"Gigaton" de Pearl Jam: regreso y renovación de una leyenda

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Que alegría recibir con las manos abiertas el nuevo disco de una de las bandas más icónicas de los últimos 30 años. Pearl Jam termina con siete años de silencio discográfico con la llegada de Gigaton, su último LP.

En una época en que los singles sueltos acaparan la atención y en que el formato EP resulta cada vez más cómodo para los artistas, los experimentados de Seattle se arriesgan con un producto que contiene doce canciones y ronda la hora de duración. Dentro de ese tiempo, la banda liderada por Eddie Vedder hila historias y emociones alrededor del dolor y la esperanza.

Who Ever Said, la apertura de Gigaton, es guitarrera y vacilona. Un riff que baila y un Vedder centrado en comunicar con un groove muy clásico. Este cariz es seguido por Superblood Wolfmoon. Con un estribillo pegajoso y una descarga rockera que recuerda los años mozos de la banda. Esta vibra es guiada sin lugar a dudas por las guitarras, un instrumento menos habitual en la música contemporánea pero que en estas canciones vertebran el sonido mediante los riffs y los solos. Un rescate necesario.

Dance of the Clairvoyants es mi track favorito. Siendo más experimental en relación a lo que suena la banda habitualmente; es un corte que se centra en ambientes más “dance”, donde el bajo y la batería se llevan el protagonismo. Vedder, inspiradísimo; a ratos gruñe, a ratos se siente casi predicando cual profeta en el desierto. Diametralmente diferente es Quick Escape, de regreso al predominio de la guitarra. Suena mucho a sus trabajos más clásicos pero con una intencionalidad más fresca, sin afán de repetirse.

Alright es una pausa a tanta intensidad. Un sonido electro-acústico más ligado a lo atmosférico que es un antecedente a lo que será el final del disco.  El siguiente tema, Seven O’clock oscila entre la melodía coreable de Vedder y unos interludios oceánicos en que el teclado es quien se lleva la atención de todos los reflectores con unos arreglos en verdad preciosos.

Luego del break, Never Destination Take the Long Way es un regreso a las guitarras, a la velocidad y a un Vedder salvaje. El solo de Take the Long Way haría que J. Mascis de Dinosaur Jr. aplaudiera de pie.

Sin embargo, la última parte del disco cierra el relato más relajado que comenzó Alright en su momentoBuckle Up tiene unos arpegios hermosos, que acompañados de la sección rítmica y el ambiente del teclado dan una sensación de sutil movimiento, como el de una pluma. Comes Then Goes es simple y directa. Voz, guitarra acústica y uno que otro arreglo eléctrico. Vedder se luce en este tipo de canciones, donde saca a relucir una calidad vocal que se mantiene incólume.

El final del disco tiende hacia lo coreableRetrograde es una subida de intensidad necesaria pero que se mantiene en lo ambiental. El sonido de la batería en este track es memorable, se siente cada plato y cada tom, es como si la percusión también nos cantara. El gran final, River Cross, tiene un toque ceremonial. Un teclado omnipresente, una batería a lo Atmosphere de Joy Division y Vedder; insisto, el frontman está en su mejor forma, escribiendo excelentes letras y cantando como nunca.

Los años han ayudado al grupo a saber plasmar de manera más intencionada su sonido. La veteranía de la banda juega a favor al momento de tomar decisiones en cuanto a como debería sonar Pearl Jam. Este disco deja un sabor dulce en la boca porque se resuelve de la mejor manera la encrucijada que encuentran bandas de trayectoria al preparar un “gran regreso”: reciclar el sonido clásico o quemar las naves y arriesgarse. Pearl Jam encuentra un justo equilibrio. Reminiscencias a su pasado, por supuesto que las hay; pero no por eso no intentan nuevas cosas.

Hace algunos años comenté el último trabajo de Slowdive y lo recomendé como una gran oportunidad para que nuevos fans se acerquen a la banda. Gigaton tiene el mismo espíritu, es un perfecto resumen de lo que fue, lo que es y lo que será Pearl Jam, unos indispensables.


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