Nadie sabe que estoy aquí: Esplendor invisible

Nadie sabe que estoy aquí

La película chilena de Netflix nos adentra en los verdes paisajes del sur para conocer a Memo, un hombre silente que permanece oculto en medio de una pequeña isla.

Rodeada por el Lago Llanquihue se encuentra una granja de ovejas, en la que habitan dos hombres. Dentro de una casa de madera está Memo (Jorge García), quien vive junto a su tío (Luis Gnecco). Ambos prefieren vivir en la soledad y se acompañan el uno al otro mientras trabajan. Su único contacto con el exterior es con la persona que llega en bote a la isla con provisiones. En su tiempo libre, Memo sale a pasear e ingresa a otras casas con el fin de llevarse pequeños objetos, los que atesora en su habitación. 

Dirigida por Gaspar Antillo, su ópera prima “Nadie sabe que estoy aquí” recibió el premio a Best New Narrative Director  en la edición 2020 del Festival de cine de Tribeca. Cuenta con la producción de Pablo Larraín y Juan de Dios Larraín (Fábula), siendo además la primera película chilena realizada para la plataforma de streaming. Su estreno fue el 24 de junio a nivel global.

La tranquila vida de Memo toma un giro inesperado cuando su tío se accidenta y debe encargarse de la granja. Una mujer, Marta (Millaray Lobos), quien últimamente había estado llevando las provisiones a la isla, le ofrece de su ayuda al percatarse de su soledad. La timidez de Memo apenas le permite comunicarse con ella, que constantemente insiste en conocer más de su vida e historia. 

La narrativa transcurre en torno a una canción que se presenta de inicio a fin, llamada Nobody Knows I’m Here (mismo nombre de la película). Tanto la canción como la banda sonora estuvieron a cargo de Carlos Cabezas (Electrodomésticos). Aquella canción es el gran secreto de Memo y la causa de sus infortunios, tanto en el pasado como en el presente. A través de ella, el protagonista demuestra su talento oculto, el que en un momento le generó el sueño por triunfar. Sin embargo, este se vio frenado por las exigencias del mundo del espectáculo, cuando apenas era un niño. 

Marta se convierte en la persona que lo despoja de su invisibilidad, al dar a conocer su talento e identidad al mundo (aunque de la forma incorrecta). Es la primera persona en mucho tiempo, aparte de su tío, que realmente ve a Memo. Este interés es el que alentará al joven a enfrentar sus peores miedos y reivindicar aquello que originalmente le pertenecía. Desde su cuarto o en la soledad del bosque, Memo llega al set de televisión, lugar que representa la exposición absoluta a lo público. 

El filme goza de una narrativa simple, que logra cautivar por su excelente fotografía (Sergio Armstrong) y la reservada vida del protagonista. Memo representa a esos seres invisibles, que por circunstancias de la infancia u otros factores prefieren vivir en la oscuridad, ocultos de la vida en el exterior. En el caso del personaje esto es fruto de la discriminación. De ella fue víctima cuando apenas era un niño, que contaba con un futuro prometedor a causa de su talento.

La actuación de Jorge García es cautivadora. Pese a que sus diálogos son casi inexistentes, la capacidad de transmitir cada una de las emociones que agobian a este callado joven es excelente. Memo es un hombre que no cede a las presiones de los demás por comunicarse, sino que se mantiene firme con su forma de ser sin importarle lo que otros piensen de ello. 

Existen pequeños elementos mágicos a lo largo de la cinta, los que muestran simbólicamente el brillo interior de Memo, que sólo deja a la vista en sus momentos de máxima soledad. Estos van de la mano del encanto del bosque con el que siempre se ha ligado al sur de Chile, donde lo extraño y lo sobrenatural es algo común. 

En sus 91 minutos de duración, “Nadie sabe que estoy aquí” entrega una propuesta sencilla pero original, que sin duda contribuye considerablemente al cine chileno. Con una profunda inmersión en la soledad, esta película calza con tiempos actuales de aislamiento. Reflexiona, además, sobre las consecuencias que pueden tener los pequeños actos, o al contrario, el solo hecho de no actuar.

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