—Oye, cacha que fui a ver a un loco seco.
—¿A quién?
—Kamasi Washington.
—¿Cómo?
—Kamasi Washington.
—¿Y qué toca?
—Jazz… pero es como medio progresivo, fusión. Mezcla hartas cosas en verdad.
—Ya… ¿y tiene alguna canción conocida?
—O sea sí, pero no es así como “conocida” conocida.
—A ver, cántala.
—No, es que no canta, toca saxofón.
—Taraléala entonces.
—No es que tampoco da para eso.
—Ya pero ponla.
—Es que…
Duele decirlo, pero el Tiny Fest no es un lugar para todos. Los músicos que convoca no son del gusto general. No aparecen en listas de Billboard, no llenan estadios y sus canciones no serán parte de ningún trend en TikTok. Son artistas de los márgenes, en espacios donde la música todavía se trata más sobre la exploración que los números.
¿Pero, dónde llega alguien a escuchar esta música? Conversando con el público del Teatro La Cúpula, descubro que no hay un camino único. Algunos son músicos o estudiosos que buscan constantemente a quién está empujando los límites de los géneros. Otros cayeron por accidente en algún agujero de YouTube a las tres de la mañana y terminaron obsesionados con ese artista japonés de nicho. Están los que pillaron algo raro en la Radio Valentín Letelier a una hora imposible y lo shazamearon. Y están los que simplemente confían: si el Tiny Fest lo trae, debe valer la pena.
El festival se ha convertido en ese punto de encuentro improbable. De alguna forma, Stgo Fusión logró lo que parecía imposible: traer a Santiago artistas que uno solo veía en videos escondidos de festivales europeos o en videos del Tiny Desk. Y no solo traerlos, sino presentarlos en el Teatro La Cúpula, un espacio donde caben poco más de mil personas, donde la acústica es impecable y la cercanía con el escenario transforma todo en una experiencia íntima, casi privada.
Xatarra, la sorpresa local
Los nacionales abrieron la noche jugando la carta de desconocidos a su favor. Xatarra no es una banda que busque complacer; más bien parece disfrutar desorientando al público para luego conquistarlo. Su propuesta es un collage sonoro donde conviven instrumentos de cámara clásicos con sintetizadores saturados de pedales, donde Stravinsky se encuentra con la electrónica experimental.
El ensamble hizo buen uso de su tiempo, con un show de luces de alto nivel, cortesía de la productora Trimex, emulando a lo visto el año pasado con Delight Lab. Súmale una fusión entre instrumentos de cámara clásicos a sintetizadores repletos de pedales, y ya tienes Xatarra. “Pocos son capaces de decir que llenaron un teatro a punta de covers de Stravinsky con un fagot y drumkits”, escribo en las notas de mi celular al final del show, mientras pienso dónde voy a meter eso en la reseña (lo logré).
Si bien la del Tiny Fest no es la presentación en sociedad de Xatarra, puede que sí sea una de las más importantes en su carrera, demostrando que están a la altura de otros grandes nombres de la industria y de festivales profesionales. Esperemos que no sea la última vez que escuchemos de ellos.
Vinocio, los desordenados del lote
Si Xatarra fue el aperitivo experimental, Vinocio llegó no quizás como el plato principal, pero si como un buen trago con el que acompañarlo, lujurioso incluso. Aunque Kamasi fuese el headliner, escuché muchas voces emocionadas por la presentación del dúo argentino, que trajo consigo esa energía porteña inconfundible: una mezcla soul y lo-fi con más calle de la que está acostumbrado este festival, ritmos acelerados que te incitan a un casi bailoteo, y esa cosa medio despreocupada que tienen los buenos músicos cuando saben que la están rompiendo.
Fueron los únicos de la noche con canciones cantadas, lo que les permitió conectar de otra forma con el público. Entre tema y tema pedían coros y mantenían la energía arriba en ese punto medio del show donde normalmente empieza a decaer la atención. Su presencia escénica, —relajada pero comprometida— contagió al teatro entero.
El público los recibió con curiosidad y los despidió con ovación. Varios me comentaron después que vinieron casi tanto por ellos como por Kamasi, y no los culpo. En un festival que suele inclinarse hacia lo puramente instrumental y cerebral, Vinocio ofreció ese balance necesario entre complejidad musical y algo más enérgico juguetón.
