Libertè viaja en una carta de amor por sus raíces latinoamericanas, canción por canción

Sevilla, la famosa ciudad española que alguna vez fue el único puerto que conectaba a España con América, es y ha sido un lugar donde los migrantes del mundo encuentran, entre el sol y su ritmo relajado de vida, un lugar donde vivir. Sus raíces latinoamericanas persisten hasta estos días, recibiendo a artistas que encuentran en sus mezclas y sinestesias de ritmos nuevos caminos para conectar con la gente.

Bien nos decía el cantante uruguayo Jorge Drexler en su famosa charla TED que es tan importante entender “que todos, en el fondo, somos de ningún lado del todo y de todos lados un poco”. Con las palabras del maestro se podría resumir el devenir de Libertè, banda latinoamericana fundada en la capital andaluza, que este 2026 presenta su primer EP.

Conformado por cuatro canciones, el trabajo reúne a intérpretes de Chile, México, Uruguay, Irlanda y Alemania, en una búsqueda donde prima la divergencia a través de la fusión del ritmo, la percusión, las palmas y el compás.

Desde su formación a inicios de la década, la banda ha seguido su espíritu migrante, recorriendo España y el continente europeo y variando tanto en la cantidad de músicos como en sus búsquedas musicales. Bajo la producción del argentino Checho Fla, Libertè pudo condensar parte de esa creatividad nacida del intercambio que supone viajar y vivir en un país diferente al de origen.

Así lo explica César Marió, guitarrista oriundo de Concepción y uno de los integrantes de la banda: “Partimos desde lo latinoamericano, pero la búsqueda nos está llevando a un lugar que todavía es un poco indefinible. No pensamos en hacer una canción ‘pura’. Al contrario, me interesa que sea impura, mezclada con lo que venga”.

Y ahí está uno de los desafíos, señala Sofía Sánchez, poeta y cantante mexicana: “Al fusionarnos con otros géneros no queremos perder nuestra identidad latinoamericana… Nuestra propuesta busca acercarse a esa fusión desde el respeto, sin apropiarnos de elementos culturales que no nos pertenecen, sino dejándonos permear por el contexto en el que vivimos”.

El EP, disponible en plataformas de streaming, goza de un “carácter políglota”, como dice Sánchez, al contar con una introducción instrumental hecha por una violinista alemán e incluso con letras donde abunda el spanglish, propio de las historias personales que se cruzan a la hora de subirse a un escenario.

“Nosotros somos todos inmigrantes viviendo en Sevilla, y creo que eso también es un eje central de nuestra amistad”, explica Marió. “Entendemos lo que significa migrar, y eso se está aplicando a la música, porque la música es nuestro lenguaje común”.

Compuestas en diferentes períodos, las canciones que forman el EP han pasado por diferentes formas, de lo acústico a lo eléctrico. No obstante, el alma de cada composición contó con “una idea muy concreta y no experimentó un cambio radical al llegar al estudio”, explica la cantautora. Una orquestación que puede pasar del blues, la cumbia o lo jazzy hasta rememorar sonidos flamencos, cuequeros o balcánicos.

Si bien las canciones no fueron compuestas directamente sobre la migración, Sánchez señala que sí es el contexto emocional de gran parte de quienes forman la banda. “Ese desplazamiento geográfico lleva también a otros desplazamientos que para mí son más fundamentales en Libertè: los desplazamientos emocionales”. En sus composiciones aparecen el amor, la exploración del arte y lo que significa ser artistas.

“Este EP es un abrazo a unas raíces flotantes o una carta de amor al viaje. En realidad, es una carta de amor al viaje, a la vida y al arte. Ese es también nuestro mensaje: una búsqueda de liberación. Cualquiera que sea tu casa, tu historia familiar, tu religión o tus ideas, la idea es buscar esa libertad. Por eso hasta el nombre de nuestra banda tiene el tilde para el otro lado, viva la rebeldía”, complementa la mexicana.

Independientemente de vivir en Europa, como cualquier otro proyecto artístico, Libertè depende de la autogestión y de la sinergia lograda entre sus integrantes. La portada del EP fue realizada por el artista uruguayo-español Esteban Libindo y reúne símbolos como la cruz andina, el arte mudéjar y la geometría sagrada, que Sofía describe como elementos que “funcionan un poco como una carta del tarot. Tiene elementos solares, lunares y cósmicos, elementos de distintas latitudes, incluso en un sentido más metafísico”.

Un espíritu viajero y nómada que, sin dejar fuera las miserias y tristezas que a veces deja el camino de abandonar un continente, abraza la convicción de no alejarse del arte y la creación. Incluso, confiesa César, existe una dualidad entre el antes y el ahora. “Me ha pasado algo curioso: he aprendido más sobre ritmos latinoamericanos viviendo en Europa que en Chile… Al final, uno no sabe de dónde van a llegar esas influencias”.

