Por Steven Ojeda
Generalmente uno lo encuentra normal, pero en la música siempre estará la magia. Rosario Alfonso recuerda la bondad del pequeño imaginario que logran los artistas en sus canciones al crear un mundo, creado a solo base de curiosidad.
Presentando su último disco “Cómo enamorarse con el corazón partío”, casi en su totalidad y obvio, pasando por sus anteriores dos discos, el Espacio Cultural Galo Sepúlveda de Temuco estaba dispuesto a sufrir.
Como invitada temuquense, estuvo Josefina Lillo abriendo el show, que, ambientada por el entorno tiernito, regaló sus canciones al público para acompañar el aire meloso. Siempre entregando contexto de sus canciones antes de cantarlas, canciones como “Lo que pasa es que te quiero” dan cuenta de que, en Temuco, las canciones también son suavecitas y acarameladas.

Con un corazón entregado y colgado, Rosario entró al escenario junto a su banda, que en esta ocasión constaba de Felipe Ibar en batería, Lucas Achondo en el bajo, Vicente Godoy en guitarra y Tomas Cordero en teclados. “Espero lo disfruten mucho, aplauso para ustedes”, iniciaba Rosario, para empezar con “Si bien fue poco” y “Tus ojos claros”.
A pesar del sufrimiento que caracteriza las canciones de Rosario, en el teatro se complementaba en mayoría de parejas. Cantar el desamor y el despecho se permite solo si son canciones de ella. Claro que no en su totalidad, ya que también en su setlist agrega al público “Besos de frutillita”
A pesar de que el show se mantenía en un juego sensual y travieso, muy rosadito por lo demás, la diversión estaba en el reflexionar, en la curiosidad: ¿Por qué una canción de dos minutos me hizo hundir tanto en mi corazón? ¿Qué tenía tan guardado que no lo podía sacar hasta este momento que estoy cantando en mi asiento? ¿Por qué lloro si debo estar bailando? Y la banda sabía que el público pasaría por eso. Lo sabía. Las sonrisas de la banda se esbozaban cuando veían a las parejas cantarse de frente “A la primera”, o al cantar un poco más fuerte ese estribillo donde todos en la sala se daban cuenta, o cuando el “Hilo invisible” se hacía notar y entraban los besos con lágrimas. La melosidad se vivía de distintas formas.

Por parte de Rosario, comentando de su imaginario de vez en cuando, el recuerdo de sus amigos siempre se queda. Permitiendo al público que canten la parte de Diego Lorenzini en “Es broma, en serio”, o mencionando a Niña Tormenta en “La Vida Pasa”, por nuestra parte como oyentes hay que recordar que, en Chile, el trabajo colaborativo entre artistas que con el tiempo se volvieron amigos o viceversa, son los que persisten en las canciones y en cualquier arte.
“Conocen la canción ¿Qué más quieres de mí?, entonces a sufrir”, sentenciaba Rosario. El manual de instrucciones para los corazones partidos cambiaba a las canciones tristes para que el dolor no entre con sutileza. “Canten más y canten más fuerte”, alentaba, solo para mirar con los ojos de una niña que soñaba con este imaginario de canciones de una realidad a su pinta: donde las canciones resuenen en los corazones ajenos del público, en la que ellos solo buscaban un cariñito que se encontraba en las canciones del corazón de Rosario Alfonso.
Rosario Alfonso en Centro Cultural Galo Sepúlveda de Temuco:
- Si bien fue poco
- Tus ojos claros
- A la primera
- Besos de frutillita
- Me sentí tan sola
- Un libro
- Canción para acunar
- Hilo invisible
- Puedo imaginar
- Es broma, en serio
- Color de rosa
- La vida pasa
- Qué más quieres de mí
- De haber sabido
- Lo dejaste ir
- Hazme sentir bien
- Todo lo que no
- Sácate las ganas cumbia mix