A poco menos de tres años de su última visita a Santiago, y como cabezas de cartel del Rockout Festival, Bad Religion continúa acrecentando su legado.
Figuras indiscutibles del punk rock norteamericano, y claves para el levantamiento de nuevas bandas en la cosa oeste de Estados Unidos, hoy demuestran que su longevidad va de la mano con su vigencia.
Conversamos con su bajista, Jay Bentley, quien reflexiona sobre el peso de la política en el arte, y por qué, tras más de cuatro décadas, el punk rock sigue siendo una herramienta de supervivencia personal más que un motor de cambio sociopolítico.
“Solo quiero tocar en Chile porque sé que, cuando lo hacemos allí, todo se descontrola”, adelantó Bentley, quien se sumará a Evaristo, 2 Minutos y muchas bandas más hoy en el Estadio Santa Laura.

¿Qué podemos esperar de este regreso a Chile?
De mi parte, pura alegría. No podría estar más feliz. Históricamente, lo que hacemos depende de lo que esté pasando en el mundo. Tenemos canciones sobre la guerra en el Medio Oriente desde que empezamos como banda, así que quizás rescatemos algunos de esos temas para poner las cosas en perspectiva bajo el marco de este 2026. Me encanta cuando la gente viene con expectativas sobre lo que será un show de Bad Religion y yo me encargo de que eso no suceda.
Mencionas el contexto mundial. Tanto en Chile como Estados Unidos vemos que el poder está dirigido desde la ultraderecha. ¿Crees que esto impulsará nueva música con algo que decir?
La banda que estoy esperando encontrar, que estoy seguro de que está ahí fuera, solo que aún no la he encontrado, es la que sea capaz de crear un mensaje que no se trate solo de una persona, solo de un país, sino de nosotros, los humanos que estamos en este planeta ahora mismo.
Tú estás en Santiago y yo en Los Ángeles; ambos estamos bajo este tipo de dictaduras de derecha. Sinceramente, no me importa una mierda el dictador; lo que quiero saber es por qué la gente votó por él. ¿A qué le tenían tanto miedo o qué les molestaba tanto como para pensar que esa persona resolvería sus problemas?. Me vuela la cabeza que la gente sea “fan” de un político, como si fuera un luchador.

El afiche de esta gira latinoamericana incluye al “Negro Matapacos”, un símbolo muy potente del estallido social de 2019 en Chile. ¿Conocían esa historia?
Me enteré de todo cuando el póster ya estaba terminado. Pregunté: “¿Qué onda con el perro?”, y cuando me contaron toda la historia, me pareció genial. Sé que para los fans chilenos significa mucho verlo ahí.
Con el auge de estas ideas conservadoras y momentos bélicos, ¿sigue siendo la música una herramienta útil para denunciar o establecerse como un documento histórico?
Creo que lo que hace es darle a las personas palabras y emociones para expresar cómo se sienten. También ayudarlos a comprender por lo que están pasando, o puede hacerles las preguntas correctas que les hagan pensar.
En mis 46 años de experiencia, ¿si realmente cambia algo? No. No cambia la política, ni la economía, ni el negocio de cómo sobrevivimos. Es algo mucho más personal. El punk rock es como lanzar un ladrillo a través de una ventana: no cambia nada, pero te hace sentir bien.
Aunque estés en una sala con mil personas que coinciden en la música, sea cual sea la banda, está tocando algo que todos pueden sentir. Pero esas mil personas se van de ahí y no se sienten empoderadas para cambiar las cosas. Puede que se sientan empoderadas personalmente para volver a la escuela o tal vez escribir algo, o hacer algo que en el futuro pueda tener significado. La gran esperanza en Bad Religion es que un día alguien que nos escuche descubra una cura para el cáncer, y diga: “Oh, sus canciones me ayudaron a superar la escuela”.
Ustedes fueron referentes del DIY (Hazlo tú mismo). Hoy la producción musical se ha democratizado, pero también aparecen herramientas como la Inteligencia Artificial ¿Cómo ves el futuro de la creación artística?
Eso queda en manos del artista. Si haces algo, como artista, pensando solo en el consumidor, ya perdiste tu objetivo original. Tú haces las canciones para ti.
No importa qué herramientas uses, todo es un martillo y un clavo; solo son herramientas para terminar el trabajo. Hoy todo es DIY. Ya no necesitas un sello, el vehículo para que tu música llegue al mundo está en el teléfono de todos.
Para cerrar, vi en tu Instagram que han estado practicando curling. ¿Cómo va eso?
¡Fue increíble! Nunca lo había hecho. Noodle (de The Offspring) sugirió ir y todos dijimos que sí. Fue mucho más difícil de lo que pensaba. Lanzar esa piedra con el peso justo para que se detenga donde debe es complicado; si quisiera ser profesional, necesitaría otras 10.000 horas de práctica.