Por: Patricio Pérez y Raúl Álvarez M.
Aunque tres lustros parecen toda una vida, las diversas experiencias por las que pasaron los integrantes de Fother Muckers en estos años hacen ver que la concreción de un nuevo disco después de tanto tiempo no pareciera imposible.
Si bien para Cristóbal Briceño volver con un disco a la altura de su pasado era una tarea titánica, al oír Así se Hace, el quinto trabajo de estudio del quinteto revela una evolución y una lucidez casi intacta. Las perspectivas cambian, las ideas no faltan.
Además de nuevas formas de encarar las canciones, tanto en letra como en música, el disco se diferencia de sus predecesores al haber sido grabado en mejores condiciones técnicas, en una serie de sesiones en el estudio La Salitrera, con el trabajo de Claudio Becerra y Chalo González detrás de las consolas, más la asistencia de Tomás Volker.
Grabaciones adicionales, especialmente las guitarras de Héctor Muñoz y Gonzalo Núñez, fueron registradas por Diego Peralta. Briceño y Martín del Real firman juntos como productores, en un proceso que comenzó en junio de 2025 y terminó en el invierno de 2026.
El lanzamiento oficial de Así se Hace será el próximo sábado 17 de octubre en el Teatro Coliseo (Metro Moneda) con entradas aún disponibles en Puntoticket. Luego repetirán la experiencia en Concepción (sábado 24, tickets acá) y Valparaíso (viernes 30, tickets acá).
En la fecha de Santiago y regiones estará disponible la versión en CD del disco editada por Valle Stereo que, aparte de las letras y el arte completo del álbum, esconde una sorpresa al final. Se espera que en los próximos meses se edite en formato vinilo.
¿Qué hay detrás de las 10 piezas de esta nueva obra de los Fother Muckers? Aquí, Cristóbal y Héctor develan el origen y las ideas detrás de cada una de las canciones, en este nuevo XTrack para LaRata.cl. Acomódese, nos guardamos pocos detalles de lo conversado.

Nada en este mundo
Cristóbal: Esa fue una canción que salió a partir de los castillos en el aire que nos armaron con el cambio de distribuidora. Supuestamente íbamos a ganar mucho dinero… Se habló de cifras siderales. Entonces, era la reafirmación de nuestro amor por la canción popular, más allá de su rédito. Pero, al final, no ganamos mucha plata, así que el mensaje queda reservado para futuros grandes negocios (risas). Por ahora, sigue siendo una fantasía y una promesa por cumplir: no hay nada en este mundo que cambie nuestro amor por la música.
No la trabajamos mucho como grupo; llegamos directamente al estudio a grabarla, en parte porque tiene caleta de acordes hueviados. Y como a esta altura de la vida no tenemos tanto tiempo para disponer, fue quedando para el final y así llegamos a grabar las bases con Simón en el bajo, Martín en batería y yo en guitarra.
Lo que sí hicimos con Martín, como productores, fue maquetar todo el disco nosotros dos. Entonces, había una maqueta, pero no con el arreglo completo. Ahora que la canción ya está lista, estamos trabajando al revés: nos estamos sacando el tema para interpretarlo.
Tampoco era la idea que fuera el primer track, pero creo que funciona porque tiene una introducción bien amistosa y hasta esperanzadora… Es como una cortina de bienvenida.
Héctor: La primera línea de la estrofa ya está empezando a contar algo. En lo musical, me agarró de inmediato. Me agradó mucho escuchar cómo iba quedando. Es una canción de muy buen talante, muy buen espíritu y tiene detallitos bastante especiales; uno se va dando cuenta al momento de la ejecución.
Cristóbal: No son los típicos acordes que solíamos hacer en su momento; ahora son hasta más jazzísticos, si se me permite. Lo que dice Héctor es cierto. El relato mismo es como el comienzo de un cuento. Yo siempre pienso que el primer track tiene que ser de los más fuertes, porque de eso depende que tú sigas escuchando el disco y con qué disposición.
