Diego Lorenzini: “No estoy aquí por el dinero o por la carne, yo estoy aquí por la aventura”

I

Diego Lorenzini camina por Gràcia, minutos después que una tormenta calmó el ritmo de Barcelona. Quedan pocos días para que el músico abandone el otoño europeo, y así retomar una nutrida actividad musical en Chile. Lleva bajo el brazo una nueva creación llamada ¿Y?.

Si imaginamos la formación de un disco como un ser complejo, esa idea que Raúl Ruiz señalaba sobre sus películas, la creación de un álbum no debe ser muy diferente a otras disciplinas, pensando las canciones como órganos que forman un cuerpo.

Una reflexión inspiradora a ojos de Lorenzini. “La relaciono también con la manera en que percibimos el mundo en general— asegura—. Cuando a uno le gusta a una persona, le gusta lo que resume o la presencia que resume en ti, pero esa presencia no deja de estar compuesta en la realidad también por el sistema linfático, o por órganos como riñones, intestinos, u otros sistemas complejos que es difícil amar por separado, pero que, sin duda, forman parte de la artesanía que sostiene aquello que se termina amando”. 

Fotos por Ricardo Olave Montecinos.
Fotos por Ricardo Olave Montecinos.

Con esa idea en mente, cuando Lorenzini hace un disco como “¿Y?”, donde el fantasma de Jorge Teillier se sienta en la misma mesa que Princesa Alba, aparece la necesidad de reunir las composiciones a cuatro manos que estaban ocurriendo alrededor del talquino de manera espontánea. “Pero que si las encauzaba con un sentido, podían constituir un disco hecho íntegramente de colaboraciones, (lo que) me parecía una buena forma de reunir, a través de la artesanía, los órganos propios de un cuerpo lo suficientemente amable”.

El quinto LP en su carrera solista es una declaración sobre su gusto por la música y la cooperación que ocurre dentro de ella. “Es algo que a mí siempre me ha conmovido mucho, viniendo del dibujo, que es una labor mucho más solitaria. La música siempre me cautivó por su carácter “achoclonador” que te une de manera simultáneamente liviana y profunda con otras personas”.

En esta obra de 17 canciones, amigos de toda la vida, hermanos, su media naranja, o artistas visuales se conectan en un nivel de intimidad que devuelve a su oficio a un juego exploratorio.

Incluso, el cantante evoca años atrás, cuando Tus Amigos Nuevos o Los Varios Artistas eran simplemente ideas de personas que no tenían las herramientas, o quizás la confianza para llevarlo adelante; un aspecto con el que aún se siente identificado. Reconoce que hay muchas creaciones que, por haberlas creado en soledad, no le entregaban la confianza suficiente para sacarlas adelante. No así cuando veía las canciones en otros, transformando la torpeza en un material precioso.

II

Es innegable que, en las ilustraciones de Lorenzini, uno puede “escuchar” sus canciones con solo mirarlas. Catalogado como un “trovador retrofuturista”, explica que “¿Y?” se suma a una familia de discos que podríamos imaginar posando frente a una cámara para una fotografía que aún no termina de revelarse.

Diego lleva tiempo dándole vueltas a la idea de cómo un nuevo álbum reemplaza al anterior —y también al que venía mucho antes—, empujado por esa necesidad de probar cosas distintas “por gusto”, sin vergüenza ni restricciones respecto al repertorio que podría construir. En ese tránsito, surge algo inevitable.

A veces siento que hago una canción muy distinta y, sin darme cuenta, muchos amigos me dicen que es la canción ‘más mía’ que han escuchado, porque se parece a todas las otras”. Pero esa observación, si bien puede haber sido dicha como una crítica, le da tranquilidad: sin proponérselo, hay una columna vertebral que inconscientemente sostiene su obra. No necesita hacer esfuerzos para que su trabajo solista “pose para la foto” de su catálogo; lo realmente consciente es luchar por separar las canciones y ubicarlas en los lugares más extraños del retrato familiar.

Desde ahí vuelve a la idea de la caricatura: en qué medida uno se convierte en una, o cuán “narigón” puede dibujarse o dibujar a otros —sin que eso suene peyorativo—. “Como caricaturista, no hay nada que me interese más que convertirme en una”, dice. Sobre todo desde el punto de vista expresionista, es algo que abraza con ternura: la exageración de los defectos o de la anatomía no es burla, sino una manera de mostrar desde la superficie la procesión que va por dentro. Aquí, uno podría evocar los primeros versos de “Musculosos y ricas”:

Hay puros weones musculosos,
Puras minas ricas
Y yo,
Sintiéndome especial 

III

Entre los invitados del nuevo LP, Lorenzini vuelve a colaborar con Simón Campusano, Chini.png o Rosario Alfonso. Al mismo nivel de amor que esos amigos, pero que no tienen una visibilidad en lo musical, aparecen nombres como el Chufla, que participa en “Talasofobia”. Compañero de la infancia en Talca, que como buen ciudadano abrió y atendió su propio carro de completos llamado “Sutocomple”, y con quien también escribió “Trovador retrofuturista”.

