Por Benjamín Zamora M.
El Cuarteto de Nos convirtió el Teatro Municipal de Viña del Mar en un punto de encuentro musical que, una vez más, rompió cualquier brecha generacional.
Este segundo paso de la agrupación uruguaya por el país, previo a su presentación en el REC en marzo, no hizo más que confirmar que el vínculo de la banda con la audiencia chilena está más vigente que nunca, logrando una conexión única con energía inagotable.
En un ambiente que mezclaba la solemnidad del patrimonio viñamarino con la energía desbordante de sus fans más jóvenes, los charrúas demostraron que su capacidad de convocatoria solo sabe de expansiones, y es que en dos horas y diez minutos de show, la banda mantuvo su adrenalínica puesta en escena que cautivó a todos los fanáticos por segunda noche consecutiva en la Ciudad Jardín.

La velada comenzó cargada de simbolismos en referencia a su nuevo disco, “Puertas”. La gran pantalla tras el escenario proyectó una serie de portales que se abrían y cerraban rítmicamente, dando paso finalmente al primer hit, “Cara de Nada”. Con Roberto Musso irrumpiendo oculto tras una máscara, la banda no solo inició el recital, sino que sumergió de inmediato a la audiencia en la estética visual y narrativa que define su etapa actual.
Posteriormente, y sin dar tregua a la espera, los primeros acordes de “El hijo de Hernández’” terminaron por romper la formalidad del teatro. El riff característico desató una euforia colectiva en los espectadores, provocando que todos los asistentes abandonaran sus puestos de forma unánime. Aquellos asientos terminaron sobrando por el resto del concierto, ya que nadie volvió a sentarse: la clave para disfrutar estaba en saltar y corear todas las melodías que vendrían a continuación.

El setlist del grupo continuó con “Ya no sé qué hacer conmigo”, canción cuyo solo de teclado se alargó para dar un cierre a lo que sería la primera parte de la presentación.
Uno de los puntos más altos de la noche fue la transición entre el rock crudo de “Ganaron los malos” y los ritmos de cumbia en “MARIONETA”, un giro que el público recibió con el mismo entusiasmo. Con una mezcla perfecta de guitarras eléctricas y teclados, el Cuarteto dejó claro que su propuesta no tiene etiquetas y mantiene la sinergia intacta tanto en los momentos de mayor potencia como en los pasajes más melódicos.
Más allá de la edad

Ese vínculo generacional que define al conjunto uruguayo hoy se hizo tangible con temas como “En el cuarto de Nico” y el explosivo “Miguel Gritar”. Fue en estos momentos cuando los más pequeños de la audiencia, subidos a los hombros de sus padres o saltando en los pasillos, se volvieron protagonistas de la locura colectiva.
Ver a una nueva camada de fans corear letras tan complejas con la misma intensidad que los seguidores de antaño reafirmó que la propuesta del grupo ha logrado algo difícil en el rock: volverse un lenguaje universal que no entiende de edades, al menos en nuestro país.
El clímax emocional llegó con “No llora”, el momento más profundo y reflexivo del setlist. Ahí, el Teatro Municipal se iluminó únicamente con las luces de los teléfonos celulares, creando una atmósfera íntima que contrastó con la energía frenética del resto del show. En contraste, para el cierre, la banda apeló a su fórmula infalible y fieles al guion de su exitosa presentación en el Movistar Arena el año pasado, los uruguayos sellaron la jornada con “Yendo a la casa de Damián”.

Tras dos horas de un despliegue impecable, El Cuarteto de Nos se despidió de Viña reafirmando que su propuesta es hoy un puente indestructible entre épocas.
Niños y jóvenes saltando junto a adultos en un teatro recuperado para la cultura fue la prueba final de un rito que trasciende lo musical.
Antes de que las luces se encendieran y con la promesa del festival REC en el horizonte, el vocalista selló la noche con una frase que resume su presente: “Somos el Cuarteto de Nos y seguiremos abriendo puertas para seguir encontrándonos con ustedes”. Así, con las puertas abiertas de par en par, confirmaron que su vigencia en Chile no es solo nostalgia, sino un lazo que se renueva con cada generación y tal como quedó demostrado, está más vigente que nunca.