Jorge González: “No necesito una cosa que me dé ideas. Las tengo de sobra. Siempre las tuve”

Por Emiliano Aguayo, periodista. Entrevista realizada en julio de 2025.

Fotografía titular, por Jacqueline Fresard (enero 2024)

Hace unos días, Jorge González subió unas pistas de audio a Bandcamp y todos los medios se hicieron parte de la noticia. Sin aviso previo ni menos promoción, el compositor nos decía que, de a poco, vuelve a la música, luego del ACV sufrido en febrero de 2015.

Si bien algunos suman «Gracias», de 2016, como su última canción, quizás este es el regreso más consciente del compositor, donde volvió a tomar todas las decisiones.

No está dando entrevistas, pero lo convencimos para LaRata.cl, aunque no aceptó fotografías.

Como siempre, más allá de la contingencia, hay detalles, análisis y miradas propias del músico popular vivo más importante del país que siempre es bueno leer y meditar.

Las preguntas están a cargo de Emiliano Aguayo, el periodista responsable de los libros «Maldito Sudaca» e «Independencia Cultural», ambos de conversaciones con el ex líder de Los Prisioneros.


Como siempre cuando lo paso a ver, Jorge está activo, leyendo o escuchando/viendo música, mucha música. Lo encuentro sentado en su sillón, conectado a YouTube o con la tornamesa girando, nunca en silencio. Yo voy los sábados en la mañana y él pareciera estar relajado, feliz, pero también otros días, en otros horarios ya no está leyendo, sino siendo muy activo en sus ejercicios de relajación, taichí o masajes propios de su terapia que sigue luego de su ACV. En muchas de estas tareas, lo acompaña Jacqueline Fresard, amiga integrante del colectivo femenino Cleopatras y, nada menos, que su primera esposa.

A veces, converso en la semana con él y me cuenta de su agenda, la que generalmente está ocupadísima, con visitas de músicos como el Macha, Lalo Meneses o la misma Colombina Parra, con quien se atrevió a sentarse nuevamente frente al piano e improvisar música, la que, justamente, la considera parte de su terapia físico-espiritual. Y la que estos días, ha compartido con todos.

-Hace poco fui a Vicuña a presentar mi nuevo libro, el volumen 2 de «Las Voces de los ‘80». El primero es del 2012 y este es de 2025, mismo año en que se cumplen 20 de Sudaca». Allá me encontré con Marcelo y Rodrigo Cuturrufo, ex integrantes de Roca Dura de Coquimbo, banda donde grabó, también, un preadolescente Cristián Cuturrufo, q.e.p.d., quien era su hermano. Ustedes tocaron con ellos allá, esos años.

Tengo un muy bello recuerdo de esa vez que tocamos juntos. Tenían un tremendo sonido. Nunca olvidaré lo buena onda y lo mortal que tocaban.

Desde hace un tiempo, frente a su sillón y pegados al techo, se encuentran dos parlantes de mediano tamaño, instalados por Pancho Straub, el mismo primer sonidista que grabó a Los Prisioneros. Además, a su derecha una mesa de vidrio y aluminio hecha por Marco, su hermano, que sostiene un computador y, a su izquierda, un micrófono.

Cuando alguien lea esto, tal vez, se preguntará por las marcas o modelos de estos equipos.

La verdad, ni me he fijado qué marcas son. Me da lo mismo, la verdad. Si los prendo y suenan, listo. Los equipos los eligió e instaló Pancho y con eso ya está bien.

-¿Te ha significado actualizarte, ver tutoriales?

Sí, he tenido que hacerlo.

Fotografía por Jorge Canales. Hotel Crown Plaza, 2012.

Nuevas creaciones, Bandcamp y Colombina

Contextualicemos. Tienes un accidente en Valdivia hace 2 años, te quiebras una pierna, haces toda la rutina de recuperación, lo que tiene muy buenos resultados y hasta logras mejor movilidad de tu mano izquierda, lo que te motiva a sentarte al piano otra vez. ¿Es así?

Fue de a poco. Cuando me jodí la pata y me la rompí en dos partes, empecé con la kine y los ejercicios me ayudaron a mejorar la movilidad y llegó con eso el piano, el que he abordado como una ayuda a la sanación de mis manos, mi mente y mi alma. Ese es el logro de esta música.

Fue la pierna izquierda, la más complicada por el ACV.

