Lindoytriste y el arte de fallar: melodrama y antibaladas en “Un circo”, su primer EP

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Lindoytriste abre el telón con “Un circo”, un EP que toma la balada, la desarma y la vuelve a armar sin instrucciones más que la intuición y la experimentación. Son cuatro canciones acústicas, grabadas sin metrónomo y en tomas únicas, donde el temblor y el desajuste no se corrigen: se adaptan. El resultado es una serie de “antibaladas”, que apuestan por la emoción cruda, la experimentación y una forma de narrar que se permite sentir e intentar sin pedir disculpas.

“Como un circo acústico y experimental”, define Lindoytriste su primer EP. Y no es solo una imagen, ya que la obra funciona como un recorrido mental y emocional que va del fracaso a la persistencia, pasando por el dolor, la ternura y cierta nostalgia infantil que no se abandona. El lanzamiento llega acompañado del videoclip de “Tiro al blanco”, su sencillo principal, filmado en los históricos Juegos Diana junto a Mia Loops y Javier Galindo en cámara.

Lindoytriste —cantautor talquino— se permite grabar a destiempo, equivocarse y dejar que las canciones respiren fuera de la lógica del pulido. “Violeta Parra aconsejaba romper la métrica”, dice, y esa idea atraviesa todo el EP. Así, Un circo aborda el fracaso (“Tiro al blanco”), la trascendencia (“Pirámide”), el dolor (“Quebrazón”) y la persistencia obstinada (“Gatos porfiados”), siempre desde una base mínima: una guitarra acústica, samplers y una emocionalidad sin barniz.

El hilo que abre y cierra el EP es tan inesperado como revelador: la voz de Chespirito aparece como un gesto lúdico, casi absurdo, que conecta las canciones y refuerza la idea del circo no como espectáculo, sino como estado mental. Entre melodías frágiles y climas inquietantes, Lindoytriste nos invita a jugar en los Juegos Diana, a entrar a un templo antiguo, a ver glaciares romperse como corazones y, finalmente, a insistir —porfiadamente— como gatos.

En lo musical, “Un circo” dialoga con referentes evidentes y otros más soterrados. Hay guiños a “Otra era” de Javiera Mena en “Pirámide”, ecos de “Me gustas tú” de Manu Chao en “Quebrazón” y una genealogía clara que va desde Violeta Parra y Nicanor Parra hasta Christina Rosenvinge, Camila Moreno, Lhasa de Sela y Pedropiedra. A eso se suma una capa de nostalgia gamer: citas a Circus Charlie, Antartic Adventure, The Legend of Zelda y Donkey Kong Country aparecen como recuerdos fragmentados de infancia.

Lejos de suavizar su propuesta tras “La caída de la casa”, su primer sencillo, Lindoytriste profundiza aquí en la idea de la antibalada: canciones acústicas que abrazan la disonancia, se apartan de la métrica tradicional y se resisten a lo comercial. Una lógica directamente emparentada con las anticuecas y la antipoesía (de Violeta y Nicanor Parra, respectivamente), pero trasladada al formato canción.

“Creo que es un formato más democrático”, dice el autor. “Abraza cosas que a veces la gente quiere evitar. Cualquiera puede llegar y hacer una canción así, de manera intuitiva, y probablemente va a ser distinta a todas las demás”. En “Un circo”, jugar, aprender y no frenar se vuelven parte del discurso. No es un EP fácil, pero tampoco quiere serlo.

 

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