Cualmarcelo explica, canción a canción, las hojas de su disco debut “Calendarios”

Lanzar música tras separarse de la banda en la que eras el fundador, el letrista y el compositor de sus canciones puede resultar abrumador. La experiencia nunca ha sido fácil para nadie: McCartney, por ejemplo, se fue a una granja lejos, coqueteó con el alcoholismo y se lo cuestionó todo cuando The Beatles acabó.

Acá Marcelo Aguayo, o Cualmarcelo desde ahora, miró hacia su propia infancia e historias que nacieron desde ahí, para transformar el trauma en una reconstrucción que es musical pero también personal. En aquel viaje hacia el interior, tan solitario como lo puede haber sido escaparse a una granja, se adentra en un viaje sonoro cálido y folk que va transmutando a lugares más oscuros traducidos en ambient y noise.

Como tostado al calor de una leña húmeda temuquense, con “Calendarios” ofrece la crudeza desgarradora de una infancia que acabó de golpe para transformarse en memoria que se recuerda para no transformarse en frágil.

A dos años de la disolución de Cuáles i quiénes, el proyecto que lo puso en el mapa, vuelve con un álbum que busca, según explica en esta entrevista, que aquellos sentimientos desgarradores puedan ser también colectivos. Las canciones acá están para sanarse, sí, pero también para sanar a otros.

La portada, hecha por el artista Iván Olivares Laferte, es un óleo y tinta sobre tela que recrea una antigua foto del cantante con un amigo cerrando su primera infancia. “Cómo convertir un sentimiento en electricidad”, se titula la obra.

Técnicamente, el disco fue producido y grabado por el propio cantante en una sociedad con Antonio Caballero (Centella) con masterización a cargo de Emanuel Irarrázabal, que además tocó distintos instrumentos.

La participación de distintos miembros de Asia Menor –Jorge Scheuermann aparece como una especie de narrador en dos tracks– y la aparición de una reversión a estos con “La Naturaleza”, que viene a fortalecer la solidez de la composición original, no es azarosa: ambos tienen como origen común Temuco, una identidad que marca una serie de conexiones en común.

Lanzado el 10 de abril pasado, el disco tendrá dos conciertos de lanzamientos: el 19 de junio en la capital de la Araucanía en Espacio Cultural Galo Sepúlveda (Entradas acá) y el jueves 30 de julio en Santiago, con una imperdible fecha junto a Inundaremos en el Espacio Patricio Bunster de Matucana 100. Ya puedes conseguir un ticket en modo preventa.

Te invitamos a ponerle play y a seguir, canción por canción, esta conversación sobre “Calendarios”.

Primero de enero (Intro)

Esta canción, que en realidad no es tan canción si no relato, tiene varias imágenes que nacieron de cosas que yo considero bien escondidas en mi memoria, en mi inconsciente y un poco en el imaginario que abrazo cuando hago este disco; es doloroso, sí, pero igual es evocativo de algo lindo.

Hay una nostalgia que igual me da un poco de calma. Yo creo que eso se da porque el disco busca ser muy íntimo y hablo de recuerdos que tengo, hablo de una mujer anciana que canta, hablo de mis sueños en general, tanto en el primer tema como en el último se da ese hilo como al inconsciente. Esa mujer es mi abuela, hablo de un padre que se fue, hay como una familia rota al final. Este tema viene a presentar un poco ese dolor que yo ahora estoy tratando de apostar a que es colectivo. Espero que las personas que lo escuchen puedan ver, al menos, alguna imagen que les sea familiar.

Yo no tenía la idea de abrir el disco con un relato, fue una apuesta que de a poco el Toño me empezó a aceptar. Es poesía, sí, pero la poesía y la música yo creo que de repente van por carriles muy distintos, acá trato un poco de aunar eso, de presentarlo desde ahí.

Canción de despedida

Esta es una balada pop bien nostálgica y transversal en estilo. En sí, yo creo que es la idea de una pérdida, pero una que te deja mucho, mucha enseñanza. Es una muerte pero con un duelo bien cerrado. Yo creo que es como de todos esos amores que se pierden o que dejan de existir por cansancio o frustración. No hay que mantenerlo para siempre, tiene que venir el amor de nuevo. La idea es que la repetición no nos aburra, porque encontraremos calma ahí. Realmente es una de mis favoritas. Hablo de la muerte también, porque pienso en mi abuela, también en amores que ya no están, y esas personas de alguna otra manera igual murieron pero que me enseñaron mucho: uno no deja de recordar tampoco su historia. Es hacerle honor a eso.

El sonido Toño lo logró con un trabajo de relojería en los detalles. Hay hartas percusiones menores, palmas, muchos detallitos muy sutiles. Eso ayuda a armar un espectro que es bien de repetición, de pasar por tres partes, un silencio y una resignificación en el cierre. Es un duelo bien hecho igual.