Héctor: Cristóbal dice que es sobre la relación con la música, pero también puede ser vista como una relación amorosa o con otra persona.
Cristóbal: Claro, siempre nos cuidamos de dejar las letras lo suficientemente abiertas para que puedan ser aprovechadas en diferentes circunstancias y por diferentes usuarios.
Héctor: Y este track por track conspira contra eso. Pero es una canción muy oreja, muy buen single cuando la saquemos.
Cristóbal: A nuestro representante le parecía de los temas más fuertes, pero no nos hemos podido poner de acuerdo para el videoclip. Tengo una idea ambiciosa, ojalá la podamos llevar a cabo. Tiene que ver con invitar a un ícono de nuestra generación que quisiera honrar. Ella haría el papel de la música pop. Ojalá se dé.

Llévame a mi casa
Héctor: Fue el primer tema que trabajamos en la sala y ocurrió después de que abrimos para Pavement (mayo de 2024). Retomamos los ensayos y dijimos: «Ya, hay canciones que se pueden trabajar». Era algo que, pensábamos, no íbamos a hacer nunca; no estaba previsto hacer un disco nuevo.
Cuando la tocamos por primera vez, inmediatamente nos acomodamos con Gonzi (Núñez) de manera de justificar las tres guitarras. Hay una rítmica y dos haciendo líneas melódicas, muchas veces octavadas. Nuestro quinteto cada vez tiene más oficio, y eso se nota en cómo trabajamos los temas. Y en cómo los vamos a defender
Cristóbal: Como nunca, con mi señora —esto debe haber sido hace un par de años— nos tomamos unas vacaciones sin compromisos musicales. Pasa que siempre la llevo medio engañada: hago un par de tocatas, porque me gusta y para amortiguar costos, y buena parte de los viajes giran alrededor de eso, de prepararme y de tocar. Entonces, le dije que esta vez iríamos a Río de Janeiro pero sin canturreo. Pero un día antes de salir, vino mi abuela de Aysén y andaba estornudando y tosiendo. Me resfrié muy fuerte —debe haber sido una influenza— y estaba pa’ la cagá allá. Igual fui al Maracaná con tercianas; paseamos por la ciudad a duras penas, hice todo lo que había que hacer, pero lo pasé realmente mal. A los días cayó mi novia también.
Llegó un momento en que quería puro venirme. Me acuerdo de andar por el pasillo de uno de esos hoteles húmedos y oscuros del centro de Río, cuando se me ocurrió la letra, la melodía y, con fiebre, la grabé en mi grabadora. Llegando a Chile, le puse los acordes. Así nació.
En mi prime
Cristóbal: Creo que este es el tema al que le dimos más vueltas de cómo grabarlo y cómo arreglarlo. Es la favorita de Martín. Él tiene un sistema de prueba o de testeo de las canciones que es básicamente el entusiasmo de sus hijos; escuchan todas las versiones, desde los primeros demos, y ésta les encantaba. Cuando íbamos a refinar, le dije: «Martín, llevémoslo por acá mejor», y me dijo: «No, está bien así». Ahí me di cuenta que los niños ya habían dado su veredicto. Incluso, yo le había metido entremedio unos audios que la hacían un poco más experimental, pero se limpió y quedó como un tema bien directo, cortito
La letra es un jugueteo. Quizás la primera lectura es como de viejo bolas tristes de facebook que dice estar en su mejor momento. Quería que el título diera esa idea engañosa, como “volvimos mejor que nunca”. Pero si realmente la escuchas, te darás cuenta de que dice que aquellos años donde uno pensaba que estaba en plena batalla por validarse, esos eran los años de tu esplendor. Viéndolo pa atrás, volviendo al 2008, al «Justo y Necesario», sentía que eran discos bastante fallidos. Estaba muy lejos de lo que yo quería conseguir en cuanto a sonido; en realidad era lo que se podía hacer. Ahora, si soy riguroso, ese era el momento de mayor libertad e inspiración. La vida era mucho más sencilla. Hoy Simón tiene tres hijas, Martín tiene dos hijos y yo tengo mis dos hijos. Gonzi tiene dos hijas. Héctor es vano. En ese momento aún teníamos tiempo para aburrirnos, como dice la letra de otra canción, de juntarnos por el puro placer de tocar juntos y darle nomás. No había una opinión pública formada sobre nosotros. No había límites.
