“Chile se muere, Abelocaín está vivo”. Esa frase estuvo impresa en varios rincones del Citylab, lugar escogido por Abelocaín para mostrar por primera vez su disco “Santiago No Espera”.
Allí, Vicente Labrín (voz y guitarra), Elías Salinas (bajo), Felipe Acevedo (guitarra) y Benjamín Monrroy (batería) proyectaron las canciones y visuales que dan vida a su álbum, luego de varios años buscando afianzar su identidad.
Una búsqueda de responder a la interrogante de “¿quiénes somos?”, que lo asociaron con su mirada sobre el país, sintiéndose reflejados en la idiosincracia.”Es complicado hablar de lo chileno. Nosotros pensamos en Chile como un adolescente, como nosotros. Está en desarrollo, no sabe mucho qué es”, asegura Vicente.
Tras el estreno, la banda no ha parado. Su primavera estuvo marcada por encabezar una nueva edición del Manducazo, además de abrir las dos noches de Airbag en el Teatro Caupolicán. Y días antes de su show de lanzamiento oficial, en el Matucana 100 (con entradas agotadas), la banda grabó una especial sesión como parte del ciclo Emerge. Un buen cierre de año para un grupo que ha trabajado bastante para lograr ser escuchados, especialmente ahora con un álbum a la altura de sus ambiciones.
¿Cómo surgen el grupo de canciones de su álbum debut? ¿Qué ideas surgieron en estos años y los llevaron a hacer de este disco una declaración de principios? Al son de un completo y schops en el corazón de la capital, conversamos sobre “Santiago No Espera”, junto a Vicente, Elías y Felipe en este nuevo X Track de La Rata.
(S)
Vicente: Cuando empezamos con el disco, partimos respondiendo una pregunta base: ¿qué somos? Chilenos, de Santiago. No podemos renegar de eso, y por eso decidimos utilizar lo cotidiano. La elección de poner tantos samples de momentos contradictorios es intencional. Puedes pasar de un reel de Felipe Avello al genocidio en Palestina mientras paseas a tu perro; es solo un scroll. La decisión de incluirlo fue porque primero nos parecía chistoso —creo que darle valor al humor también es un arte— y una forma de valorar las redes sociales sin ningunearlas.
Felipe: Son parte del folclore chileno actual.
Elías: Es lo que vivimos día a día, o venir con los amigos a comerse un completo con un schop.
V: El folclore no es solo la bandera o las fiestas patrias; la vida sucede en eventos ordinarios. Por eso este collage de samples. ¿Para qué renegar de lo que somos? No estamos avalando lo que dicen, solo lo retratamos. Es chileno y honesto. Todos miramos el celular.
No Pega
F: Cuando llegamos a BAJ (Balmaceda Arte Joven), tuvimos una conversación profunda e incómoda sobre qué queríamos hacer. Veníamos de una gira gracias a un fondo y “No Pega” nació en respuesta a eso: teníamos muchas cosas que decir y no las plasmábamos en las canciones.
V: Veníamos de no hablar mucho de las cosas, algo muy propio de nuestra generación. El chileno le teme al conflicto. Yo arrastraba una frustración de que las cosas no funcionaban, de que “no pegó”. El rock captura muy bien esa frustración. Tenía el riff pero no estaba seguro; a Elías le carga el ska, así que buscábamos probar con algo diferente.
F: Benja, nuestro baterista, toca en Santo Barrio, una banda mítica del ska. Aprovechamos eso.
V: Aprendimos de Congreso, que siempre dice que hay que adaptarse a lo que hay. “No Pega” emula un poco a Los Prisioneros. Sobre la frase “Ya no existe el poder, lo ha ganado el miedo”, refleja lo que sentimos. ¿Dónde está el pueblo idealizado de Patricio Guzmán o de los documentales de Allende? Ya no está. En teoría deberíamos ser nosotros, pero estamos todos pensando en individualidades; no hay un idealismo.
Entendemos el deseo como la búsqueda constante de placer de nuestra generación. Hay un exceso de hedonismo y una idea que nos venden: ser feliz, que es igual a ir a comprar al mall. Evidentemente todos vamos, pero hay momentos en que uno dice: “en verdad estamos enfermos”. No quiero ser esclavo del deseo, aunque a veces lo somos.
E: Tampoco puedes escapar del todo; necesitas plata para comprar cosas básicas, como las cuerdas de la guitarra. Para eso hay que generar.
