Javiera Electra transformó el GAM en un viaje íntimo, teatral y estremecedor

La noche del jueves 11 de junio en la Sala A1 de GAM fue una invitación a entrar en el universo de Helíade, el celebrado álbum debut de Javiera Electra, una de las artistas que más rápidamente ha capturado la atención de la escena chilena durante el último año.

Como parte del ciclo Música & Perfo de Armónica Booking & Management, la cantante presentó un espectáculo donde la teatralidad, la interpretación y la fuerza emocional tuvieron tanto protagonismo como las canciones.

Todo comenzó con la proyección del videoclip de “Sangrado por Esencia”, recientemente estrenado, sobre el escenario y una atmósfera cargada de expectación. Entonces apareció ella: vestida completamente de blanco, sombrero negro y una presencia imposible de ignorar. Chasquidos de dedos, zapateos y una impronta escénica que remitía tanto al folclore como a la performance contemporánea marcaron los primeros minutos de un show donde el silencio atento del público fue tan elocuente como los aplausos.

Una introducción instrumental construida sobre capas electrónicas preparó el terreno para la primera canción. Las luces se tiñeron de rojo y la banda desplegó una mezcla de pop, raíz latinoamericana y pasajes progresivos que transitaban entre momentos de intensidad desgarradora y susurros delicados. Desde el inicio quedó claro que el principal instrumento de la noche era la voz de Electra: amplia, poderosa y capaz de llenar cada rincón de la sala.

La conexión con el público llegó rápido. Con naturalidad y cercanía, la artista avanzó hacia “Sangre Oliva”, precedida por un breve interludio, en una interpretación que incorporó guiños a la tradición latinoamericana y despertó gritos y ovaciones desde distintos puntos del recinto. Poco después llegó el cruce entre “La Llorona” y “Espadámbar”, impulsado por un ritmo galopante que recordó la fuerza de la música de raíz chilena llevada a nuevos territorios sonoros.

Tras los primeros bloques, Javiera se dirigió a la audiencia para dar la bienvenida oficial al viaje. “Bienvenidos al vuelo de la Helíade”, lanzó, desatando una nueva ronda de aplausos antes de continuar con una propuesta que parecía crecer en ambición a medida que avanzaba la noche.

Más adelante apareció “Sangrado por Esencia”, una de las piezas centrales del repertorio, reafirmando la intensidad emocional que atraviesa el universo creativo de Helíade. Luego fue el turno de “Drama Pobre”, presentada tras la introducción dedicada a Claudia Rodríguez, uno de los momentos más hipnóticos de la jornada. La canción desplegó una construcción expansiva y atmósferas envolventes donde varias cabezas comenzaron a moverse al unísono siguiendo el pulso de la banda.

Más adelante aparecieron cambios de instrumentos, cuotas de humor y nuevas exploraciones escénicas durante “Del Campo a Mar”. Interpretando “El tiempo y la distancia entregan mucho más de lo que yo podría”, Electra terminó cantando desde el suelo, reafirmando que el cuerpo también forma parte de su lenguaje artístico y que la puesta en escena es una extensión natural de sus canciones.

Luego de un breve interludio, todos los músicos abandonaron el escenario. La sala quedó en silencio. Minutos después, la cantante regresó sola junto a su guitarra para ofrecer una versión íntima de “Sien, TOS”, uno de los pasajes más conmovedores de la noche. Allí, entre la delicadeza y el desgarro, entre la nostalgia y la fuerza, apareció una de las interpretaciones más emotivas del concierto.

El regreso de la banda volvió a elevar la temperatura del espectáculo. Sonidos latinos cercanos a la balada acompañaron un momento de comunión colectiva donde la artista hizo cantar al público y pidió encender las luces para poder observar los rostros que la acompañaban.

Hacia el final llegó otra de las escenas memorables de la jornada. “Esta canción es un recordatorio para que tomen agua”, comentó antes de iniciar “Lágrima del Sol”, pieza que fue creciendo gracias a la aparición de una trompeta capaz de expandir aún más la intensidad emocional del conjunto.

El cierre, coronado por un grito liberador, encontró a una audiencia completamente entregada y con Javiera cantando desde el centro de las butacas junto a su público de pié, rodeada de ojos de admiración y cariño.

Una de las sorpresas del cierre fue “Ancla”, una canción inédita que dejó entrever nuevos caminos creativos para la artista. Coronado por un grito liberador, el final encontró a una audiencia completamente entregada y a Javiera cantando desde el centro de las butacas, rodeada de ojos de admiración y cariño, borrando cualquier distancia entre escenario y público.

Más que interpretar las canciones de Helíade, la artista construyó una experiencia donde música, actuación y emoción convivieron en un mismo espacio. Una propuesta ambiciosa, profundamente personal y, sobre todo, difícil de olvidar.

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