Palabra muda

Acá ya aparecen más invitados. Está Alfilera haciendo partes súper claras en cuanto a intención y fuerza instrumental, está Nico Molina en el contrabajo y la voz de Jorge Scheuermann (Asia Menor) que yo igual pensé para mis textos. Es una canción un poco críptica porque habla de los sentidos, pero en realidad se llama así porque quise aludir un poco al gesto como no explícito digamos. Ahí tenemos la mirada y el tacto, aunque ese más infantil, en el sentido de evocar a la infancia. Creo que quien nos habla primero o quién nos toca, siempre se nos quedará en la memoria. Es una primera impresión de la vida. Quienes nos rodean siempre nos determinan en ese sentido.

La canción va por ahí. Habla de eso y el final con las cuerdas de Alfilera viene a romper un poco con la armonía que logra la flauta traversa. El poema que lee Jorge igual es lo que quiere decir: que el cuerpo se muere, que la memoria queda en las cosas que dejamos, impregnada en la música que hacemos, en lo que escribimos. En esta canción queda viva un poco esa memoria del amor que he sentido y también de mis dolores, al final es muy de recogimiento por lo mismo. Yo le doy más al espíritu de las cosas que a su forma. Igual creo que todo va un poco sobre eso.

La naturaleza

Esta canción siempre había sido de mis favoritas del repertorio nacional. Soy bien fan de Asia Menor en general desde el principio, cuando los conocí y los vi por primera vez en 2018. Para mí fue un tremendo, tremendo buque de emoción y un shock también de cómo se hacían las cosas. La letra para mí yo creo que es lo definitivo, no solo el sonido. La letra me llegó muy profundamente. Yo creo que está más decir por qué, creo que un tremendo poema, está muy bien hecho. La tocaba para mí, me gustaba cantarla. Entonces me fue muy fácil aprenderme la letra, a pesar de que también tiene una extensión y que es medio trabalenguas.

Viene a partir un poco en dos el disco. Aquí empieza a aparecer otra parte que es un poco más desatada, menos ordenada, menos folclórica, quizás aparecen más elementos electrónicos. El contrabajo lo tocó el Nico Molina también, pero igual está como esta base más desordenada. La forma de tocar la guitarra, la dejé un poco más libre, como no traté de hacer nada punk, pero sí, de que saliera como saliera. Igual en general el disco sigue harto esa lógica, como de que la cuestión tenga que ser orgánica.

La voz que aparece de repente es Sofía, mi pareja, que también es de Temuco. Igual creo que tiene que ver con la identidad de ser de allá. Decidí que no solamente la iba a grabar porque me gustaba mucho la canción, sino que también porque hay algo que nos une con los cabros. Es un vínculo. Por eso igual invité a Jorge a poner su voz en otras partes del disco, Diego Seguel -también de Asia Menor- en guitarra en otros. Creía que le podía dar a la canción otro matiz y presentarla a otras orejas, no solamente a la gente que le gusta más el shoegaze y el punk.

Por lo menos a mí me han dicho que están conformes, que les gusta, que está bien tratada. Es más o menos la que va a llamar más la atención del público, sobre todo al que los sigue a ellos. Yo espero sus comentarios, obviamente súper dispuesto a aceptar la críticas y atreverse a mover un poquito el agua. Asia Menor va por algo más grande que es su segundo disco y creo que está bueno para poder cerrar igual esa etapa para ellos.

Interjección

Si en “La naturaleza” se abrió el flanco más electrónico del disco, esta se va de lleno, al extremo. Al principio era un loop bien instrumental y luego apareció la idea de hacer ese pequeño spoken word que dice un par de cosas nomás, lo dice en cosas separadas pero es la misma voz del resto del disco. Aquí me voy al extremo porque mi idea es obviamente impactar un poco, algo que viene por otro lado y de repente te deja como colgado. Estaba escuchando harto a la Charlie XCX en ese momento y, a pesar que es de intruso porque no es mi escuela, pienso que en esta cuestión uno puede tener múltiples personalidades y aprovechar la libertad de eso.

La base de batería la hizo Emanuel Irarrázabal, las guitarras son de Diego Seguel que las grabó en Temuco cuando viajé con Toño para allá. El título de interjección igual me gusta que se note porque igual no se entiende que cresta es, pero en realidad tiene una importancia bien capital, que es que es una palabra invariable porque no tiene como cuestiones de género en nada. Esas palabras apelan al oyente y transmiten emociones fuertes. Entonces, bueno, en este caso, yo creo que el disco funciona como una interjección en ese sentido, como una exclamación. La voz de Jorge y todo está distorsionado, lo que da la sensación de estar un poco borracho entre medio,de perder un poco el sentido de las cosas y también la identidad. Yo busco un poco eso.

