Indie sin filtrar: Mac DeMarco regresa a Chile este fin de semana

No hay coreografías, ni fuegos artificiales, menos discursos épicos. Aún así, Mac DeMarco llena. Porque lo suyo no es el espectáculo grandilocuente: es ese desorden encantador entre guitarras deslavadas, humor absurdo y canciones que suenan como si hubieran sido grabadas en el living de alguien a las tres de la mañana.

El regreso ocurre con doble fecha en Santiago —18 y 19 de abril— luego de que la alta demanda obligara a sumar un segundo show. La respuesta del público confirma que la devoción local por el canadiense sigue intacta, consolidándolo como una figura de culto dentro del indie contemporáneo.

Una gira que llega con material fresco (y clásicos inevitables)

La visita se da después de una etapa particularmente prolífica. En los últimos años, DeMarco publicó proyectos como Five Easy Hot Dogs y One Wayne G, este último con una extensión poco habitual incluso para sus estándares, además de adelantar nuevo material durante su actual tour.

En sus presentaciones recientes, el repertorio ha mezclado nuevas composiciones con favoritos que el público chileno espera corear sin vergüenza, como:

  • “Chamber of reflection”
  • “Still Beating”
  • “On the Level”
  • “For the First Time”
  • “Passing Out Pieces”

Canciones que siguen funcionando como cápsulas emocionales de una generación criada entre Tumblr, VHS granulados y guitarras desafinadas con intención.

Lo interesante del fenómeno DeMarco es que funciona justamente porque no intenta impresionar. En vivo, el músico alterna canciones con bromas incómodas, covers inesperados y momentos que parecen improvisados —porque probablemente lo están. Ese caos amable es parte del encanto.

Quienes han visto alguno de sus shows saben que no existe setlist sagrado: puede extender un tema diez minutos, detenerse a conversar con el público o transformar el concierto en una jam espontánea. La lógica es simple: nada demasiado perfecto, todo demasiado humano.

Ese espíritu —entre relajado y caóticamente adorable— es justamente lo que convierte su regreso en una de las citas indie más comentadas del mes.

Este fin de semana, el Caupolicán no será un teatro: será un living gigante, con olor a indie noventero, humor incómodo y guitarras que suenan como si nunca hubieran querido ser afinadas del todo.

Y eso, en tiempos de shows milimétricamente calculados, se siente casi subversivo.

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