Héctor: Ha sido rico trabajarla en la sala definiendo los roles de cada uno con lo limpia y despejada que tiene que ser. Los acordes son super abordables, es un tema que todo el mundo puede incorporar, por eso entiendo que a Martín le guste. Menos es mejor.
Cristóbal: ¿Menos es mejor? ¡Una nueva frase!
Creo que nuestra concepción de la originalidad tiene que ver con, justamente, ir al origen, a la matriz, digamos. Tengo la sensación cada vez más recurrente, cuando escucho escucho canciones o veo películas de hace medio siglo, que ellos vivían en el futuro y nosotros somos los que estamos en el pasado, que el tiempo realmente no es lineal como parece. Ni hablar de los libros, lees algo de hace 200 años y tiene un desarrollo intelectual hoy impensado. Entonces, ese tipo de obras todavía son una meta por alcanzar. Espero que eso no nos transforme en retrógrados, aunque en realidad me da lo mismo. Yo quiero hacer cosas bien hechas, útiles, que duren.
Es divertido pensar que para avanzar haya que retroceder. O cavar. Y pensar en culturas milenarias que disponían de tecnologías hoy olvidadas.
De nuevo
Héctor: Esta es la segunda canción que vimos para este disco y tiene ecos de una maqueta que Cristóbal hizo con Pablo Celis (Grupo Crisis).
Cristóbal: Sí, la grabé con él en su momento y quedó guardada. Era una maqueta súper competente, pero no supe dónde ponerla. Cuando estaba recopilando material para Fother Muckers, me pareció que venía bien.
Héctor: Es dinámica y tiene esa coda que la cambia por completo; son como dos canciones en una. Creo que la gente la recibió bien desde que empezamos a tocar estos temas nuevos, a partir de agosto de 2024. No te diría que la hacemos a ojos cerrados, pero sí que es un tema seguro, muy apretadito. Eso también se refleja en la grabación, porque Gonzi (Núñez) y yo registramos nuestras guitarras después de que los chicos grabaron las bases, y fue bastante expedito.
Cristóbal: La letra habla de un reencuentro, así que caía de cajón en el disco. Aunque, sobre lo que dice Héctor de la recepción del público a los temas nuevos, esa es una de las muchas señales de que estamos viejos. Ahí me doy cuenta: hagamos el tema que hagamos, no vamos a recibir una respuesta entusiasta como la que tienen las bandas nuevas. Es así. Tiene que ver con una cuestión generacional, de abrazar tu reflejo. Pero es una señal de sanidad biológica, también.
Héctor: La nueva generación se crió de otra forma. Pasó una parte fundamental de su formación en pandemia, juntándose por Zoom, así que lo único que quiere ahora es hacer catarsis, desahogarse.
Cristóbal: Entendemos que lo que uno pueda hacer pasados los cuarenta no tenga el impacto inmediato que tienen las cosas de los jóvenes. Hay que vivir con eso y no dejar que te nuble: ni para pensar soberbiamente «Ah, estos pendejos, ¿qué saben? Yo sé lo que es bueno», ni tampoco para deprimirse porque no obtienes retribución inmediata. En realidad nosotros nunca gozamos de retribución inmediata. Hoy se mide este nuevo disco contra nuestros discos antiguos, como si fueran sagrados. Y en su momento no los pescaron mucho.

La banda que me gusta
Héctor: Es un tema punketa puro, una delicia. Tenía que ser compacta, lo más cruda que se pudiera. ¿Qué más crudo que una canción que dura 1 minuto y 40 segundos?