Sí, me operaron. Me pusieron un fierro y todo. Pasó que la polola de esos días quería ir a Valdivia. Entonces, compró los pasajes y vio el hotel. Antes habíamos ido a Barcelona y a Berlín y siempre tenía que ser un hotel con ascensor. Pero, en Valdivia no había uno disponible cuando fuimos. Y como ya había comprado los pasajes, fuimos igual: tragedia. Me jodí la pata, ni siquiera en la escalera, sino en un pasillo posterior a ella. O sea, igual la escalera me debilitó la pierna. Luego, caminando en la calle, me caí nuevamente. Ella me decía que me parara, que pisara y yo no podía.

O sea, no fue tan fuerte la caída para lo complicado que resultó.

No fue tan fuerte para una persona que está bien, pero para mí fue fatal. Una persona sana ni siquiera tiene ese accidente. Me hice el canchero: error. Incluso, ya antes, con ACV, turuleco y todo, igual había ido a Valdivia, pero con el cuidado del ascensor. Es decir, todavía tengo que cuidar ciertos detalles, como preguntar algunas cosas antes de ir al algún lugar.

¿Es en ese periodo de terapia cuando descubres el disco Flores como gatos de Colombina Parra?

Boludeando en YouTube me encontré con ese disco que me impresionó grandemente y quise conocerla, felicitarla e invitarla a mi departamento. Accedió y pronto empezamos a tocar. Ella al sintetizador y yo, como podía, al piano. Nada de voces ni tambores.

Al principio grabamos para el recuerdo, en el teléfono. Luego me sentí capaz de grabar. Considera que antes no podía hacer dos cosas a la vez. Y con el inestimable auxilio de mi querido Pancho Straub adquirí unos equipos y monté un sistema de grabación en mi living comedor.

¿Y en qué consiste tu home studio?

Primero, debo confesar que yo vengo grabando todo desde mi casa desde El futuro se fue en adelante. Y antes, también. Por ejemplo, la mayoría de las cosas de Ni por razón, ni por la fuerza son cosas grabadas solo por mí, en mi casa.
Lo que tengo ahora es un computador, un micrófono, una tarjeta de audio, un par de parlantes y listo. Y ahí el Pancho es esencial, porque sabía qué bueno comprar. Los parlantes, me dijo, son los mejores en relación al precio, para no tener que pagar con un riñón. Lo mismo, la tarjeta de sonido.

Mi Destino, Manzana, Libro

Y toda la tracalá de house, también. Y las colaboraciones que hice en México, igual. Me mandaban cosas, como Pedropiedra o Javiera Mena, por ejemplo, y yo las devolvía desde mi casa.

A propósito de colaboraciones, en enero de 2024 hablamos sobre composiciones para Adán Fresard.

No hemos avanzado mucho, la verdad. Adán tiene pega, está ocupado y yo también, así que no hemos hecho mucho. En realidad, en estos días no he tenido tiempo para proyectos con otras personas. De repente, paré la pelota y dije «yo estoy viendo mis temas apuradito, a la rápida y cuando puedo. Estoy más ocupado en lo del otro» y tuve que cortar drásticamente algunas cosas y fue una pena con algunos amigos con los que estaba haciendo cosas.

Pancho Straub, quien primero los graba hace 40 años, es tu amigo aún, como las Cleopatras o Miguel Conejeros. Lo comento por ese juicio que existió, de repente: «es que Jorge cambió, no es el mismo de antes».

O sea, yo sacaba la cuenta y con varios de ellos, claro, tenemos esos 40 años de amistad.  A Conejeros lo conocí cuando él tenía 14 y yo 19 años. Patricia Rivadeneira, Vicente Ruiz, los mismos de siempre.

¿Son parte de tu recuperación, también? Con Jacqueline llevas una terapia, con otros te vuelves a conectar con la música, con otros socializas, conversas.

Sí, claro, como con Colombina. También está Lore, mi terapeuta. Hay otra chica que toca la viola, la Ale Tapia.

¿Alejandra Tapia? Entiendo que con ella vas a producir un vinilo de música docta.

Sí, ahí no toco. Ella es una fan de los Ex que hizo unos arreglos para la Colombinita que escuché y estaban buenos, así que quise conocerla, nos hicimos amigos y nos comenzamos a mandar música. Le mostré eso a un compadre del sello Aula Records de la Universidad de Santiago y saldrá por ahí. Ellos hicieron una antología de Horacio Salinas de Inti Illimani y estaba buena.