Kamasi Washington, headliner total
Tercera visita del saxofonista californiano a Chile, y probablemente la más lograda. La primera fue en Lollapalooza 2019, donde su música se perdió entre el ruido ambiente y la dispersión propia de un festival masivo. La segunda en el Teatro Nescafé de las Artes, que por lo que cuentan quienes fueron (yo no lamentablemente), fue impecable, quizás con la única excepción de la poca visibilidad en algunas partes del recinto.
Esta vez, en La Cúpula, todo calzó perfecto, especialmente para los que nos perdimos las dos anteriores y queríamos la revancha. La acústica del lugar es de las mejores de Santiago, el tamaño permite que todos estén cerca del escenario, y la ausencia de barricadas da la sensación de estar compartiendo el mismo espacio que los músicos. Es el ideal para apreciar las sutilezas de este tipo de música, la que vive en los detalles, en las pequeñeces.
Washington entró con los pesos pesados. Abrió con “Street Fighter Mas”, probablemente su tema más reconocible, así como diciendo “no vine a calentar motores, vine a tocar, y agárrense porque tenemos para rato”. Nada de aguantar los más conocidos para el final, tiró toda la carne a la parilla desde el inicio. La banda respondió a la altura; cada músico es un virtuoso por derecho propio, y Kamasi les da espacio para brillar.
Después vino “Lesanu”, la canción con la que abre su último disco, “Fearless Movement”, donde la dinámica cambió completamente. Si “Street Fighter Mas” fue una demostración de fuerza colectiva, aquí comenzó nos fuimos a tirar luces individuales. Cada solo era una conversación, un argumento musical que los demás expandían y respondían.
El momento más emotivo llegó con “Asha The First”. Kamasi explicó que la melodía principal la compuso su hija pequeña, Akili Asha Washington. En la versión del disco, Thundercat toca el bajo y los MCs de Coast Contra entran con sus versos de rap. En vivo, era otro el cuento. Entra el solo de flauta de Rickey Washington —el padre de Kamasi— tomó protagonismo. Por unos minutos, tres generaciones de una familia se unieron en una foto: un abuelo, acompañando a su hijo a tocar una canción compuesta por su nieta. Una cápsula musical que pocos artistas pueden ofrecer.
Cerró el set principal con “Vortex”, parte de la banda sonora que compuso para Lazarus, el anime de Shinichiro Watanabe (el mismo de Cowboy Bebop). La conexión no es casual: Watanabe siempre ha entendido el jazz como narrativa, y Kamasi entiende la música como imagen en movimiento. En vivo, “Vortex” se desplegó como una película sin pantalla, cada instrumento pintando escenas que el público completaba con los ojos cerrados.
Otro momento a destacar, fue la interpretación de “Vortex”, parte de la banda sonora que compuso para Lazarus, el anime creado por Shinichiro Watanabe, el mismo de “Cowboy Bebop”. Este último, otro gran referente cultural que destaca por su banda sonora llena de ese jazz medio cubando bebop y blues, el cual sirvió de inspiración para muchos, Kamasi incluído.
Acercándonos a la parte final, volvemos con secciones de improvisación francamente de otro nivel. El bajo de Miles Mosley y el teclado de Brandon Coleman fueron, para mí, dos momentos que me volaron la cabeza sin reparo. Los solos que regalaron durante las pistas “Road to Self (KO)”, y “Vi lua vi sol”, son tan difíciles de describir como lo fue digerirlas en ese momento.
Y como sorpresa final, Kamasi nos regaló de forma acertada “Prologue”, un cover de Astor Piazolla, con el que no solo cierra su último disco, si no también un show que dejó a más de uno marcando ocupado. La entrega de todos los músicos de la jornada fue total, y con casi cinco horas de música e intensidad de principio a fin, creo que hablo por todos cuando digo que nos fuimos contentos para la casa.
Quizás el Tiny Fest no es un lugar para todos, pero para quienes si lo buscamos, es un lugar como pocos. Lo bueno, es que todavía queda, ya que nos volveremos a encontrar para la segunda jornada con Valentina Maza, Antonio Monasterio Ensamble y Snarky Puppy a la cabecera. Nos vemos ahí.















