Swans en Chile (03/08/2016): Comunión noise

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La noche del 3 de agosto resonará por un buen rato para quienes asistieron al Teatro Nescafé de las Artes a presenciar el debut de Swans en tierras chilenas. No solo por el alto volumen, si no por la experiencia que significó estar frente a un grupo de músicos tan entregado a sus obras, tan preocupados de que su propia técnica y talento jueguen en función del noise, del ambient. El concierto fue a partes iguales avasallador, emocionante, íntimo y apocalíptico.

Con casi 15 minutos de retraso subieron al escenario uno a uno los integrantes de Swans, mientras caían los aplausos de las casi mil personas que llenaron el teatro. Al último salió Michael Gira, un showman como los hay pocos en el rock. Mientras el frontman tradicional hace gala de su pinta, de su voz o su carisma para mantener al público enganchado, Gira trabaja en otro plano. Más que líder de la banda, su rol es el de un director de orquesta: ubicado en el centro del escenario, con los otros cinco músicos mirándolo en todo momento, se encarga de llevar las intensidades con los movimientos de sus brazos, su cuerpo, sus pies. Cada golpe, cada subida, cada final, cada pausa está dirigida por algún gesto suyo.

La cita comenzó con una extraña mezcla de The Knot, canción inédita, y No words/No Thoughts, tomada del primer disco de Swans luego de su “muerte”. El comienzo vaticinaba lo que venía: Swans se toma muchas libertades al momento de interpretar sus canciones en vivo, tanto sonora como estructuralmente, y muchas veces da la sensación de estar viendo a un grupo de músicos improvisando en el escenario y no a una banda tocando sus éxitos. El reemplazo de su percusionista Thor Harris por un pianista para esta gira también ayudó a que las canciones se sintieran muy distintas de su versión estudio.

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El ambient de The Knot se extendió por más de 20 minutos, durante los cuales la intensidad de la canción subía y bajaba, generando un extraño ambiente de comunión entre la banda y su público. Esta sensación se repetiría en cada uno de los extensos pasajes ambientales; en silencio, casi sin moverse, todos aguardaban en sus asientos mientra las guitarras cortaban filosas por sobre la mezcla y el bajo hacía vibrar todo el teatro.

Sin dar respiro, tras The Knot vino Screen Shot, mucho más directa que su predecesora, y una vez que la voz de Gira apareció fuerte y clara por encima del resto de los instrumentos fue que todos entendimos que sí, ese iba a ser un show muy ruidoso.

Durante la semana, la productora recomendaba a los asistentes llevar tapones para los oídos. Lo cierto es que, si bien el volumen fue muy alto, nunca llegó a ser molesto y la mezcla permitía apreciar cada instrumento a la perfección (lejos de lo que ocurrió con Julian Casablancas en Lollapalooza Chile, por ejemplo). En una entrevista a Vanity Fair a principios de este año, Gira explicó que sin el volumen alto hay ciertos armónicos que no se aprecian y que son necesarios para experimentar correctamente la música que interpretan. Lo que Swans busca no es generar emoción fácil a través de algún recurso musical, sino crear estados de percepción distintos abusando de la repetición. Logran crear en el espectador momentos de verdadera angustia, de desesperación, incluso de adrenalina.

Entre canciones, Gira se limitaba a saludar a los presentes, manteniendo una respetuosa distancia con su público. Cada canción era una experiencia por sí misma, y no quería quebrar la atmósfera hablando más de lo necesario. De todas formas, instó al público de la platea baja a dejar sus asientos y ubicarse de pie junto al escenario, y evitó que un fanático subiese a saludarlo con un enérgico “No! Get the fuck out!” que causó risas en todo el teatro.

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Cloud of Unknowing y Cloud of Forgetting, ambas pertenecientes su último disco, dieron espacio para que el baterista Phil Puleo mostrara su virtuosismo, manteniendo rápidas figuras rítmicas por períodos de tiempo muy extensos. A su manera, todos los miembros de Swans ponen al servicio de la música su virtuosismo, rara vez destacando por sobre el resto.

Tras otra mezcla de canciones compuesta por Some Things We Do y The World Looks Black, llegaría la última canción: The Glowing Man. Nuevamente con una versión un tanto distinta a la orginal, la casi media hora de despedida de Swans dejó a todo el público feliz, cansado y sobre todo, satisfecho. Tras casi dos horas y media de show, difícilmente alguien quedó con ganas de oír más.

El único punto bajo de la noche vino dado por un tema que hace tiempo se ha hecho presente en los conciertos de la capital: la impuntualidad del público. A las nueve de la noche, la hora acordada para el comienzo del show, la platea alta -cuyas entradas se habían agotado el día antes- estaba apenas a la mitad de su capacidad. Incluso terminado el primer tema (casi media hora dentro del show), mucha gente seguía entrando al teatro y ocupando sus asientos. Cuando se trata de un estadio o arena, claramente no es un problema, pero en un teatro se vuelve muy molesto.

De todas maneras, ninguna trivialidad podría haber opacado la feroz entrega de Gira y sus muchachos. Dos horas y media de pasajes cuidadosamente elaborados que decantan en inyecciones de adrenalina. A más de alguno lo vi aferrado a su asiento durante los momentos más violentos de The Knot o Cloud of Forgetting, y con los ojos cerrados durante tramos de Some Things We Do. Swans nos llevó a todos en su montaña rusa noise, ¡y cómo lo disfrutamos!

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Setlist:

1.- The Knot + No Words/No Thoughts

2.- Screen Shot

3.- Cloud of Forgetting

4.- Cloud of Unknowing

5.- Some Things We Do + The World Looks Black

6.- The Glowing Man

 

Fotos por: Pancho Rojas. Revisa la galería completa acá

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