Reseña escrita por Ignacio Fernández. Fotografías por Martín Pérez Alfonso.
El disco de Candelabro sale el 3 de octubre. Nada más que decir, hasta entonces.
Entendiendo que hay que hablar más que tan solo esa gran premisa, cabe recalcar que dicho anuncio lo dio el propio Matías Ávila, hacia un público atento y joven de Matucana 100. Deseo, Carne y Voluntad es el nombre del segundo y esperado LP del aclamado septeto, que mezcla un montón de elementos en una sensación familiar y cálida —esa que ya conocemos de sobra— pero que ahora da un giro más ambicioso.
En este nuevo trabajo, presentado a lo largo del país con miras a su lanzamiento oficial, la banda se separa un poco de su fórmula más melódica y efectiva, para experimentar con secciones prolongadas y movimientos distintos dentro de una misma canción. Alguna vez descrito por ellos mismos como “una pelá de cable”, este disco intriga mucho. Y no solo por el resultado, sino también por quienes lo construyeron.
Es difícil no querer a Candelabro. Hablando con Matías afuera del show, o con el resto de los chicos, es imposible no desear que les vaya bien. Que su pasión sea reconocida, que su trabajo se transforme en lo que sueñan. Hay que estar muy empedernido —o cegado por prejuicios que nada tienen que ver con la banda— para no verlo.

En Matucana 100 se respiró ese arraigo hacia un proyecto que construye identidades. Más allá de los logros que se vuelven repetitivos de enlistar, lo que queda claro es la conexión con el público joven: esos que al final piden fotos, se llevan posters, y guardan en los ojos un brillo especial al verlos en vivo.
Recolectando fragmentos del nuevo material a través de sus presentaciones en vivo, ya hay recopilaciones completas del álbum en YouTube. Un trabajo investigativo que, como periodista, me deja con cierta vergüenza, pero que, en lo realmente importante, confirma lo evidente: estos jóvenes están creando su propia identidad y dedicando lo mejor de ella a un proyecto honesto y potente.
Ese manto de unión también alcanzó al telonero de la jornada, Antonel, con canciones suaves y tiernas que se quedaron en lo precioso. La sorpresa vino después, al descubrir lo joven que era. No solo me golpeó con el recuerdo de cuando yo mismo intenté —fallidamente— aprender guitarra, sino también con cómo a tan corta edad es capaz de confeccionar canciones tan maduras, emocionales y frágiles. Todo, como decía mi abuelo, “a pura guitarra de palo”.
Tras ponerse al día afuera del Espacio Patricio Bunster de M100, las luces se posaron sobre los siete músicos. Con “Las Copas”, primera tonada del nuevo álbum, y los saltos cortos de Ávila marcando el ritmo, Candelabro inició su última tocata antes del lanzamiento de Deseo, Carne y Voluntad.
Y sí, un poco para marcarlo desde ya y moverse al nuevo y novedoso material. En “Dedo Chico” todos saltamos y nos volvimos locos. Gritamos por Bonvallet y juntos compartimos esa emoción de decir que odiamos los lunes. “Ahora o Nunca” es un manantial de emocionalidad colectiva. “Piano a Piano”, por ejemplo, me hizo llorar por primera vez en un show de ellos, después de haberla escuchado un millón de veces probablemente. Lo que quiero decir es que, si separamos a los temas de su debut, con los del material que se viene, los de la primera camada, ayer en Matucana y durante los años que lo preceden, seguirán siendo un tesoro lindo de llamar nuestro.
Pero lo que realmente brilló fueron los temas de dicha segunda camada: hipnóticos, crudos, suaves a ratos. Se mueven con naturalidad entre lo intenso, lo lírico y lo musicalmente bello. Entre la batería, el saxo y voces que susurran o gritan cuando hace falta, se revela la magnitud del proyecto que viene.
“Cáliz” o “Tumba” se alzan y descienden entre matices cálidos e intensos, mientras que “Tres Flores” —con las voces de María y Javiera— logra una suavidad transformada en una proyección técnica poco común.

Todas estas palabras intentan justificar lo especial que se siente este viaje sonoro. Uno que ya tiene fecha marcada. Como lo anunció Matías Ávila, seguido de los gritos de todos: el 3 de octubre es el día en que Candelabro lanzará su nuevo disco.
El misterio ya no existe. Sabemos cuándo preparar los oídos para recibir lo que, si sus tocatas son un indicio, será uno de los proyectos más ambiciosos que esta camada de nuevas bandas ha entregado. Es difícil generar emociones con un material que aún no sale. Es ese sentido del boca a boca, el cual encuentra la dicha de resurgir en la era de lo digital.
Sin ir más lejos, la persona que sacó las preciosas fotos que están viendo junto a estas humildes palabras, me confesó que al escuchar “Cáliz” por primera vez –justificándose en que lo había pillado volando bajo–, se le salió una lágrima. Dudo que sea el único, y probablemente me le una muy pronto.