Imagen de un gato que aparece en la cuenta de Bandcamp de Jorge González.

Las pistas de Bandcamp

El 6 de julio subes 4 audios: «Secuestrado», «Mascullando por lo bajo», «El patio es mi selva» y «El gato que sube al piano», todas instrumentales y todas firmadas con Colombina en el sintetizador y tú en el piano. El 16 de julio subes otras cuatro grabaciones y no aparece ella en los créditos y son, justamente, las que incorporan tu voz. Incluso la de ella, en «Si vas a pensar en mí».

Esa, con Colombina, es una breve muestra de mucha música que hemos hecho, y que pretendemos subir de a poco.

¿Qué te gustó de su disco Flores como gatos que descubres, de repente, en YouTube?

El sonido. La guitarra acústica, el sonido de su voz, el contrabajo, que luego supe que era un sampler, una grabación. Y la guitarra solista era del Barraco Parra, porque la rítmica, la que me encantaba, era la de Colombina. Y, por supuesto, las canciones también eran de ella. Y lo que me gustó, también, fue su falta de pretensión de la música.

Yo había escuchado a los Ex y no me habían impresionado grandemente. Me parecía un grupo más, nomás, pero lo de la Colombina sola me pareció realmente bueno y me gustó la idea que está haciendo otra música, porque la mayoría de los viejardos siguen haciendo la música de siempre.

Me da la impresión que ella no hace la canción para que suene en la radio.

No creo. O sea, a lo mejor, le gustaría, pero no se lo plantea. Cuando me junté con ella, me di cuenta que tenía otro acercamiento a la música. Además, ella me dio la clave para tocar. Cuando me lo planteó, yo le dije «pucha, Colombina, yo no puedo tocar como antes», «toca como ahora, entonces», me dijo. Y tenía razón. Y toqué con lo que podía hacer ahora y salió esta música. Eso es lo que puedo hacer ahora. Y cuando la escuché me di cuenta que tampoco estaba tan mal.

¿Te sientes «Secuestrado», a ratos, en tu departamento? No sé, ¿no viajar o vivir en otro país, como ya se te hacía costumbre hasta 2015? Aunque, lo que escuchamos es una melodía amigable, hasta placentera, tal vez. No se siente tensión ni ahogo, que podrían ser sinónimo de secuestro.

Los títulos son reantojadizos. Originalmente, tocamos música sin intentar definir nada. A la hora de subirla tuve que discurrir algún nombre.

«Mascullando por lo bajo» se siente sereno, no abrumado. Porque mascullar siempre va más hacia maldecir en silencio, comerse la rabia. Acá, es piola. Sin odios, dejar pasar las cosas.

Tal como en el tema anterior, el título no sé si refleja algo. Solo usé una expresión antigua que me parece divertida.

«El patio es mi selva» también lo pensé, por título, más ajetreado, recorrer, descubrir, chocar, mirar, ruidos. Pero, luego se siente como de epopeya, de descubrir algo más importante que un patio/selva. Como un camino más elegante. Volvemos a lo mismo, estar más en casa, donde tu entorno próximo podría ser tu propio bosque, tu selva.

Es acertada tu sensación. Es siempre una mini aventura improvisar juntos con ella. No definimos nada antes de tocar. Ni tempo, clave o carácter.

«El gato que sube al piano» es más tenso. Saturado, a ratos. ¿Se subió realmente un gato cuando tocaban?

Varias gatas. A veces, se bajaban.

 

«Ya no tengo sueños sexuales / Tengo sueños románticos / Sueño que tomo tu mano / Sueño que casi te beso / Sueño mirarte muy cerca / Sueño que toco tu espalda». Manzana, quizás, fue el último disco donde combinabas sexo y amor. Luego, ya en Libro, es más bien de despedida de esa doble sensación. «¿Me hace eso un gil? / Probablemente», te preguntas al final.  

Generalmente, no están separadas ambas cosas. Probablemente, los mejores polvos que me he echado han sido enamorado. Y, desde un momento, los únicos que me echaba, era cuando estaba enamorado.

Pero, acá separas ambas sensaciones.