Cristóbal: Aunque si es punk, es un punk de escuela disciplinada, tipo Los Ramones o Los Prisioneros, eso de tocar bien preciso y que las partes estén estrictamente definidas. Seguro será uno de los temas entretenidos para tocar en vivo.
Ser chileno te somete a un estrés constante de andar a la defensiva. Yo no sé si habrá un país que no sea así, pero querer participar de la vida pública de Chile te lleva a un límite emocional. Eso explica la alta deserción en general: la gente que se expone en Chile se resiente muy fácil, y se rompe más temprano que tarde.
Yo sigo aguantando. Lamentablemente, eso impacta en las letras, que son cada vez más confrontacionales. De a poco me voy dando cuenta y lo iré soltando, cuando sea el momento. Pero me doy cuenta de que tengo el cuero tan duro que creo que he asumido un papel de… —sé que esta palabra es delicada— «protector». Protector de mí mismo y, sin que me lo pidan, de aquellos que veo recibir palizas.
Por eso estos días he hablado de Leo Rey y Alexítico, porque me resulta imposible no empatizar con alguien a quien le están sacando la chucha. Y más cuando se trata de un alma sensible, más allá de cuáles hayan sido sus costumbres financieras. La gente, con una liviandad insólita, lo hace mierda y lo arrastra por el suelo, y él es un chico que siempre ha sido tímido, no tiene las herramientas para defenderse.
Ese matonaje, aunque duela, es fantasmagórico. Es una violencia invisible. Porque piensa en Hesse Kassel o Candelabro, que reciben gran cantidad de agresión gratuita por internet y sus conciertos están repletos. Pero bueno, sea como sea, es imposible no sensibilizarse con el ataque de una turba, que me parece lo menos viril del mundo. Todos contra uno. No me puedo abstraer, ni mucho menos unirme.
Aunque la canción tampoco se toma tan en serio; es una canción para divertirse. En el fondo todo me importa una mierda (risas). Somos insignificantes en el cosmos, disfrutemos. Y tiene frases que me parecen muy divertidas de escuchar, como «No tienes la más puta idea de nada», que es un verso que voy a recontra disfrutar cantando, o la palabra «mugre», que no aparece tan seguido en canciones. La gente la va a gozar.
Más viejo es el viento
Cristóbal: El disco tiene un lado A, que es de golpes de efecto, de impacto inmediato y un lado B que es más reflexivo. Este tema abre el segundo lado.
Héctor: También estaba en el lote de canciones que no alcanzamos a trabajar completamente como banda, pero ya tenía ese aire medio western que nos encanta. Se podían hacer cosas entretenidas con ella, y finalmente resultó ser una narración poética… Yo la encuentro muy poética. Lo que canta Cristóbal, y el hecho de tener tres guitarras para los varios arreglos y detallitos, hace que el mensaje quede súper claro. Creo que el video también la complementa muy bien.
Cristóbal: La hice específicamente para esta formación, con guitarras gemelas, algo que se repite a lo largo del disco. Con Héctor y Gonzi (Núñez) acordamos un lenguaje en el que casi todos los riffs están doblados en octavas. Si piensas en «De nuevo», «Llévame a mi casa» o «Pino no es caoba», las líneas melódicas de las guitarras están a una octava de diferencia, sonando al unísono. En esta canción la armonía es en tercera, pero de todos modos conserva esa ética de guitarras gemelas. Creemos que esa es una de las propuestas sonoras del disco.
También le dimos más espacio a Gonzalo. Queremos que se sienta parte, por eso empezó a aparecer más en las fotos. Hubo muchos años en que él nos apoyó y no salía de las sombras. Aunque igual está en la portada del “Justo y Necesario”. Lo que pasa es que es de los puertomontinos moderados y ubicados; nunca nos pidió salir. Pero ahora queremos darle más responsabilidades. Hasta le sacamos la polera para un video.