“Él tiene una forma tanto o más genial de abordar la música, pero sobre todo tiene una manera más inesperada para mí de entender y de administrarla, porque no tiene nada que perder”, plantea sobre Chufla, por priorizar el juego o, más bien, “la aventura por sobre un trabajo que podría ser muy diferente a lo que se consigue con otros colegas”.

Quien ya hace música tiene ciertas estructuras. En cambio, al invitar a artistas visuales, la cosa cambia. Así pasó con Pilar Quinteros en “Chon Chon Radical”, a quien cataloga como “amiga del alma” y con quien comparten un camino de colaboraciones a la hora de ser la directora de videoclips como “Motor Psico” o “Fachada Continua”; o Joaquín Lorenzini, quien dirige un “A lo que vinimos”, una particular locución promocional al single “Estoy loco y no es por ti”. 

En el caso de su hermano menor, quien tiene una condición que lo hace ser “una persona que tuvo la suerte y el privilegio de seguir siendo por siempre un niño”, su participación nació en medio de las grabaciones con Simón Campusano en Talca, en el mismo lugar que Chini grabó sus voces. Llamado provisoriamente “Estudio Tres Sillas”, porque una de ellas es la silla de ruedas de su hermano, todos los detalles hablan de una intimidad compartida con el cariño que alguien regala una flor, sin que lo liviano quite la posibilidad de la introspección musical .

Diego, al ver que estrenos recientes como “Deseo, Carne y Voluntad“ de Candelabro o “La Brea” de Hesse Kassel han usado el “spoken word” en sus canciones, se conmueve al pensar que en un futuro una canción como “A lo que vinimos”, con Joaquín, pudiese también llegar a ser una declamación coreada en vivo. 

Joaquín Lorenzini, Maite Pizarro y Diego Lorenzini. Foto por Smiljan Radic.
Joaquín Lorenzini, Maite Pizarro y Diego Lorenzini. Foto por Smiljan Radic.

IV

El fallecido Jorge Teillier da la letra del poema “El año que viene”. Al igual que otro poema del escritor, el músico afincado en Barcelona tuvo que “hablar con los muertos” para musicalizar una pieza perteneciente a su primer libro “Para ángeles y gorriones” del año 1956, y que, incluyendo una animación ilustrada por el mismísimo Lorenzini, nace como homenaje “a uno de mis más admirados héroes universales”.

Lorenzini señala que siempre soñó con una colaboración “codo a codo” junto a Teillier para ‘¿Y?’. Aunque admite que una de las principales razones por las cuales terminó haciendo la musicalización de ese poema es porque tiene “muy mala memoria y nunca he podido aprenderme una poesía sin ayudarme de la musicalización como herramienta mnemotécnica”, menciona.

Para Lorenzini, dichos versos de Teillier son “uno de los poemas más bellos que he leído en mi vida”. Al ser oriundo de Talca, el músico comparte la identificación con la provincia, donde el Maule y La Araucanía respiran un aire en común.  

En el caso del poeta, es el único “muerto” del disco, pero que posee un simbolismo diferente, al hablar a través de los libros, inspirando a nuevas generaciones. “Es alguien con quien yo he sentido, incluso mucho tiempo después de su muerte, una conexión más profunda que con personas que están vivas”, describe. 

Ante la técnica de poder memorizar a través de la música, Lorenzini decidió solicitar el permiso de los herederos del lautarino, sus hijos Carolina y Sebastián, con el apoyo del escritor nacional Alejandro Zambra quién los puso en contacto. La aprobación permitió que la obra también forme parte del disco como si fuera una colaboración en la misma nomenclatura horizontal de las otras canciones y que le dan sentido al título “¿Y?”. Es decir, como “Diego Lorenzini y Jorge Teillier”, lo cual, si bien es tan solo una fantasía, Lorenzini señala es “un gesto de una generosidad gigante por parte de uno de mis dúos favoritos del disco: Carolina Teillier y Sebastián Teillier”. 

 

V

Diego está cerca de volver a Chile. Al igual que dice una de sus canciones, retornará “al otro lado del mundo, al otro del mar”. Si bien valora la suerte de saltarse los inviernos cambiando de hemisferio, el veranista Lorenzini explica que las circunstancias que lo han llevado los últimos cinco años de su vida a vivir entre dos países no están del todo en su control. No obstante, la itinerancia musical por Barcelona, Chile o Latinoamérica, le da más espacio para seguir explorando la figura del cantautor.

 

—Es una figura solitaria.

Pero también es lo que me permite vivir de la música. Yo me he mantenido haciendo discos y tocando en vivo, no tanto por lo bien que me va, sino por lo barato que he logrado hacer que aquello que hago funcione.

 

Más allá de sentirse identificado, la faceta de cantautor también le ha permitido encontrar cosas que Diego “no sabía que existían en la música, en la interpretación musical y tampoco en mí”. Ante ello, reconoce en su relación con la improvisación, con el público o la manera en que cada vez que un error, en vez de transformarlo en vergüenza, hizo de su reaccionar natural algo que en su público ve su honestidad.