Es que es parte de mi vida hoy. O sea, ya no me interesa el sexo. No me interesa gustarle a las minas, para nada. Tampoco creo que si me interesara resultaría. Me he fijado que varios caballeros de mi edad o mayores, todavía andan mirando a las cabras chicas y pensando dónde la van a poner. Pero, ya no se les para como antes y andan con un viagra para que pase. Yo no veo para qué. Creo que la actividad sexual está un poquito sobrevalorada. Claro, es rico y es fantástico, y hasta puede llegar a ser trascendente. Pero, sobrevalorada como la meta final de todo.

Pero, sí te interesa el romance.

Sí, eso sí, y pensándolo, por ejemplo, con Jacqueline. O sea, yo sí tuve sueños románticos con ella. Y es curioso, porque hace unos años sí los tenía sexuales. Antes soñaba que me garchaba a alguien. Ahora, tal como dice esa letra, sueño que le toco la espalda. Y eso, en el sueño, era lo máximo. Y me desperté con esa sensación romántica del tipo que se va para la casa luego que recién le dio el primer beso a su polola, saltando en una pata. Esa es la sensación que tengo ahora. Y encuentro que no se evalúa mucho eso. En término de cultura de masas, solo se evalúa eso de “te voy a hacer pedazos, mijita”, dar vuelta a la mina. Y yo siempre he estado un poco en contra de eso.

Más allá de algo personal, hay un análisis alrededor.

No, es sencillamente lo que me pasa a mí, no es un análisis sociológico. Y lo cuento porque me llamó la atención cuando me empezó a pasar. Mira, yo tuve dos parejas jóvenes en el último tiempo y me di cuenta que es completamente sobrevalorado eso de la cabra chica. Es más una cosa social, de «soy choro, una mina más chica me da pelota». Es una tontera. No las vas a entender, viven en otro mundo. Y, al final, lo que quieres es sentirte conectado con alguien. Y esa conexión puede ser simplemente una conversación, una mirada. A lo mejor, también por un polvo. Pero, «a lo mejor, también», no exclusivamente.

¿Siempre fue así?

Cuando joven, la única forma de conectarme con una mujer era acostándome con ella.  Y me acostaba con todas mis amigas. Buena onda, bacán, pero luego me di cuenta que eso también me separaba un poco de algunas, porque para ellas no significaba lo mismo que para mí. No digo que para mí era solo un deporte, porque me pasaban cosas, pero se me pasaba. Y a algunas no se le pasaba. En sus historias de vida el sexo significaba otra cosa que para mí.

Complicado.

Me daba cuenta que me estaba metiendo en terrenos medio peligrosos para mí y para esas personas.

Imagen del tema Si vas a pensar en Mi”, incluida en el Bandcamp de Jorge González

«Si vas a pensar en mí / Piénsalo otra vez / Tal vez, puedas conseguir / Que me olvide de ti». Si volvemos a que tus creaciones son personales, acá hay algo más para darle vuelta. Parece dirigida a una ex relación. Alguien que, quizás, sature, justamente, esa post relación. Digo personal, porque hay quienes componen, por decirlo de alguna manera, leyendo las noticias del diario.

Creo que, sencillamente, me hice el piola. No pensé en nadie.

En «Ligetio» dices «Esperando por el advenimiento del gran ordenador. Será el final de todo, será el comienzo». Si somos literales, en esa voz gruesa que a ratos no parece tuya, es la llegada del ordenador que encargaste para hacer nueva música que designará un nuevo comienzo o que todo quedará ahí. Ahora bien, advenimiento generalmente tiene una significación menos terrenal, más divina. Por otro lado, y remitiéndonos a György Ligeti, compositor húngaro, igual hay algo de divinidad, porque él creó una misa de réquiem con una atmósfera similar. ¿Cómo llegas a él?

Su música me la enseñó mi querido Vicente Ruiz y esto música está, sin duda, inspirada en Ligeti y en Vicente, gran artista. Para mí, el más brillante que he tenido el gusto de conocer. Usé «ordenador» a la manera española, en vez de «computador», la forma en que en Chile se le llama al computer, porque me sonaba más acertada y, a la vez, más ambigua y, sobre todo, más chora.

He leído dos comentarios que analizan los audios. Ambos —Marcelo Contreras para La Tercera y Felipe Rodríguez para The Clinic— reparan en Kraftwerk al escuchar «Hoy hay sol» y en Vangelis, para «Ya no tengo sueños sexuales». ¿Estás de acuerdo?