La letra es identificar en qué momento de nuestra vida estamos. Si piensas en las bandas que nos encantan, sus mejores discos están hechos entre los 20 y los 30 años. A veces uno se pregunta: ¿por qué sigo haciendo esto?, ¿será que soy adicto?, ¿lo hago por dinero? ¿por la comida gratis? Personalmente, siento que lo sigo haciendo porque amo las canciones, pero eso no le resta ni un solo día a la fecha de mi carnet. Yo no quería hacer un disco que no se hiciera cargo de que han pasado 15 años, y volver en patineta con la gorra dada vuelta. Para mí, esta canción es medular y anuncia la entrada de los caballeros.
Héctor: En algún momento, fue el primer track.
Cristóbal: El disco se iba a llamar «Más viejo es el viento», hasta que Martín me atajó y me dijo que no le tincaba la idea de promocionar una gira que se llamara «Viejos de mierda» (risas). Le traté de explicar que ese no era el sentido pero, como siempre, cedí ante él, porque esa es nuestra manera de trabajar. Si a Martín no le gusta, hay que buscarle la vuelta. Él es el que tiene el mejor gusto… ¿o no, Héctor?
Héctor: Es un buen editor Martín. Tiene un buen rol de editor dentro de la banda.
Pino no es caoba
Cristóbal: Es una canción que ha crecido en nosotros. Era de las más bajo perfil del disco y, sin embargo, ya grabamos un videoclip de la canción, porque a Guillermo de The Motor Management le encanta y la empujó.
Es un tema rarísimo en cuanto a estructura: no tiene verso-coro-verso-coro. Es extraña; hay algunas partes largas en donde quien canta son las guitarras. Después tiene esta salida que es medio Wilco, algo con lo que hemos coqueteado siempre. Wilco fue la banda fundacional de mi relación con Héctor. Es inevitable volver a esos pasajes donde la canción se comprime y sale jugando para otro lado por medio de un tejido de guitarras.
Héctor: Yo creo que la paleta de Wilco ha salido en diversas formas, y acá se dio natural.
Cristóbal: La letra es un poquito arrogante, pero siempre desde la ligereza. Aquí llegó papá mono a contarte la firme. Es un hueveo. Y es tan cortita que me di el gusto de trabajar bien cada verso para que fuera lo más consistente y sólido posible. También tiene cierta floritura estructural —esto es más técnico—: la letra decanta en un verso al centro que funciona como pivote, textual y musical. Es la figura del peón que cruza el tablero y se transforma en reina, un movimiento básico del ajedrez que me enseñó mi papá en Copequén hace 35 años. Me llamaba mucho la atención que el peón, en apariencia la pieza más débil, si lograba cruzar el tablero podía volverse la más poderosa.
Si tú pones esa idea en la estructura social humana, es mágica. Justo cuando la canción viene contando de un trabajador que en la micro piensa que realmente lo que le carcome el espíritu no es la jornada en sí, sino las dos horas para llegar y las dos horas para volver de la pega, la canción utiliza la figura del ajedrez: no solo se transforma el obrero, sino la canción en sí. Tiene un cambio real, un sentido de realeza y coronación.
Prehistoria
Cristóbal: No quiero decir que fue un capricho, pero sí fue una empresa personal incluir esta canción en el disco. No noté a la banda especialmente entusiasmada con ella, también porque fue una de las últimas en entrar, entonces las tropas ya estaban medio fatigadas, pero tengo una intuición fuerte respecto a este tema.
Héctor: Trato de recordar el momento en que Cristóbal empezó a mostrar esta canción, pero queda enterrada en los recuerdos de ensayo. Mi sorpresa mayor vino al escuchar la base y me enganchó al tiro. Es una de las canciones que mis múltiples repasos al disco antes de que estuviera listo seguía pegada en mi cabeza. Es su estructura, atmósfera y ese juego suave-fuerte-suave. Está en nuestra crianza y respondemos.
