Fotografías por Gerardo Aliaga | @geraliagar
Para Carmen Ruiz, la cordillera no significó mucho cuando arribó a Chile por primera vez, invitada por Los Bunkers para ser parte de su MTV Unplugged con distintas tareas, en septiembre del 2024. Era de noche y su mente estaba puesta en otras tareas. Olvidó su existencia, hasta que una llamada de su madre la llevó a abrir las cortinas.
“Abro y empiezo a gritar de la emoción porque nunca había visto unas montañas tan gigantes, tan llenas de nieve. Empecé a gritar “no, no, no” y mi mamá decía: “¿qué te está pasando, hijita?”, cuenta Carmen, ahora ya más acostumbrada de ver los magníficos cerros nevados, especialmente en estos días de invierno.
Sin querer queriendo, Chile se convirtió en un país que amó rápidamente por su gente, los mariscos, los completos, la música, el pan y mucho más. Al cariño que fue sintiendo a bordo del tour acústico de Los Bunkers, Ruíz en los últimos meses también ha vivido lindas experiencias al poder compartir sus canciones y también junto con Yeni Tabasco & The Jalapeños, el espontáneo proyecto de cumbia chicha-psicodélica que armó una noche de marzo junto a Martín Benavides y Mauricio Durán.
A horas de su vuelo de regreso a México, Carmen Ruiz y sus creaciones tendrán un bautizo especial en Santiago, con una presentación junto a su banda e invitados en la Sala Master de la Universidad de Chile, este jueves 31 de julio a las 20 horas (entradas vía PortalTicket). Será una instancia ideal para conocer de cerca su curioso mix de rock, pop y raíces latinoamericanas que ha venido curtiendo en estos años, y que cada vez más suma nuevos oyentes en nuestro país.

-¿Cómo ha sido la experiencia de estar en Chile estos meses?
Pues, una locura. Para mí, es un regalo muy lindo poder estar allí en la foto gigante, y hablando de mi música, de lo que me hace vibrar y lo que quiero compartir musicalmente con la gente de Chile. Es de verdad un honor y un lujo.
-¿Cuando llegaste por primera vez, pensaste que ibas a poder mostrar tu música después de venir con Los Bunkers? Ya hay gente que te reconoce, te pide fotos…
Es rarísimo también, nunca lo esperé. Yo venía a trabajar y a compartir escenario con músicos que admiro y quiero. De repente, como que las estrellas se alinearon y yo tuve esta música lista, y con ganas de sacarla. Aproveché el lugar donde estoy también, dije: “Bueno, puede ser un buen momento” y también una semilla que, eventualmente, me haga regresar porque quise muy rápido este país. Para mí también fue importante compartir quién soy desde mi música y entender que había una conexión con la gente.
-¿Qué cosas te gustan de Chile y qué cosas te hacen sentir cercana?
Hay tantas cosas (risas)… ver la cordillera, lo máximo. De ahí, la comida. Pan, todo el pan (risas). Completos, lo máximo. Los mariscos, los erizos, me encantan, me vuelven loca. Luego, el sur fue muy revelador para mí. Mi madre es de San Cristóbal de las Casas, que es un lugar muy boscoso, con frío y niebla, y me recordó mucho ese lugar, que pasé muchos años en mi infancia. Entonces, también conecté con mi raíz.
Ahora estuve en Concepción y conocí San Pedro de la Paz. Anduve en la montaña y sentí una emoción: aunque estoy lejos, estoy cerca porque estoy caminando en un lugar que se parece, y fue como: “¡Ay, tengo una casa lejos de casa!”. Así lo sentí.
-En la gira del Unplugged, junto a Los Bunkers vivieron una especie de “campamento” donde se instalaban en una ciudad por una semana. ¿Cómo fue para ti ese tour por Chile?
Increíble. Conocer todos los tipos de paisajes. Nunca había ido a un mar tan helado, eso fue muy nuevo porque odio el mar, pero aquí fue: “¡Qué rico!”. Aprendí a querer el mar aquí. También, Frutillar es hermoso. Toqué con Martín (Benavides) en Talca y se llenó, así que sentir el cariño de la gente en distintas ciudades, poder conectar no solo gracias a Los Bunkers, sino también a partir de quién soy y mi mensaje musical, ha sido una sorpresa muy linda.