Es casi imposible para alguien como yo, que usa sintetizadores, no rendir pleitesía a esos monstruos.

¿Alguna otra influencia que destaques?

Varias. La que más destaco es curiosa. Por ejemplo, «Ya no tengo sueños sexuales» está fuertemente influenciada por la musiquilla que escuchaba cuando me hacían masajes o cuando hago taichí. Y estoy seguro que está hecha por inteligencia artificial o por un músico que le pagaron dos pesos por hacerla. Es una fórmula, pero la encuentra chora. Me interesa lo que pasa con la gente con esa música. «Ya no tengo sueños sexuales» es sencillamente un acorde, la nota de acá, la de acá y la de acá, se repiten. No pasa nada musicalmente. No avanzo para ningún lado. No tiene prólogo, centro ni final. No tiene forma. Está, nomás. Llega y se va.

«Hoy hay sol», en ánimo más festivo, rankea, para ser single de estas 8 pistas.

¿Existen aún los singles? En el sentido antiguo de «tema promocional», no lo es. No considero hacer promoción alguna. No le veo sentido en mi vida. Quizá, sea más atractiva, pegadiza, no lo sé. Me la suda, en verdad.

A excepción de «Secuestrado», «Hoy hay sol» y «Ligetio, «Si vas a pensar en mí», «Ya no tengo sueños sexuales», «El gato se sube al piano», «Mascullando por lo bajo» y «El patio es mi selva» son títulos extensos. ¿Salió, nomás, o es una nueva manera de titular?

Salió, nomás. Curioso, se me ocurren buenos nombres.

Alguien decía que podían ser nombres de bandas indie.

Insisto que alguien debiera crear una banda indie llamada Los o The Podcasts.

Como Los Updates, que pudieron llamarse Los Plugins.

Sí, aunque luego supimos que ya había unos Plugins y Updates me pareció curioso, porque nadie que esté metido en computación usa el término «actualización», que es la castellanización que debería usarse.

Mucho de atmósferas, sensaciones instrumentales. No es electrónica en el sentido de ritmo bailable. ¿Cómo analizas tu nueva etapa musical?

No he tenido el tiempo, las ganas o la necesidad de analizarla. Y sí ciertas partes se pueden danzar, no desaforadamente, pero con estilo.

¿Tienes temáticas pensadas o van saliendo?

Van saliendo, nomás. Siempre fue así. En los discos siempre las cosas fueron saliendo. Y siempre fueron cosas personales. «El baile de los que sobran» o «Muevan las industrias» son cosas mías. No estaba tratando de identificar una masa ni la cacha de la espada, para nada. Tampoco lo hice, como dices tú, leyendo el diario. Parece que tú mismo lo comentaste, que mientras sucedía el estallido ya habían sacado la canción del estallido.

También lo comentaba con un periodista de CNN hace unos días, en el contexto de los libros para lo mismo: ya debe estar por salir el libro «El fenómeno Jeannette Jara». 

Claro, analizando algo que no tienen idea todavía cómo es.

Igual hay público para eso, consumir lo instantáneo, aunque a los tres meses ese libro se olvide.

Sí, es una onda. Entiendo que hoy todo funciona más bien así, como Tiktok. Todo ahora es agregar contenido. Como las películas de Netflix, que hasta pueden ser buenas, pero a la semana nos olvidamos de qué se trataban. No les interesa si es bueno o es malo, les interesa llenar de «contenido». La cosa es que esté, eso es lo importante. La gente en Tiktok se queda mirando cualquier cosa. Y, de repente, dice «chuta, qué estoy haciendo aquí, llevo 2 horas mirando esto y no me dice nada». Y, lo peor, es que nunca te va a decir nada.

Hoy el artista no solo debe pintar o hacer una canción, también debe generar contenido. Una foto en el restaurant, en la playa, tomándose un helado o en el ensayo de la canción. No solo tiene que ser artista, sino influencer. Y ahí, varias veces, pareciera que los que son buenos para generar likes fueran mejores artistas.

