Crítica: “The Nine” – Bomba de realidad [#FICV2016]

The Nine (Katy Grannan, 2016), muy superficialmente, retrata el diario vivir de la población marginal que habita una pequeña calle al sur de Modesto, California. Digo «muy superficialmente» porque, de acuerdo al Diccionario de Lengua Española de la RAE, «marginal» es un adjetivo “dicho de una persona o de un grupo: Que vive o actúa, de modo voluntario o forzoso, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas“. Si me quedo con esa palabra tan genérica, terminaría limitando al filme y a sus protagonistas; sus ambiciones, deseos, y fracasos.

Películas hechas por directores de la talla de Harmony Korine o Larry Clark, o incluso populares series como “Shameless”, han tratado de plasmar lo que es la marginalidad en algunos sectores de Estados Unidos, pero hace mucho que no se evidenciaba un relato tan puro e íntimo sobre un grupo de personas que, constantemente, se aferran a la posibilidad de empezar de nuevo, que evita caer en el sensacionalismo y la búsqueda de la lágrima fácil en el espectador. Este documental es poderoso, y, por muy cliché que suene, demuestra que la realidad siempre terminará superando a la ficción.

El largometraje se compone de múltiples viñetas de vidas en la que la prostitución y la drogas no son un pasatiempo o una alternativa; es lo que rige. Si no estás metido en eso, simplemente no estás en nada. No eres nada. Aquel turbio mundo es el único mundo que tienen, pero es su mundo y no pueden escapar de él. En un momento, uno de los pintorescos personajes de la película proclama que “siempre escucho gente decir que aquí, en la calle, somos libres. Yo creo que la calle es una prisión“. Esa línea resume perfectamente lo que es el filme: un poema visual; honesto, crudo, y que se quedará por un buen tiempo en tu mente.thenine_2A pesar de evidenciar temas como la pobreza, la prostitución, o la drogadicción, el filme es acerca un grupo de personas que, simplemente, quiere ser escuchado. Si bien la narrativa no está centrada completamente en ella, quien destaca entre escena y escena es Kiki, una amable y chispeante mujer que suele fantasear respecto a un mejor futuro, y no puede escapar de los demonios de su pasado debido al recuerdo de quienes la rodean. Y no es que ella se encuentre acompañada; Kiki es parte de una comunidad, pero en verdad es una mujer sola en un mundo que no es para ella, pero es el único que tiene. En una de las escenas más conmovedoras del documental, la mujer confiesa que su vida es un constante ciclo de dolor y decepciones, y que el interés que tiene la cineasta en plasmar su vida en una película es lo único que la mantiene adelante. Es lo único real que puede elegir tener, y lo abraza para no dejarlo ir nunca más.

A medida que el largometraje progresa, observamos que la línea que divide al autor del sujeto es cada vez más vulnerada. Los habitantes del pueblo ven a la cineasta como su única amiga en qué confiar. Este cuidado documental es la ópera prima de Katy Grannan, quien pasa a ser un personaje más de su historia. Ella es la calle, y los habitantes están a su merced. Sin embargo, ella trata de obrar como un puente para mostrar a personajes que podrían ser tildados por muchos como «los otros» o «aquellos a los que no hay que acercarse». Acá, Grannan, más que acercarse, se adentra en la vida de los habitantes de aquella pequeña calle al sur de Modesto. Y se nota.

Faltan palabras para hacerle justicia a “The Nine”. Solo resta decir: véanla. Esta película tiene pocos diálogos, pero te muestra mucho. Muestra una realidad que, si bien estamos acostumbrados a ver en múltiples formatos audiovisuales, rara vez se había mostrado de manera tan honesta y cruda. Imágenes mundanas como un reporte noticioso o un globo de helio adquieren un peso sumamente emocional debido al viaje de casi dos horas que hemos recorrido junto a la cineasta. Vivimos en una época en el que el cine cada vez trata de innovar con sus historias, pero no hay nada más impactante que la realidad. Sobre todo, si es una realidad que constantemente tratamos de ignorar, rechazar, y borrar por completo de nuestra mente. Una vez que vean este filme, ya no habrá vuelta atrás. Se darán cuenta que el Sueño Americano está muerto, pero la voz de quienes aún piensan alcanzarlo quedará retumbando en la memoria de nosotros, los espectadores.

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