Cristóbal: De nuevo toca tópicos que se exploran abundantemente en el disco, como la nostalgia, la revisión y el cansancio, con una vocación melódica a toda prueba. Tiene, como dice Héctor, la forma calma/tormenta que es típica de nosotros y típica del llamado indie… que quizás nació con los Pixies, que usaban mucho eso de algo tenue que se transforma en una patada en el hocico.
Héctor: Estoy esperando con ansias el momento de estrenarla en vivo con la banda, creo que será un gran momento de comunicación con el público. Los arreglos octavados, y un cambio que pareciera salido de lógica pero acá funciona impecable, el desprendimiento al cierre de cada coro, la rima poética que alcanza Cristóbal. Gran momento en el disco y, espero que en los shows.

Si lo quieres de verdad
Cristóbal: Es el tema más friki. La intro sola tiene como 20 mil acordes y fue de los primeros que trabajamos, pero se fue quedando rezagado en cuanto a atención, en desmedro de «Llévame a mi casa» o «De nuevo». El comienzo me recuerda un poco a las aventuras medievales de Ariel Pink, pero con accesos más comerciales en los versos. Luego tiene unas secciones que hasta podrían parecer rock brasilero.
Héctor: No sé si se acuerda Cristóbal, pero el coro tarareado lo mostró cuando íbamos camino a Concepción a tocar en el REC. Y eso fue a una semana de que en el camarín del Trotamundos de Quilpué habláramos de la extraña y prácticamente imposible posibilidad de hacer un disco nuevo, a la altura de la obra previa, para una banda que había tenido una pausa de una década. No lo teníamos contemplado, simplemente pasó. Cuando en la sala logramos armar su estructura y decidir cómo cerrarla, fue de esos momentos que atesoras para siempre.
Cristóbal: El mensaje es una amenaza. Suena como una canción motivacional, digo, espero que lo sea. «Si lo quieres de verdad, y das lo mejor de ti. Si lo quieres de verdad, será tuyo». Entonces, ¿por qué es una amenaza? Porque también hay que ser cuidadoso con lo que se desea. No sea que suceda. Muchas veces uno prende fuego, arde, y después hay que hacerse cargo. Esta misma vida errante y hermosa de la música, cuando te funciona y encuentras un público que te permite sostenerte, también tiene un costo. Sin ninguna intención de victimizarnos, hemos tenido que saber asumir eso.
Héctor: En esta canción todos tenemos nuestro momento y creo que en vivo solo la mostramos una sola vez, en Le France de Chillán. Ah no, también en RBX. Espero que vuelva pronto a los sets. Y en esta es donde quedan bien marcados los diferentes roles de guitarra que estamos asumiendo en esta etapa de la banda. Hay rítmicas que antes no estaban presentes, guiños y detalles que mantienen el interés. Es una canción compleja y deliciosa.
En el infierno
Cristóbal: Evidentemente es una canción de clausura, o pretende serlo. Es la única que tiene la voz levemente distorsionada, algo que probamos con Claudio Becerra (La Salitrera) cuando la grabé. En general, empujé a Claudio, que fue el guardián de todas y cada una de las sesiones de grabación y mezcla, a formar parte artística del disco. Creo que la distorsión y modulación del sonido y sus frecuencias es parte fundamental del carácter final del “Así se Hace”.
Hicimos muy buenas migas con él; fueron muchos los almuerzos y las risas compartidas. No habíamos trabajado en un estudio profesional desde «El Hombre Puede» (Ases Falsos, 2016). Entonces, fue mi caronte, mi barquero, y estoy muy agradecido. Creo que él es la clave de que esto haya salido tan bien como salió.
Héctor: Maravilla de canción. Mucho más delicada que otras, fue entretenido dar con arpegios que acompañasen a los extraños cambios de acordes y el cambio de atmósfera que da paso al ruido que va en mi línea de guitarra. Da un buen cierre a una colección de canciones que parece un viaje.
