Vice (Más allá del poder): en el país de los ciegos, el tuerto es rey

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Llegué a esta película con un leve prejuicio por el tema que trata. Resulta complejo engancharse de un film que narra hechos tan alejados a la realidad del espectador, con personajes que aluden a una idiosincracia estadounidense que, por lo general, media con una visión sesgada que tenemos en América Latina.

No obstante, lo interesante de Vice (2018) va más allá de sus referencias a la política de Estados Unidos. La película, dirigida y escrita por Adam McKay y protagonizada por Christian Bale y Amy Adams, cuenta la forma en que Dick Cheney (Bale) pasó de ser un “don nadie” a convertirse en el vicepresidente de los Estados Unidos durante el período de George W. Bush.

Retomando la idea del párrafo anterior, lo interesante de esta premisa pasa por el recorrido de Cheney hacia ostentar el poder. En esto coincide con cualquier historia de superación de un personaje público. Ya sea el deportista pobre que alcanzó la gloria o el músico que pasó de tocar en el humilde bar a los grandes estadios. Sin embargo, el ingrediente que le da sazón a este cuento mil veces contada es el sentido de sátira dramática que toma la película.

El film, en rigor, fluctúa entre la comedia política y el drama. Es una película sumamente crítica pero que no cae en una majadería panfletaría, sino que utiliza los hechos narrados para disparar con una acidez que bordea el ridículo. Esto se puede ver en el desfile de asesores y funcionarios despreciables pero necesarios; y en especial, en un George W. Bush (Sam Rockwell) que es representado como un hombrecito absurdo, inseguro y manipulable. En contraste a esos personajes está el astuto Cheney, que mediante marañas e intrigas políticas escala en la pirámide del poder del Partido Republicano.

El papel de Bale es notable, tanto en la transformación física como en lo estudiado que fue el personaje para lograr una representación honesta. El trabajo de Amy Adams interpretando a la esposa de Cheney, Lynne, también es un punto alto, siendo la responsable de dar vida a la mujer que moldeó la ambición de Cheney. Ambos actores lograron encarnar el lado más dramático de la cinta, representando las contradicciones políticas y emocionales de sus personajes. Mención honrosa a Steve Carrell, quien interpretó un personaje a su medida, se le ve muy cómodo en pantalla.

La película se fortalece con un buen guión y pausas narrativas que ayudan a comprender más a profundidad la historia. En estos momentos se alternan imágenes de televisión que permiten dar a entender el impacto global de lo que ocurre en la Casa Blanca y en la vidas de Dick y Lynne.

Sin embargo, la cinta también muestra algunas debilidades. A ratos el ritmo se vuelve algo cansino, pasando por altos y bajos en relación a este tópico. También ha ratos se satura de información al espectador con personajes casi incidentales, siendo un par de ellos (además de los protagonistas) relevantes durante casi todo el film.

Finalmente, Vice es una película de crítica política solapada en un biopic. Resulta entretenida aunque falla en algunos aspectos recién nombrados. Para el público no familiarizado con la cultura política estadounidense es incómoda de ver a momentos, dada la carga de referencias a ese tópico. Sin embargo, es una cinta disfrutable si atendemos a su centro: las artimañas políticas de Dick Cheney para ser rey en un país de ciegos.

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