A una semana de su primera entrega, te relatamos como Mon Laferte abraza a su público de Concepción en estos días helados con “Te Amo, Mon Laferte Visual”.
De bienvenida, las paredes del Teatro BioBío te gritan de forma monocromática te amo, siendo el único silencio de esta experiencia.
Capítulo I: Autopoiética
En la primera escena se muestra su origen en la quinta región, junto con una cronología de su vida marcada por los momentos más memorables para ella. A través de fotos de su baúl de recuerdos, se nos introduce el cuestionamiento “¿Quién es Mon Laferte?”.
Ella expone sus objetos y fetiches más importantes: desde My Little Pony’s, hasta sus icónicos tacones. Entrega su alma y su vida para brindarnos el contexto de las obras que presenta más adelante.
Entre lo que nos hace conocer, destaca su conexión con el arte que lleva en las arterias. Con un padre pintor y una abuela cantante de folclor, era imposible que el arte pasara desapercibido en su vida.
Por lo mismo, es que en sus momentos más frágiles, busca desahogarse por medio de caricaturas de ojos caídos, bordados coloridos y muñecos hechos a mano. Desde el arte, brinda ese amor que nos salva y refugia. Y que de igual manera, la rescata de sus propias pesadillas.
Capítulo II: Sola con mis monstruos
Un pasillo blanquecino une las habitaciones rojizas; en él se exhiben algunos poemas y personajes creados por la artista a lo largo de su vida. Nacidos entre camarines y aviones, de gira en gira, estos seres fueron concebidos para hacerle compañía, siendo también una sátira de la sociedad.
Uno de los aspectos más destacados de su arte es que no nace de la nada, sino que surge desde las cenizas. En muchas de sus obras, Mon Laferte se enfoca en problemáticas sociales: temas como el feminismo y la inmigración, son recurrentes en sus pinturas y tejidos.
Del mismo modo, habla abiertamente de sus propios monstruos, a los que dio vida por medio de muñecos gigantes que la acompañaron en su performance “Yo y mis monstruos”, relatando cómo lo social también afecta lo íntimo.
Y no solo eso: Mon sabe de dónde viene y es consciente de que, sin su duro trabajo por surgir, probablemente no estaría recorriendo el mundo gracias a su voz. En otra realidad, reconoce que su vida estaría entre abarrotes.
Doscientas flores de género caen desde el techo de la segunda habitación. Cada flor lleva la voz de una mujer cuya libertad es adaptativa. A través de prosas, estas voces te erizan la piel.
Mediante talleres de arte en el centro penitenciario femenino de su ciudad natal, trabaja de forma colaborativa con mujeres reclusas, a quienes rinde homenaje en esta exposición. Mujeres como Camila, Betsabé, Rosita, Antonella, Lupita y Yareli tienen sus bocas llenas de ruido, y a través del baile, el folclore y el arte, buscan un respiro de libertad.
Capítulo III: Amor Invernal
“Te Amo, Mon Laferte Visual” te deja la tarea de reflexionar. Te entrega herramientas audiovisuales para mirar más allá de tu ombligo y, al mismo tiempo, validar lo que sientes.
¿Qué cargas arrastramos?, ¿Qué voces callamos?, ¿Qué heridas no hemos atendido?.
Esta es una invitación a abrazar la vulnerabilidad como un acto de resistencia. Aquí cada sala, cada dibujo, cada objeto, cada flor y cada monstruo, nos obliga a enfrentarnos a las complejidades del ser humano: al dolor, desamor, luchas que callamos y las que no escuchamos, que están escondidas bajo un manto de belleza cegadora.
Esta exposición no sólo necesitamos observar, sino que también necesitamos sentir, para lograr comprender.