Él es tan real: la violenta superdiversión de Dillom en La Cúpula

Fotos por Gerardo Aliaga (@geraliagar)

¿Saldo de Halloween o el after del after? Sea cual sea la respuesta, el Teatro La Cúpula definitivamente fue uno de los tantos epicentros musicales activos en el Día de los Muertos, donde Dillom se presentó por cuarta vez en el país. Se invitó al público a asistir con disfraces, y un “no se diga más” fue la respuesta.

El contexto de la visita fue “La Gira Violenta”. Dato: en la numerología, el número 4 simboliza los cimientos sólidos y el trabajo duro. Verdad o no, el argentino —coincidentemente— ya no necesita de Lollapaloozas para venir las veces que quiera. La intensidad compensó los espacios vacíos del recinto del Parque O’Higgins y la actitud rebelde contagiada a la juventud se manifestó constantemente a través de coreos de “chúpalo Kast”.

Sonó el clásico opening de la serie de Batman de 1966 cuando subieron al escenario los héroes de la juerga: el argentino apareció disfrazado de Austin Powers y la banda, conformada por Batman, Robin, El Zorro y Escorpio, le siguió. Atacaron de entrada con un triplete encendido del nuevo álbum, haciendo rendir al domo ante su dinámica.

Dillom, extravagante, usó el pandero como una agresiva arma musical. Magnético con su público, confesó que necesitaba Ibuprofeno porque “también tengo vida” y la noche anterior había ido a un matrimonio, en el que se dañó la mano. Una tallita para distender.

Mood establecido y arrancó la dinámica. Una seguidilla de hitazos convirtió al domo en un karaoke frenético de 25 canciones que repasaron cada una de las etapas del artista. Fue una especie de transe violento en un tiempo congelado, donde Dillom se dio el gusto de hacer guiños melómanos: desde la intro homónima de Black Sabbath hasta el ensamblaje de “Voodoo Child” de Jimi Hendrix como preludio de “Buenos Tiempos”. Pero “el capricho” de la noche fue la reinterpretación del tema “Pet Sematary” de Ramones, canción completamente coherente con el concepto tétrico de la jornada.

Una probadita de todo en la que, como una guinda de la torta para los “reales desde el inicio”, se ofrendó la interpretación de “220”. Y como si fuera poco para el dinamismo, KUINA subió al escenario para brindar el momento soft con la recién lanzada “bailar kon la más fea”.

En un escenario libre de lujos más allá de los disfraces y la proyección de su nombre con ráfagas de luces no aptas para epilépticos, Dillom dio una prueba de que a veces la mejor puesta en escena es la actitud. Genuino y orgánico dentro de su propio desorden y cuidado desinterés, le dio a su público lo que quería: interacciones en su propio idioma. Dedos del medio iban y volvían, agua escupida, conversaciones cual cigarro fuera de una fiesta, pausas para sincerar la resaca y salidas de libreto.

Al final, hubo suficiente evidencia de que su vínculo con los chilenos no depende de extravagancias materiales más que su propia identidad. La pura presencia basta para hacer de un domingo en la noche un carrete y está más que claro que nuestro vecino podría venir más seguido a visitarnos.

Dillom en Teatro La Cúpula– 1 de noviembre

  1. La nueva violencia
  2. Vedette
  3. Papá se volvió loco
  4. Mick Jagger
  5. Piso 13
  6. Gente común
  7. Souvenir
  8. Superdiversión
  9. Ola de suicidios
  10. Coyote
  11. Muñecas/Post Mortem
  12. Ciudad de la paz
  13. Palermo Hollywood
  14. Pet Sematary (cover de Ramones)
  15. Cocodrilo
  16. Minas
  17. Fashion
  18. Nadie coge gratis
  19. Bailar kon la más fea (con KUINA)
  20. Maniquí
  21. Cirugía
  22. 220
  23. Amigos
  24. Rojo profundo
  25. Buenos tiempos
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