-Hablemos de tu música y tu nuevo single, “El Glitch”. ¿Cómo nació esta canción?
“El glitch” tiene un par de años. Es música que hice junto con un amigo, Andy Mountains. Él es mexicano y estábamos en un momento en que necesitábamos transmutar la energía que estábamos viviendo, pero a través de la música, porque estábamos en un lugar un poco triste, después de terminar cada uno una relación y querer ver las cosas desde otro ángulo. Yo empecé a hacer mucha meditación desde hace dos años y le decía: “Traigo como esta onda de los mantras”, como de querer estar en sintonía, mostrarme así con mis alrededores y no perder la calma, aunque pase un huracán afuera.
Esa canción salió casi como un mantra, pero uno que se celebra, que llega a lo profundo, que está dentro y afuera, y al final termina siendo una fiesta.
Esa cuestión del bonsái fue muy chistosa, porque llegó Andy y me dijo: “Oye, te traje unas semillas de bonsái”. Y yo: “No, un bonsái no son semillas, un bonsái se hace”. De ahí empezamos a hilar ciertos puntos: cómo la vida no solo llega y siembra, sino que hay que cuidar, dirigir y revisar cada tantito cómo va la plantita. Entonces, desde ahí fue como un bonsái no es un bonsái, las cosas no son lo que parecen, ¿no? Uno tiene que forjar su camino, uno tiene que darle forma, y de ahí nace esa canción.
-Esta canción, y otras recientes como “Sagrada Familia” y “Perra de Fuego” ¿serán parte de un nuevo disco?
No lo sé. Yo espero que esto sea como este cachito, y también fue una prueba para mí, de decir “¿por dónde va el paso siguiente?”. Son canciones tan distintas una de otra que también fue como una prueba, para ver con cuál me conecto más con la gente y cómo conecta la gente conmigo. Entonces, creo que más bien, a partir de estas canciones, voy a tomar una decisión creativa sobre lo que será mi próximo disco. Ahora que regrese a México toca machetearle a eso.
-En ese proceso ¿incluirías a la banda con la que estás tocando acá en Chile?
Pues, me encantaría. Sobre todo, me encanta trabajar con Martín (Benavides). Siento que es un genio musical, que tiene un bagaje de muchas gamas y estilos, le viene muy bien su mirada a cualquier cosa en donde él se para. Entonces, me quiero aprovechar un poco de eso (risas) y pedirle apoyo y ayuda, por supuesto. Además, vamos a estar mucho tiempo en México, vamos a tener espacio para entrar a los estudios y también que él conozca. Me encantaría incluir al Boris (Ramírez, baterista también de Cancamusa), que va a tocar conmigo ahora en el show y también reside en México. Por supuesto, me encantaría invitarlo.
Ese es el plan. Yo me llevo mucha inspiración de acá. Es un país que me encantó, sus paisajes, su comida, la gente, su manera de ser, lo amoroso que han sido y todo lo que me han entregado, eso también me llena como de inspiración para hacer nueva música e incluir también dentro de mi música, quién sabe, hasta una cueca. Con mucho respeto, eso sí.

-¿Y cómo surgió Yeni Tabasco & The Jalapeños, este proyecto más fiestero que pudieron mostrar en estos meses en Santiago y Concepción?
Bueno, La Yeni fue una idea de pura fiesta, o sea, puro echar fiesta entre Martín y yo. Los dos dijimos: “ay, hay que hacer algo en lo que estemos relajados, pasándolo bien y bailemos”, y salió durante la gira en México (de Los Bunkers). Invitamos a Mauri (Durán), él se prendió y puso el nombre a la banda. Empezamos a buscar repertorio que nos gustara y nos inspirara, y ahí lo anunciamos, como que dijimos que teníamos esta banda y de pronto, teníamos ya dos fechas y no habíamos ni ensayado (risas).
De repente llegaron y nos dijeron “tienen un show, van a tocar en el Beer Fest”. Y nosotros, “ok, hay que ponerse a trabajar”.
El resto de los grupos (del Bierfest) eran muy distintos, pero armaron como una víbora, donde todo el mundo se puso a bailar, y fue un gran debut. De ahí, empezaron a salir más y más, y bueno, cerramos esta etapa en Concepción, en La Bodeguita de Nicanor, que también fue increíble. Una locura. Ya hay cachitos de canciones, entonces también queremos aprovechar si logramos grabar un Ep y regresar con todo en el verano.