Una confianza de práctica y error que lo ha llevado a subir la apuesta de tocar cosas más difíciles. Sobre todo por la contradictoria certeza de que “mis errores son lo que a mucha gente más le gusta de mis shows … y lamentablemente, el tiempo, más para mal que para bien, va limando las asperezas, va limando las torpezas”, agrega.

En ese sentido, “la práctica me ha hecho un mejor músico, pero intento tratar de siempre tocar lo que está al límite de mis posibilidades, con la única esperanza de equivocarme una vez más o, en el peor de los casos, progresar”.

Desde hace poco, el cantante ha comenzado a incluir pequeños teclados o juguetes con los cuales enfatiza el hecho de que la música para él es un juego, con su “ukelele tenebroso” y sus flautas, que traen al escenario los colores que usa en sus cuadernos. 

Colores que, en su opinión, hacen que dos horas de concierto no cansen al espectador, por tener “estos pequeños gestos que se convierten en fuegos artificiales épicos tan solo por estar contextualizados en una contención sonora que raya en lo monástico”.

“Yo toco solo en general porque existe en ese lugar, arriba del escenario, una manera de relacionarme con el mundo con la cual me siento cómodo (o quizás lo convenientemente incómodo) que me permite profundizar en cosas que quizás con una banda me costaría más”. 

VI

En 2026, Diego Lorenzini cumplirá “formalmente” 20 años desde que comenzó su relación con la música, con la creación de Los Varios Artistas. Sin deslegitimar los años en Talca con la guitarra de su hermano, ese año dio el paso a lo que vendría después.

Al ser consciente de la fecha, ¿cómo convive el músico con el pasado, el presente y el futuro? Con cariño, afirma de inmediato. Y Diego vuelve a la idea antes mencionada, como el nuevo disco reemplaza al anterior.

“Quizás al principio me dolía un poco esa sensación de sentir que si uno había hecho algo bueno, ya lo hizo, y uno es simplemente el remedo de aquella pequeña chispa de lucidez que en algún momento tuvo”.

—El mal llamado “prime” de esta generación. Me molesta mucho que digan “estoy en mi prime”, como si después no hubiera nada más.

Claro. Y si ese “prime” existe, y si en efecto ocurrió cuando yo tocaba con Los VariosArtistas, para todas las personas que a veces te dicen que vuelvan, o que vuelvan Tus Amigos Nuevos, ‘esos sí que eran buenos’, y que probablemente van a volver en algún momento, porque nunca terminamos… Me parece muy lindo que el mantenerse trabajando permita que se ilumine el trabajo del pasado; y que, a través de la música del presente, uno pueda decir: si te interesa, hay más cosas atrás que quizás te gusten incluso más (guiño de ojo).

Dicho eso, para Diego, la riqueza de la aventura musical que ha tenido la suerte de vivir lo mantiene con ganas de seguir perpetuando: “No estoy aquí por el dinero o por la carne, yo estoy aquí por la aventura”. Un trovador aventurero que atesora las canciones como fotografías de aquellos momentos más entrañables.

“Amo las fotografías porque te permiten recordar y acceder a esas épocas, a esas risas, a esos dolores, y me parece que los discos y las grabaciones también son un poco eso”, complementa.

Lorenzini dice que no se arrepiente de ninguna de las canciones que ha compuesto. Obviamente hay formas con las que conecta más en una época que en otras y eso va y viene con el tiempo. Como también menciona que definitivamente en momentos no supo muy bien qué quería hacer y que lo que resultó estuvo lejos de lo planeado. Pero aquí se pausa y reflexiona.

Luego, él agrega: “Si yo me pusiera a planear en hacer la música que quiero escuchar, probablemente haría cosas de muy buen gusto, pero a nadie le interesaría mucho más que a mí, porque en realidad estaría satisfaciendo una necesidad como auditor y no como alguien que necesita decir algo”.

Por eso, cuando ya encuentra cierta distancia, puede escuchar sus discos, y lo hace como quien mira viejas fotos, encontrando en los errores que solo él percibe “momentos extra musicales”, que son incluso más valiosos y profundos para él que la música en sí.

“Esa es la gran magia de hacer música y dedicarle suficiente tiempo: que aquello que un disco representa para mí —un año difícil, un periodo romántico, una etapa de aventuras, ejemplifica el artista— puede significar algo completamente distinto para quien lo escucha”. 

Así, un álbum como ‘¿Y?’ se convierte en un vehículo para volver a un lugar íntimo, y puede devolver a un auditor como a Lorenzini lo devuelve el ‘Fome’ de Los Tres al olor del desodorante que usaba en ese entonces, a la ingenuidad y a las esperanzas talquinas de un inexperto en el amor y la música, pero al que todavía no le dolía nada de su cuerpo y sus padres aún se amaban. 

“Sé que a mucha gente le ocurre lo mismo con discos que ya tienen un tiempo. Y que ahora me digan ‘20 años’ es un montón… pero también es lindo, porque ahí ya no soy responsable: son las canciones las que hacen su trabajo”. 

Este disco, dice su autor antes de apagar la grabadora, en parte, una celebración de eso: mantener vivo ese ímpetu, esas ganas de jugar con otros, de usar la música como excusa para volver a reírse, las veces que sea necesario.

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