El REC del Recuerdo: un repaso al festival en Concepción

Los Jaivas en REC, por Catalina Castillo

Tras el cumpleaños número 10 del Festival REC, Concepción, y por qué no, gran parte de la región, quedó con una pregunta suspendida: ¿Qué pasa ahora?

Como en aquellas cenas familiares incómodas, la mesa quedó en silencio. La duda de si se volvería a realizar otro REC se propagó entre todos.

A posteriori, la tragedia y el terror inundó a la octava región, y obviamente, las prioridades eran otras. Sin embargo, entre tanto dolor, era necesaria la alegría.

“The Show Must Go On”

Desde el anuncio del line up, un sentimiento, que no puedo describir,  simplemente se coló. No se sabía si era porque eran artistas que ya habían asistido a la ciudad antes, porque no los conocían, o probablemente ese “Segundo Anglo” era extraño. De igual forma, aquellas tías criticonas dejaron las orejas rojas, y los comentarios dejaron ver un veredicto apresurado: el festival ha muerto.

Pero, ¿realmente fue así?

Artistas de toda índole llegaron a empujar un poco más de lo esperado. Hubo colaboraciones que no estaban en el papel; como la llegada de Pailita, el nuevo amigo que está en las buenas y malas, regresos inesperados; como el de Quique Neira a Gondwana, y un público que, entre toda adversidad, eligió llegar.

La audiencia del festival es, en esencia, su corazón. La gente transmite una energía de libertad, que en ocasiones, llegan a salir de si mismos. Aquí se demuestra la solidaridad cuando alguien se pierde (o algún objeto), cuando ven a una embarazada dar a luz, la diversidad al ver hasta adultos mayores participando en el mosh, y el mutuo consuelo cuando suena esa canción que te acompaño cuando creías estar solo, hasta que te das cuenta que esa canción también acompañó a alguien más. Esa energía se vive en REC.

“Siempre se pasa bien cuando uno vuelve a casa”

Este regreso tuvo algo más. Fue el REC de la nostalgia. Desde los Jaivas, hasta Kudai y Acuario (ex Camila Silva), nos obligaron a mirar de dónde venimos para pisar con más fuerza el paso hacia adelante.

Jet y Travis aportaron la cuota anglo de esta edición, pero lo suyo no fue solo un gesto internacional: fue una comunión con un público que ya venía encendido desde temprano, y que los esperaba desde hace mucho antes. Fanáticos pacientes y apasionados llegaron a las dos de la tarde para ganarse la primera fila junto a sus banderas chilenas en alto. Mientras esperaban, se sabían de memoria los repertorios ajenos, participaban en el mosh de Tronic, aplaudían a la Facultad del Funk y bailaban con De Saloon. La espera era una parte más del espectáculo.

Los dueños de casa no se quedaron atrás, enorgulleciendo el lema “Concepción, ciudad de la música”. La “School of Rock” de Concepción desbordó la carpa del escenario Pueblito. Una performance hipnotizante que hasta Juanita Parra quedó boquiabierta, y con una gran ilusión por las nuevas generaciones en la escena musical chilena.

En el Teatro Biobío, Nico Ruiz reafirmó que su título de “Frank Sinatra chileno” no iba en vano. El Teatro se colmó de familias coreando sus canciones. Desplegó una presentación artística, digna de Broadway; donde las luces, la orquesta, y la coreografía se entrelazaron con precisión para construir algo que fue una obra.

Si bien, la presencia femenina en el line-up no fue abundante, sí fue contundente. Ellas se robaron todas las miradas gracias a sus trayectorias y talento. Un ejemplo claro son las madres del pop chileno, Supernova, quienes llenaron de color al Sono Stage, mientras resignificaban himnos y haciendo saltar a un Parque Bicentenario, que las recibió con la misma euforia que ellas entregaban. Por su parte, Niebla Niebla, transformó su presentación en un hechizo colectivo, encerrando a la audiencia en una burbuja de ensueño donde el tiempo, y la voz de Trinidad, parecía diluirse entre la calma del sonido shoegaze.

Este año el festival fue un show visual y las postales fueron imborrables; imagina estar girando en la rueda de la fortuna observando el atardecer junto al río, con los cerros y árboles de escenografía natural, mientras suena “Departamento” de Bándalos Chinos, o imagina a Travis tocando bajo las típicas luces citadinas led, en contraste con sus visuales marinas.

En el Biobío hay cosas inexplicables, pero que se repiten: recordar el motivo por el que nos vestimos en capas, o por el que la gente de Conce siempre dice que es de Conce, y por qué hemos sobrevivido a tanto.

El REC siempre ha sido mucho más que un festival, y no puede morir. Te podrá dar dudas, pero resiste.

Ahora el REC no es sólo penquista, el REC es del Biobío.

Quizás la pregunta nunca fue “¿Qué pasa ahora?”, sino la impaciencia del “¿Cuando nos volvemos a encontrar?”.

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