Sí. Incluso, a veces, imagino que los compadres tienen que parar el ensayo para pintar un mono para subirlo, porque se están vendiendo pocas entradas. Entonces, no ensayan tan bien. Y que la tocata salga bien tampoco importa tanto como que la gente vaya y consuma. El resultado artístico da lo mismo. Que se equivoquen en el concierto no importa. Ahora, si se equivocan y les sale mal, igual los van a hacer mierda y nadie va a pensar que no tuvieron tiempo para ensayar, porque estuvieron ocupados en hacer que la cosa pareciera buena. Aunque, la verdad, siempre fue así: preocuparse que algo parezca bueno antes que sea bueno.

Prensa y fans

Contreras dice otra cosa interesante, al final de su columna: «En una era en que se facturan canciones con prompt, aquí hay un creador que persiste en el retrato de su interior»

Lindo comentario. Y no es talla, varios escriben las letras hoy con inteligencia artificial. Y yo estoy lejos de eso, no por una cuestión filosófica, sino porque no la necesito. No necesito que una cosa me dé ideas. Las tengo de sobra. Siempre las tuve.

Tampoco estás haciendo lo que se debiera hacer, por decirlo de alguna manera.

Es que eso pasó desde Los Prisioneros. Nosotros estamos ahí en el rock latino por la época, pero por música no tiene nada que ver. O sea, «Muevan las industrias» no tiene que ver con Valija Diplomática en sonido. En cambio, Valija, Upa! y GIT son parecidos. Tienen algo en común, como el tamborcito típico de los ’80.

Tambor que muchos ligan al de Charly García, al de Willy Iturri. Tú decías que era el The Cars, ni siquiera de Charly.

No, ni siquiera. Es el The Police, que pienso que ellos debieran ser juzgados por el tribunal de la música internacional, por crímenes contra la humanidad musical. Nos legaron a Os Paralamas do Sucesso y Soda Stereo, que todo bien hasta ahí, pero también a Maná y GIT.

El famoso tambor de Charly era el que conocimos por The Cars, un tambor con gate que sospecho que ellos eran los únicos en usarlo. Era un efecto de la época y era el que yo quería usar para «La Voz de los ‘80», pero Panchito dijo «yo no tengo ese efecto, es muy caro» y se las ingenió con el sinte y ahí me di cuenta que tenía recursos, porque perilló algo que no tenía ninguna otra banda. Entonces, la caja sonaba como nadie. Y, de quienes nos escuchaban, yo creo que no es que a muchos les importara el sonido más allá de mis letras. Pero, con el tiempo, le van a tomar valor al sonido. Supongo.

¿Leíste algo de lo que se comentó en los medios?

Poco, casi nada. La Colombinita estaba contenta con lo que pasó, con los comentarios.

Se ha hablado de lo indie que puede sonar Bandcamp, quizás, comparando con otras plataformas más populares para escuchar música, como Spotify. Entiendo que es gratis y llega más directo el dinero a los artistas. ¿Por qué eliges esta plataforma? 

Me la recomendaron amigos músicos e investigué un poco. Suena muy bien. Spotify no tengo. Parecía una buena idea y hasta aquí ha resultado bien.

Lo bueno es que no es un disco, puedes retirar pistas si quieres, o reemplazar un audio por una mejor versión.

Sí, eso es bueno, al no ser un CD definitivo. Pero, hasta ahora no ha sido necesario, estamos contentos con los que está. Y no creo que le metamos mano. Hay tanta cosa nueva a la que meterle mano antes que a lo antiguo, que no tiene sentido.

Se asume, entonces, que seguirán subiendo cosas, pero sin una obligación de temporalidad.

Sí, por ahora está esto y vamos a ir viendo.

Acá escuchamos instrumentales y algo de voz. ¿Se vienen más cosas vocales?

Sí, las hemos estado haciendo y, principalmente, canto yo. Y no me acuerdo muy bien, pero creo que ella también hace coros en algunas partes.

Es gratis, pero en un momento te dice algo como «ya has escuchado harto, ahora es mejor que la compres».

No sé bien cómo funciona, pero sí sé que hay gente que ha comprado porque te llega un correo como «felicidades, te han comprado la canción». Y es bueno eso, porque las personas pueden tomar contacto contigo y te escriben «qué bueno, maestro, que esté haciendo nueva música». Lindo! Ahora, igual a ratos es incómodo cuando te escriben para saludarte y decirte, además, «queremos que escuches nuestra música en Spotify». Otros te invitan a participar en tal cosa. Algunos te piden revisar sus proyectos. ¿Cómo les digo que no tengo tiempo? Un día, un compadre me mandó unas preguntas y yo, gentilmente, me pegué la molestia y se las respondí, y el huevón no me dio ni las gracias y sumó más preguntas. Ese ya piensa que es mi amigo.