Te invitamos a ponerle play y a seguir, canción por canción, esta conversación sobre “Libertè”

“Canívales del Arte”

La osadía está en romper la gramática de la música, la armonía aparente de las palabras, qué chingón fue hacer una cumbia con una introducción de violín tan libre, salvaje y clásica, este tema fue inspirado por la cumbia rebajada, tradicional de Monterrey, que recuperó la cumbia colombiana y por un accidente feliz, algo así como una tormenta -dicen algunos- ralentizó por error estos clásicos como “Lejanía” o “Te llevaré” de Lisandro Meza, o el más contemporáneo “Volveré” de Mon Laferte. Estos temas rítmica y energéticamente inspiraron a estos caníbales con “v”, porque los artistas -como dice el estribillo- siempre vamos huyendo del orden, el crítico y la policía.

Sofía: La canción funciona como un manifiesto del arte. Habla de la problemática de la crítica y de la policía, pero también del peligro de apuntar con el dedo y juzgar al otro cuando tú tampoco te atreves a hacer lo tuyo y a usar tu propia voz. En ese sentido, es más un manifiesto de vida que un manifiesto migrante, aunque también pueda relacionarse con esa temática.

César: La libertad creativa también se ve en la variabilidad de estilos que tiene el EP. Hay una idea de armar, destruir y volver a armar. No existe un purismo en nuestra forma de hacer música. Me interesa tomar elementos de distintos lugares, con respeto, llevarlos a nuestro terreno y crear algo nuevo.

“Moonflower”

La grabación fue muy fluida por la estructura intuitiva, con arreglos en producción destacando la incorporación de piano. Ensoñación de volver a ilusionarse con alguien, con la nostalgia, temor y esperanza que acompaña el sentimiento del querer y el presagio de que terminará.

César: Es uno de los temas del EP y un ejemplo del Spanglish. La canción nació así de forma natural. No pensé: “voy a hacer un tema en Spanglish”. Simplemente salió de esa manera porque yo pienso en Spanglish. Cuando hablo conmigo mismo para procesar las emociones, muchas veces lo hago en Spanglish. También con las personas con las que actualmente me siento más cómodo me comunico así.

El inglés es un idioma que adquirí en Europa, durante una etapa más adulta de mi vida que fue bastante bonita y sana. De alguna manera lo asocio con ese bienestar. Por eso la canción salió naturalmente en los dos idiomas. Además, había palabras en inglés que me sonaban mejor que su equivalente en español.

Sofía: “Moonflower” también explora el amor, pero desde un lugar distinto a “La otra cara de la luna”. Es más una canción sobre la ilusión.

“La otra cara de la luna”

Este tema fue desde el principio una confluencia de inspiración en el desamor, y una oda a la inspiración que el ser amado provoca, pero también las hadas, los astros y las estrellas. Una canción con influencias en el blues y el rock; cuya lírica, armonía, pinceladas de violín y clarinete, así como el solo de guitarra y voz, dialogan en perfecta comunión de almas.

Sofía: Fue una de las canciones que compuse prácticamente desde el principio, cuando comenzó la banda, en 2022 o hacia finales de ese año. La tocamos durante unos tres años en distintos lugares, países y espacios de Sevilla, con diferentes integrantes y en formatos muy distintos: a veces muy acústico, otras veces más eléctrico, con la banda completa o incluso con invitados.

Sí hubo una transformación en el estudio. Es un tema que parte un poco desde el blues y la balada, con un aire jazzy, y yo quería llevarlo más hacia el rock. César grabó la guitarra y agregó un solo que me gustó mucho porque llevó la canción hacia donde yo quería que virara: hacia un lugar más adolorido.

Es probablemente la única canción del EP que es de desamor puro. Hay una ruptura y un dolor muy grande. Las demás exploran otros sentimientos. “Moonflower”, por ejemplo, habla del amor desde el lugar de la ilusión.

Creo que “La otra cara de la luna” no perdió su esencia, pero se volvió un poco más rock y blues con ese solo. Para mí, ahí encontró el punto que necesitaba. También en los conciertos mucha gente conectaba con la canción.

César: Aunque cada canción parte de la idea de su compositor, en el proceso cada integrante va dejando su semilla y aportando al sonido. Eso se hizo especialmente visible en el estudio.

“Lastavice”

La grabación tomó más tiempo por los cambios en los arreglos y por la falta de ensayos de la canción en vivo. Memorias de un verano en la costa adriática croata, representando el círculo y superficialidad de la fiesta, las reflexiones del día siguiente y la adoración al mar como escape a lo humano.

César: “Lastavice”, que quiere decir “golondrinas”, fue una de las grandes sorpresas del estudio. Creo que fue la primera vez que pudimos escuchar la canción como yo la imaginaba en mi cabeza, porque fue un tema que cambió mucho a lo largo del proceso.

La canción nació de un verano que pasé en Croacia, en la costa del Adriático. Fue un verano muy divertido y la canción habla también de esa experiencia. La temática tiene que ver con la fiesta, con lo que ocurre después y con ese ambiente de los bares y los viajes.


Detalles de los integrantes

César Marió (Chile): Voz, Guitarra acústica/eléctrica

Sofía Sánchez (México): Voz, Cuatro Venezolano

Matías Gatica (Chile): Clarinete, Percusión, Voces

Antonia “Nona” Petznik (Alemania): Violín, Voces

Dara Leonard (Irlanda): Bajo eléctrico, flauta traversa, voces

Gerardo “Corde” Martínez (Uruguay): Percusión

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