La ruta de Anttonias hacia Lollapalooza: “Hay mucha confianza y admiración entre nosotros”

En varias partes hablan de que el origen de Anttonias tiene algo de “película”. ¿Cómo han vivido estos últimos meses como banda?

Ha sido bien así, como de película. El inicio de Anttonias fue muy cinematográfico, porque nos conocimos casi por casualidad, en situaciones bien espontáneas. No hubo una planificación grande ni una estrategia desde el principio. Todo se fue dando muy natural, y eso marcó también cómo empezamos a hacer música juntos.

¿Hubo mucho diálogo previo sobre estilos e influencias cuando comenzaron a trabajar juntos?

No tanto. Nunca fue algo demasiado conversado. Las cosas se dieron de manera natural. Obviamente hubo momentos intensos, porque cada uno tenía una idea distinta de la misma canción, pero con el tiempo aprendimos a convivir, a soltar un poco y a unir todas esas miradas. Al final, si una idea le gustaba a todos, se quedaba; si no, simplemente no funcionaba.

Ese proceso los llevó finalmente a su primer disco. ¿Cómo aparece el apoyo de la Municipalidad de Padre Hurtado en ese camino?

Fue bien orgánico también. Varios somos de Padre Hurtado y nuestras familias son bien conocidas ahí. A través de contactos llegamos a la municipalidad y a la encargada de cultura, que vio algo en el proyecto y decidió apoyarnos. Al principio fue algo sencillo, como sesiones de fotos, pero después ese apoyo fue creciendo junto con la banda.

Ese vínculo con Padre Hurtado parece ser clave para ustedes. ¿Cómo lo viven hoy?

Es súper importante. Fue muy bonito lo que pasó, porque no solo nos ayudaron a nosotros, sino que a partir de eso empezaron a surgir más bandas y más proyectos culturales en la comuna. Hicimos una tocata gratuita en un auditorio que se llenó, llegó gente de todas las edades, vecinos, familias. Sentimos un reconocimiento real de nuestra propia comunidad.

Incluso llegaron a abrir un show de Illapu. ¿Qué significó eso para ustedes?

Fue un sueño. Somos muy fans de Illapu, crecimos escuchándolos. Abrirles fue algo muy fuerte para nosotros, un momento que nunca pensamos vivir tan pronto. Sentimos que Padre Hurtado siempre nos ha apañado muchísimo.

Hablando de crecer escuchando música, ¿cuáles fueron las influencias que marcaron a la banda?

Son muchas y bien diversas. Illapu, Silvio Rodríguez, Manuel García, el folclor latinoamericano, el rock argentino, el rock anglo. También rap chileno, pop. En algunos casos, escuchar discos como Californication de Red Hot Chili Peppers fue un antes y un después, el momento en que dijimos “quiero hacer música”.

Algunas personas han identificado influencias como Lucybell o Nicole. ¿Es algo consciente?

No fue algo buscado conscientemente, pero obviamente son referencias que uno tiene muy internalizadas. Nos gusta que se sientan esas cosas, porque son parte de la música que absorbimos sin darnos cuenta.

El disco lo grabaron en Buenos Aires en un proceso bien intenso. ¿Cómo recuerdan esa experiencia?

Fue caótica, pero muy formativa. Estuvimos pocos días, con pocos recursos y mucha presión. Compartíamos alfajores, caminábamos la ciudad sin plata, pero al mismo tiempo fue una experiencia muy bonita. Aprendimos que como banda funcionamos bien bajo presión y que podemos tomar buenas decisiones en momentos difíciles.

¿Esa presión los ayudó más de lo que los complicó?

—Sí, totalmente. Siempre hemos trabajado bien bajo presión. Nos obliga a concentrarnos, a confiar más en lo que hacemos y en el equipo que somos.

Actualmente están preparando nuevo material. ¿Cómo dialoga con lo que ya hicieron en el disco?

—Es un tema que quedó fuera del álbum, pero que funciona como un cierre de esa primera etapa. No es algo totalmente nuevo, de hecho ya lo habíamos mostrado como demo, pero ahora tiene otra atmósfera. Es más íntimo, más cercano a cómo empezamos: guitarra y voz, con influencias de la trova.

La letra gira en torno al amor. ¿Qué querían expresar con esa canción?

—La idea era hablar del amor incluso cuando tiene un final. Hay cosas que se terminan, pero la sensación de amar puede quedarse. Queríamos que fuera una especie de declaración, algo simple pero honesto.

Son cinco personas creando juntas. ¿Cómo manejan los choques emocionales y creativos?

—Chocamos, claro, pero de esos choques sale algo bueno. Es una banda muy democrática: nadie protege su idea como algo propio. Cuando llega una canción, pasa a ser de todos. Hay mucha confianza y admiración entre nosotros, y eso hace que el conflicto no rompa el vínculo, sino que lo fortalezca.

La estética de Anttonias es muy reconocible. ¿Cómo se construyó esa identidad visual?

—Fue algo muy natural. Siempre nos interesó la música, pero también la moda y la imagen. Nunca fue una decisión forzada. Con el tiempo entendimos que la estética, las fotos y las redes sociales son súper importantes, casi al nivel de la música, y aprendimos a usar eso a nuestro favor.

Incluso el público parece replicar esa estética en los shows.

—Sí, y eso es muy bacán. Cuando ves a la gente vestida de cierta forma en los conciertos, sientes que se está creando una identidad compartida. No es un disfraz, somos nosotros, y la gente conecta con eso.

Llegar a Lollapalooza Chile 2026 es un gran hito. ¿Qué significa para la banda?

—Mucho orgullo y también una prueba. Sentimos que es el cierre de una etapa y el comienzo de otra. Es enfrentarse a un público masivo, diverso, que quizás no te conoce, y tratar de generar algo ahí.

En un festival tan sobreestimulado, ¿cómo planean captar la atención del público?

—Confiando en la música. Creemos que nuestras canciones son atrapantes y que llaman la atención por sí solas. No queremos forzar nada ni transformarnos en algo que no somos. Queremos que la música haga lo suyo.

La mayor exposición también ha traído críticas y ataques. Antonia, ¿cómo has vivido eso como mujer en una escena tan masculinizada?

—Sabía que iba a pasar. Gran parte del hate tiene un componente machista, y como mujer una ya entra a este espacio sabiendo que va a tener que demostrar más. Pero justamente por eso hay que hacerlo, para que sea normal ver a una mujer en el rock sin estar hipersexualizada ni relegada a un rol secundario. Estar acá también es una forma de resistencia.

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