueron suficientes para mantener al público completamente entregado.
Y esta vez, la euforia no se quedó únicamente frente al escenario. La multitud saltaba, gritaba y coreaba cada canción, formando una masa compacta que avanzaba y retrocedía al ritmo de la banda. Entre celulares levantados, brazos en alto y voces que se mezclaban unas con otras, el Campanil parecía convertirse en una sola garganta. Cada pausa era recibida con gritos; cada canción, con un nuevo salto colectivo. No había demasiado espacio para quedarse quieto.
Pero Candelabro también tenía sorpresas preparadas. Ahora, la banda está conformada oficialmente por ocho integrantes, tras la incorporación de su tecladista.
Como regalo a la ciudad, presentaron en exclusiva dos nuevas canciones, construidas a partir de sonidos emblemáticos de la música nacional y letras cargadas de crítica social, dignas de la ocasión.
Y aunque esta vez no sonaron sus clásicos covers de Los Prisioneros, sí regalaron su propia versión de “Mira Niñita”, de Los Jaivas, además de “El Mercado de Testaccio”.
Finalmente, la jornada cerró en grande con clásicos de su trayectoria y de la música chilena, coronados por “Dedo Chico”.