Artefactos

Después de la interjección que era bien oscura y todo eso, aquí ya deja de ser un poco críptico todo. Este tema es como un reconocimiento de que para mí las canciones, al menos de estas y en general en mi vida, han sido medios para poder hablar de las cosas que amo, que recuerdo. Entonces, bueno, el artefacto igual es un poco una cita a Nicanor Parra, pero aquí trato las canciones como objetos y hago un poco de juicio a que dice la canción: “Quiero aprender más canciones que me hablen de ti”. Repito eso en loop porque, al final, que yo hable de las personas que amo o de mis experiencias más fuertes es porque lo necesito, la música no tiene sentido para mí sin que sea ese objeto. La música en sí misma no tiene mucho sentido para mí. Si soy bien sincero como cantautor, mis canciones son medios para llegar a recuerdos, a personas.

Esta canción viene a destrabar un poco eso, a decir que son un utensilio y que me están sirviendo a mí. Aunque puedan ser puente para otras personas, la verdad es que lo hago por mí y por eso me doy la libertad de pasar por todo eso que pasé, eso es lo que estoy presentando.

Sofía

Esta es la primavera, el renacer. Es la primera canción que grabamos con el Toño (Centella), yo le presenté maquetas y todo pero le dije ‘Mira, tengo todo esto, pero también tengo una canción que hice recién y que me gustaría mostrarla’. Él me ayudó a estructurar un poco la cosa, me dio algunos consejos y quedó así. Es la canción más de productor por decirlo de alguna manera, está compuesta para ser una canción pop.

Es una canción de amor decididamente y de esperanza por lo mismo, porque no es algo dolido, no es sufrido, es de esperanza. Es un amor de reconciliación con uno mismo igual, algo un poquito más ansioso. Paso de estar un poco desde la turbulencia del sentir a algo más calmado, a florecer en una temporada más estival.

Tiene el nombre de mi pareja directamente, nace de su nombre. No podía hacerme el loco y ponerle otra cosa. Obviamente fue un regalo para ella y porque también está la voz de Sofi en el tema. Ella escribe, no es cantante, pero tiene ese lado en donde canta y toca guitarra igual. De hecho eso es algo que siempre nos ha unido mucho y por eso también la invité, pero era la primera vez que ella grababa y fue súper lindo hacerla parte de esto.

Nuestro amor todavía está ahí y somos muy felices, vivimos juntos y estamos contentos. Es un reconocimiento del amor. Eso es Sofía.

Mishima (memoria)

Se llama así porque parte con un nombre de un libro de Yukio Mishima –novelista japonés, fallecido en 1970–, que se llama “El rumor del oleaje” (1954). Me pasa algo con él que me pasa con pocos autores, quizás también con Pasolini y Lemebel, que son como autores malditos de nuestra época, de nuestro tiempo. Ellos son transparentes con sus dolores, casi a un punto descarnado. Yo aquí trato un poco de rozar eso desde la música y desde la poesía.

Me decanté por el nombre un poco para hacer honor a su controversia y a su figura que está cruzada por contradicciones, además que me gusta mucho como escritor. Particularmente “El rumor del oleaje” es un libro que a mí me tocó muy profundamente. Estaba yendo a una terapia, me dijeron ‘lee esto’ y encontré una paz tremenda porque habla un poco de un tiempo que si bien es moderno, es prístino, con una inocencia real y donde estamos lejos de los dolores, de la maldad al final.

Como este disco tiene muchas referencias a la infancia, quise nombrar el tema como Mishima y se termina llamando también “memoria”. Está relacionado con la portada, con las contradicciones del disco mismo al tener un lado más cerrado y otro más abierto. Ahí es donde me reconozco, yo tal como soy al final.

Una de las cosas que aprendí haciendo este disco es que soy varias contradicciones, que tengo varias partes de mí que chocan entre sí y lo que estoy tratando de hacer es que conversen.

El poema que lo acompaña también lo escribí yo. Tiene una parte que referencia a un dúo folclórico llamado Quelentaro, unos viejos muy inspiradores que yo escuchaba con mi abuela y que le llegaban mucho. Es un arbolito que está desordenado pero que soy yo y que tiene muchos recuerdos cruzados. Finalmente digo “canto y sueño”, que es lo que estoy tratando de sostener con este disco con el cual no me paso ninguna película. Estoy dejando esto aquí como un testimonio. Ya no quiero ser ningún rockstar ni nada como lo quise a los veinte con la banda, sino quiero representar mis memorias y defenderlas, ojalá también en un escenario. Es un desahogo y que ojalá pueda ayudar a personas a que puedan sentir cosas intensas. Esa es mi intención: dejar una semilla para que la gente pueda hacerse preguntas y darse sus propias respuestas.

Todas las fotos por: Nicolás Molina (@nicomolina.ro)

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