No Prende
V: A mis papás les digo que lo que ya teníamos no pegó, y me responden que “no prendió”. Así se compusieron ambas canciones al mismo tiempo. Tienen una onda medio Red Hot, y el Eli nos mostró una canción en japonés que entraba a contratiempo. Me gusta que la gente las confunda con “No Pega”; son temas hermanos.
Siento que nunca hubo una gran reflexión sobre lo que pasó tras el estallido social; algunos dicen que da cringe. Yo entiendo la vida como un juego en el que nos toca estar acá. La gracia de la música y de la vida es que ambas son temporales: tienes que ponerle play para que ocurran. Por eso se cometen tantos errores; no es que en el ADN se traspase lo aprendido por la generación anterior, sino que tienes que volver a vivirlo. Vuelven las guerras, vuelve el fascismo.
Me acuerdo que mi papá decía “si un día te perdiste es parte del juego”. Y mi mamá un día respondió: “no, sentirse perdido es parte del juego”. Debe ser la frase que más me representa. No nacimos sabiendo.
Tiempos Violentos
E Nació de una maqueta antigua muy al estilo de Carlos Santana, muy latino y con percusiones. Nos costó harto trabajarla, pero al final del disco pudimos retomarla.
V: Quedaba menos de un mes para grabar las bases y decidimos remaquetar todo. Le pasamos las pistas a Toño (Antonio Caballero) y cambió una sección.
E: Ahí nació la parte instrumental, el tramo donde cantan los instrumentos, y el sample lo agregamos después.
V: El sample tiene que ver con un tema fundamental de memoria y empatía: ¿qué decidimos recordar y qué decidimos olvidar? Por eso usamos el sample de Estela Ortiz, del caso Degollados. En el disco partimos preguntándonos en qué momento nos dejó de importar lo que le pasaba al otro, algo que pasa mucho en Santiago. Buscamos el audio más impactante y generamos un contraste: mientras suena ese audio con este testimonio terrible, nosotros vamos grooveando atrás.
F: Lo de groovear durante el sample, es como la intro del disco, del ir scrolleando en Instagram.
Av. Diez de julio
V: Es un vómito de información que adquiere coherencia, moviéndose entre “¿Quién mató a Gaete?” y “Maldito Sudaca”. Es hacer zapping. La letra es triste; me acordé harto de “Arauco tiene una pena” de Violeta Parra. A veces buscamos culpar al migrante, pero los verdugos somos nosotros mismos; somos nuestros peores enemigos.
F: Recuerdo que falté al ensayo donde la presentaste. Escuché el audio y pensé: “esta weá está loca”.
V: Trabajamos mucho los cánones, una lógica de seguirnos el uno al otro que forma parte de la decisión de ser una banda. Yo estudio antropología y me tocó hacer etnografía en un colegio en Diez de Julio con Madrid. Veías condones tirados en la calle o robos a plena luz del día. Es una calle de “parche”, donde se venden cosas usadas o robadas.
El libro de Nona Fernández habla de una mujer que reconstruía un furgón escolar comprando el espejo en un local y la rueda en otro, armando un Frankenstein. En Chile somos muy dados a eso: a ponerle parches a las cosas. Al final, agradecemos a Santiago por hacernos dudar. A pesar de ser un entorno violento, te vuelve resolutivo: tienes que hacerlo porque si no, te mueres. Odiar a Santiago sería odiarnos a nosotros mismos.
Tonto Útil
F: Surge, en parte, a raíz de todo lo del hate y el chaqueteo que sufrieron los Anttonias.
E: Sacaron de contexto una frase y se armó un boca a boca guiado por una opinión general sin reflexionar. De eso trata el tema.
Aquí se refleja la ciudad y lo distinto que es Santiago frente al resto de Chile. Tiene una intro marcada y un coro muy popero. “Gradote” es un concepto interno, un chiste de un amigo con personalidad.
V: Lo ocupamos harto para valorar la diferencia frente a las etiquetas. Todos tenemos un grado de algo, y nos subimos a la “gradoneta” aunque no estemos de acuerdo. Es un concepto muy chileno y pasivo-agresivo.
Pica
V: El rock suele apelar al rol del rockstar que aparenta ser invulnerable; nosotros intentamos hacer todo lo contrario. En Chile se valora la vulnerabilidad. El otro día, escuchaba a Federico Sánchez reflexionando sobre cómo el chileno siempre te mira desde el ninguneo (“y éste, ¿quién es?”). Mostrar nuestra vulnerabilidad es una carta honesta, y “Pica” es una declaración de amor, a mostrarse tal cual uno es.