Es complicado lo público, sobre todo hoy con tanto acceso a comunicarte con la gente. O sea, yo, que no soy conocido, pero hace unos días di una entrevista sobre «Las Voces de los ’80, Volumen 2” y entre la gente que me escribió luego de escucharme en la radio, alguien me decía que tuvo un grupo en esos años y que lo considerara para un futuro libro. Su estilo y su carrera no estaba en el rango de lo que a mí me interesa como objeto de estudio, y se lo dije súper elegante, y me gané, de la nada, un enemigo. «Pensé que eras más serio», me escribió.

Con Los Prisioneros nos pasaba lo mismo, y terminaban con la frase «yo pensé que eran más sencillos».

Antes, elegiste desde Fotolog a MySpace, donde hiciste contactos y se generaron colaboraciones.

Es que la verdad, siempre he estado conectado, más bien, al computador. Yo fui, probablemente, el primer músico de Latinoamérica que trabajó con computador en la música popular. El primero que apostó acá a que esto iba a cambiar el mundo. «Esto va a mejorar, se va a volver más barato y a todos les va a convenir pronto», y ese pronto llegó.

De acuerdo a lo que hemos conversado, hace unos días, en una nota de televisión para CHV, me atreví a decir que estas no eran canciones, refiriéndome más bien a que son ejercicios de improvisación, sin ánimo de promocionarlas como canciones ni menos como un disco digital. 

Bastante certero el comentario.

Más allá de ser ejercicios como parte de tu recuperación, al subirlo a una plataforma pública en algún momento se filtraría a la prensa. De hecho, tú comienzas a subir el 6 de julio y solo 10 días después aparece una nota en un diario, lo que generó una ola de comentarios y, por qué no decirlo, alegría entre tus seguidores.

Es una agradable sorpresa el que me den pelota.

¿Y podría pasar que se les ocurra un vinilo con un par de estos temas?

Existe la posibilidad, pero no está muy clara. Igual hay gente que hoy saca vinilos de bajo tiraje y los venden. Yo tuve un sello en Europa (Nice Cat Records) y vendía todo, pero todo eran 1.000 copias, lo que tampoco estaba mal. No te forrabas, pero tampoco salías para atrás.

¿Jorge González en vivo?

Alguien, con muy buena intención, puede decir «Que Jorge haga una tocata piola en un barcito por ahí, nada grande», pero la realidad nos puede decir que ese barcito se llena de prensa, mucho público y ya no sea un espacio tan cómodo. ¿Lo ves así?

No tengo en absoluto deseos de actuar y, aunque quisiera, no lo veo posible. Hay que arrendar un lugar. ¿Cuántos escalones hay para subir al escenario? ¿Va a estar iluminado cuando me suba? ¿Tendré que desplazarme ahí arriba? No puedo hacerlo. ¿Dónde me voy a sentar? Hay que arrendar buen sonido y buenos roadies, y son caros. ¿Quién paga eso? Son tantas cosas que no solo es decir «toquemos». No al nivel mío. Al nivel de una banda nueva, ok, porque si la cosa no funciona bien y el grupo es desconocido, no pasa tanto, pero en mi caso es diferente.

Yo puedo salir con un piano, por ejemplo, pero la gente va a empezar a gritar «canten Estrechez de corazón, canten Tren al sur». Charly y Fito son reconocidos buenos pianistas, pero igual no podrían presentarse solo tocando el piano. Le van a pedir «Nos siguen pegando abajo». ¿Tú crees que, si ponen un cartel que yo haré solo un concierto de piano, instrumental, la gente va a ir? O sea, ni siquiera sé si la gente se imagina que yo sé tocar el piano. Son varias molestias. ¿Y qué voy a ganar? Económicamente, nada. Y unos aplausos, nomás.

Así, suena inocente la pregunta, la verdad. En tu caso, no va a ser piola.  

Claro, a nivel práctico no se puede hacer. Y a nivel económico tampoco resulta, para nada. Tendría que gastar una fortuna. ¿En qué? ¿En que me aplaudan un ratito? Yo creo que una tarde gano más viendo algo en YouTube que tomándome la molestia de ir a hacer eso. ¿Para los demás? ¿Me debo realmente a los demás? Tendría que calcular que todo salga bien.

