Slayer en Santiago Gets Louder 2019: el último pasaje al infierno

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Las puertas se abrieron ocho horas antes en lo que sería una maratónica jornada de rock. Pentagram, Kreator y Anthrax calentaron el ambiente antes de la historia: Slayer daba su último show en Santiago. Estuvimos allí gracias a la invitación de Monster Energy.

21 horas y la guitarra afilada de Kerry King comienza a dar rienda suelta a “Delusions of saviour”. Bastó un solo acorde junto con que las cortinas que tapaban el escenario cayeran, para que por distintos puntos de la cancha salieran bengalas que iluminaran los torbellinos de mosheos que se movían gracias a un público molido pero no rendido por una tarde de metal.

El último boleto al infierno de Slayer, la banda del chileno Araya que llegó a despedirse tras 37 años, fue el toque final a una jornada que reunió a los satisfechos fanáticos del estilo fervoroso. 

Y qué mejor que en la cuarta versión de un encuentro que contó con dos grupos pertenecientes al “fab four” del thrash metal, acompañadas por otras que se valen por sí solas en sus respectivos países: Kreator de Alemania y Pentagram como el grupo local.

La insolación no fue tema para los cientos de mortales que solo salían al baño para no perderse el huracán que provoca el metal en Chile. Era cosa de ver la cara de Joey Belladonna de Anthax mientras en la cancha Monster Energy saltaban zapatillas, botellas y sangre. 

Pero concentrados en el show central, la despedida de Araya y compañía no tuvo nada al azar. Como algunos espectadores gritaban atrapados en su sonido, fueron los que más fuerte sonaron el coloso de La Florida. 

El cuarteto californiano llegó con su show final que partió en mayo de 2018 y que ha recorrido 3 continentes y 20 países. Independiente del lugar donde se hayan presentado, nadie puede quedar indiferente ante el juego de luces que al unísono acompañaban a una banda que jugaba sus últimos minutos en cancha.

Quizás, lo más simbólico junto con escuchar clásicos como “Raining blood” o “Angel of death” -que provocaron la histeria colectiva las 26 mil almas- fue la templanza de Araya, quien a sus 58 años disfrutó el respeto de un país que abandonó muy pequeño pero que mantuvo presente en todo escenario que tocó.

El cantante y bajista, tras finalizar el show pasada las 22.45 horas, permaneció durante un par de minutos contemplando los gritos y aplausos. “Slayer no se va” gritaban los presentes tal como hinchada que despide a su goleador histórico, ese que llenó estadios y entregó todo lo que tuvo en su poder, tal como anoche.

Fue ahí y por última vez que Tom Araya, solo ante la multitud, rugió un “Viva Chile mierda” que replicó en cada punta del lugar, provocando que hasta el metalero más fortachón se estremeciera. Una postal irrepetible en medio del tártaro musical del thrash. 

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