Me tocó viajar a Pica por mi carrera. El tema no es solo sobre el lugar —un oasis verde en medio del desierto—, sino sobre cómo el amor tiene mucho de eso: aparece cuando menos te lo esperas y fuera de Santiago. La frase “pero apareciste / no te tuve que buscar”, para mí eso es el amor. Todo visto desde la idealización de un santiaguino. Es la primera vez que decimos explícitamente “enamorarse”. La frase que resume la canción es “quizás despertaste algo en mí”.
Para mí, Jorge Drexler es una referencia. Me pasa mucho que cuando estoy muy mal, lo escucho. Tiene eso como de “en volá, no es tan malo lo que me está pasando” o “esto le pasa a más personas”. Nuestra pretensión va en eso, como nosotros estamos viviendo eso, quizás no somos los únicos que lo están viviendo, entonces, compartámoslo. Es como un acto de empatía, en ese sentido.
Tripulante
E: Es una canción muy del alma. Cuando Vicente la trajo en guitarra, lloré en el estudio [risas]. El año pasado fue duro; mi mamá tuvo cáncer y viví procesos complejos. Cuando Vicente tomó la batuta con las letras, me sentí muy identificado. Siento que esta canción es lo más Abelocaín que hay: un colectivo donde cada uno aporta desde su trinchera.
F: Es botar toda la rabia y la pena.
E: Todos nos unimos y desembocamos en un trance instrumental de cuatro minutos, un mantra…
V: Es un acto de empatía profunda. Me marcó un video de lo que parecía ser una ballena en la orilla, pero al acercarse era una barca inflable con migrantes. Pensé en lo terrible que debe ser no poder volver a dormir en tu casa ni ver a los tuyos, pensando en la migración venezolana o la peruana de los 90. La frase “Verte de nuevo / si no me muero” me evoca la caída del muro de Berlín y la dependencia del otro. Gracias al otro estamos acá. Abel no es sin Caín, y yo no soy sin los chicos de la banda. Es el corazón emocional del disco, conectado directamente con Pica.
Felipe: Al final tiene un cierre que nos recuerda a “Esta enorme distancia” de Niños del Cerro. Crece hasta que ya no da más, con un piano lleno de disonancias que antes no usábamos.
Esclavo del Deseo
F: Es una canción para Ace que data de mucho antes del disco.
V: Tenía la armonía guardada desde hace tiempo, igual que con Pica, pero nunca me convencía la letra hasta ahora. Habíamos empezado a trabajar con gente que te prometía el éxito rápido en pocos años. Vino una ansiedad colectiva muy fuerte y vi llorar a Ace por primera vez. Pensé: “No quiero ser esclavo del deseo, prefiero ser libre y caminar por la calle”. Es liberarse de las expectativas y resume el ritmo de la ciudad, donde todo puede salir mal en un segundo.
F: Como dato freak, lo que quedó en el disco es derechamente la maqueta original grabada con un micrófono en la pieza; nunca logramos igualarla al regrabarla.
Gran Robo
F: Valora el proceso por sobre la necesidad de ganar siempre, de aprender a tropezar y aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control, como el pituto y las dinámicas injustas.
V: El verso mutó harto. Estaba triste a finales de año —el 31 de diciembre lo pasé mal pensando en que hay que partir de cero otra vez—. Habíamos postulado a concursos y perdido sin explicaciones, igual que le pasa a gente como Mon Laferte. Te das cuenta de que Chile sigue funcionando por amiguismo. El caso del “Loco” Bielsa es igual: no ha ganado trofeos, pero nos ha marcado a todos. No se trata de ganar, sino de aprender a vivir cuando las cosas simplemente no resultan.

Abelocaín
E: Fue el último tema en trabajarse y lo guardamos para el final de las grabaciones.
F: Nació del motivo melódico principal que luego esparcimos por el resto de las canciones.
V: Estaba en el teclado tocando y pensé que se parecía al “Where Is My Mind?” de los Pixies. Buscábamos un cierre instrumental, pero no tenía sentido; el disco merecía hablar de nosotros, reírnos de nosotros mismos y cerrar el concepto planteado en No Pega. La frase “el dudar nos hizo mejores hermanos” resume nuestra trayectoria frente a las dudas sobre nuestras capacidades.
Componer no ocurre en solitario; uno se contagia del entorno, de un pájaro o de una charla con amigos. El resumen del disco es entender que no somos nada sin el otro. Hoy lo más transgresor no es tirar una piedra, sino preguntar: “Hola, ¿cómo estás?”. Pensando en el nombre de la banda, jugué con la idea bíblica de la manzana y opté por la “media naranja”, un concepto frágil y vulnerable. Al final, un día te sientes más parte A y otro parte B, pero el disco funciona como un todo indivisible.