A ti gusta lo que está pasando acá en casa y ese resultado es lo que hoy estás dispuesto a  compartir digitalmente.

Claro, lo que hacemos con Colombina son improvisaciones. ¿Podemos improvisar realmente bien con toda esta gente mirando el teléfono y aburrida porque no estoy cantando? ¿Es conducente todo eso a una buena improvisación? Acá en casa nos sale lindo, porque estamos es un ambiente protegido. Todo bien ahí, pero con un montón de mirones cambia el ambiente. Cuando empezamos con Los Prisioneros, a mí siempre me dio la impresión que el público molestaba, porque no estaban haciendo nada, solo mirando. En varios conciertos yo les decía «¿para qué vienen, huevones, si no se vuelven locos ni aplauden? ¿Cuál es el sentido que estén ahí?».

Y, luego, ¿fue siempre así?

No, lo miro con perspectiva. Eso fue cuando comenzamos. La gente aún no se sabía las canciones. En tu libro «Las Voces de los ‘80»[2], Andrés Vargas de Engrupo recuerda que en una tocata que compartimos, yo me bajé del escenario diciendo al micrófono «huevones fomes». Pero, la verdad, ¿por qué se iban a volver locos así como así? Quizás, hasta sonó como el culo. Aparte, siempre nos estaban cachando la onda. O sea, ya me debo pegar con una piedra en el pecho que no nos tiraran cosas, porque a otros sí les tiraban huevadas y los abucheaban cuando comenzaron.

Más allá de las comodidades técnicas, hay algo que también resaltas, y es tu salud, tu estado físico. Pero, ¿tú te subiste más complicado a un escenario? Con un ACV de hacía solo unos meses, en el Movistar, en noviembre de 2015, por ejemplo. En esas actuaciones, ¿estabas consciente de lo que pasaba?

Yo creo que no. Yo creo que estaba un poco por la inercia, pensando en que iba a seguir una especie de carrera. Yo me acuerdo puntualmente cuando fue ese momento. Fue una vez que Alfonso Carbone me llamó apurado para que fuera a una entrevista, que tenía que ir y fui, y estaba Miguel y Gonzalo, y era en una radio. Y yo ahí me di cuenta que me costaba hablar y no sabía qué decir. ¿¡Qué mierda estaba haciendo ahí!? Me entrevistaban hasta de la tele. Y luego vio eso y no debía haber aparecido, me veo como el culo y hablo como orto. ¿¡Qué gano yo con estar ahí!?

En ese tiempo, también, hay una seguidilla de entrevistas que antes del ACV, quizás, no las dabas.

Yo creo que, en ese momento, no me daba tanto cuenta lo que Carbone estaba tratando de arañar. No sé si decir con la gallina de los huevos de oro, pero con lo que daba unas luquitas.

Por ejemplo, se habla que no entregabas una canción desde «Gracias» y si bien estadísticamente es así, no sé si también estabas claro haciendo ese esfuerzo, esos días.

Ese tema a mí no me interesó hacerlo. Fue más una movida de Gonzalo. Yo lo hice un poco por inercia, creo. Nunca más escuché esa canción. Estaba en una etapa que no sabía qué podía y no podía hacer. Cuando vi los resultados y lo que implicaba hacerlo, me di cuenta lo molesto que era para mí.

En definitiva, hoy estás consciente de todo, a cargo. Es algo que se genera de manera orgánica, simple y sin más objetivos que esto sea parte, también, de tu terapia físico-espiritual.

«Hasta aquí vamos bien dijo el gato, cuando venía cayendo del octavo piso y pasando por el segundo», dijo Nicanor Parra.


El periodista Emiliano Aguayo es autor de los libros «Las Voces de los ‘80» volumen 1 (2012) y 2 (2025), además de las conversaciones con Jorge González «Independencia Cultural» (2020) y “Maldito Sudaca» (2005), desde donde se extrajeron audios que sirvieron para la génesis del exitoso podcast «Necesito poder respirar» (2024).
Total
0
Shares
Previous Post

Carmen Ruiz y su conexión con Chile: “Me llevo mucha inspiración de acá”

Next Post

Creamfields Chile celebrará 20 años: revisa el line-up por día e info de tickets diarios