Cristóbal: La letra juega con la teoría de que el infierno no está impregnado de maldad, sino de estupidez. Si existen verdaderamente los malos, los inequívocamente malos, cosa que cada día parece más posible, no están en el infierno. Esa es parte del triunfo del mal. Que viven a toda raja. Pero, sin embargo, es necesario mantener las calderas encendidas, y a sus operarios imbecilizados. Comprendo que no somos los primeros en experimentarlo, pero quizás nunca el mundo lo había escuchado a través de una caja de resonancia tan grande como la de hoy.
Antes la estupidez estaba un poquito más escondida en nuestra intimidad, ahora hay un orgullo por restregar tu ignorancia en la cara de los demás. Es algo que llega a doler físicamente. Como mi propia estupidez ha de doler a otros.

Sangre correr (exclusivo de su edición en CD)
Cristóbal: Temón. Es más disfrutábamos tocar, menos Martín (risas). Tuvo desde el primer momento una gran resistencia, que solo creció cuando insistí en que no podíamos grabarla con click.*
*Nota de la redacción: se refiere a registrar la canción con metrónomo o una señal sonora constante que marca el ritmo y la velocidad exacta (BPM o pulsaciones por minuto).
Cristóbal: Sé que eso lo desarmó. Si fuera por mí, un disco de banda no debería grabarse con click, pero sé que estoy pasando por alto muchas cosas. Que para eso habría que llegar mucho más ensayados. Y Martín es previsor.
Héctor: El camino de un disco es algo que no puedes controlar al 100%. Hay cosas que simplemente suceden. Fue una de las primeras que trabajamos, con Gonzi dando en el tono con la línea de la intro y, casi sin quererlo y como buen baterista que también es, con un tempo propio que seguimos con aplomo.
Cristóbal: La canción quedó más flotante en su ritmo y respira más. También tiene varios cambios de tiempo dentro de sí misma; es más caótica. Aunque se pensó en dejar el tema afuera, empezó a agarrar vida con la mezcla y, al final, me parece uno de los más inspirados del disco.
Héctor: Otra canción que tiene partes recónditas y juegos entretenidos de llevar a cabo. Arreglos entrecruzados, atmósferas más oscuras si se quiere. Pero con un cierre que te revienta en la cara, como si fuese una ola que se recoge para volver con más fuerza.
Cristóbal: Luego le propuse a Martín «ok, entonces lo vamos a poner de regalo para el CD», que es algo que pasaba harto en en los noventa: había muchos discos que al final venían con un silencio, y uno decía: «A ver, a ver, a ver… ¡Ahhh!», y era un tema extra, un bonus track o pista oculta que se llamaba. Era como un secreto que el músico compartía contigo, una travesura de la cual te hacía parte. Me parece entretenido ahora lograr esa misma complicidad cuando alguien compre el disco. Al menos con la gente que no lea este artículo. Tiene una de las letras más significativas para mí y, por lo mismo, me gusta que esté escondido.
Héctor: En vivo crece mucho. Que bueno que la van a poder encontrar en el CD.

Ficha técnica
Producción musical: Martín del Real y Cristóbal Briceño
Mezcla: Claudio Becerra
Master: Chalo González
Grabado en Estudio La Salitrera
Grabaciones adicionales de guitarras en Estudio Subacuático por Diego Peralta
Mezclado y masterizado en GMasters
Terminado el invierno de 2026
Publicado el 6 de octubre de 2026
Canciones por Cristóbal Briceño
Arreglos por Fother Muckers
Fother Muckers son:
Héctor Muñoz – guitarra
Gonzalo Núñez – guitarra
Simón Sánchez – bajo y coros
Martín del Real – batería y coros
Cristóbal Briceño – voz y guitarra
Agradecimientos a The Motor Management
Fotos de la nota: registro de la banda, @r.vasquezlemus y @j_cmaturana