Interpol en el Caupolicán: Romper la mesura

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Romper los esquemas es algo difícil para Interpol. El trío estadounidense es una de las pocas bandas contemporáneas que mantiene una actitud parca ante todo. El consistente estilo y sonido de sus discos, fieles a las guitarras afiladas y melancólicas, es traspasado sin tapujos al escenario. Por esto, su segunda venida en el año apuntaba a un desafío mayor.

En solitario y sin el respaldo de un festival como Lollapalooza, la banda de Paul Banks debía apostar por dar cara y variar para marcar la diferencia de lo visto en marzo. Lo otro era mantenerse fiel a su estilo y jugar a lo mismo. Lo de Interpol anoche en el Teatro Caupolicán fue una mezcla de ambos. Escuetos, el grupo decidió cortar por lo sano y presentar un show similar al que vienen haciendo con su “Marauder Tour”. Algo parecido a lo visto a principios de año, con unas pequeñas variaciones. Pero claro, el contexto ahora era distinto.

Con un espectáculo de una hora y media aproximadamente, y adelantado en su horario por la crisis social que Chile vive desde octubre -qué lejanos parecen ahora los conciertos de hace un mar de meses, ¿no?- el trío abatió desde un principio con “Untitled” del “Turn On the Bright Lights” (2002). Vestidos en su mayoría de negro, con esa estética fría y oscura que los representa, Daniel Kesser, Sam Fogarino y los miembros de gira Brad Tuax y Brandon Curtis se le unen al enigmático Banks en hacer su tarea, ante un aforo repleto y marcado por el estallido. 

Puntos altos como “C’mere”, “NYC” y “Evil” se le suman a hits como “The Heinrich Maneuver” y “Rest My Chemistry”. Y, entre medio, temas nuevos como “The Rover” logran apuntar a los nuevos ritmos. Porque esa consistencia característica de los estadounidenses se hace notar en su setlist, apelando a una especie de loop eterno. Pero claro, los que están ahí no están simplemente por estar. En medio de un contexto social de este tamaño, el fan más acérrimo de Banks y compañía juega con la contingencia y evoca a los cánticos de la calle. Algo que la banda ignora completamente.

De una calidad indiscutible, lo único que es puesto en jaque es la mezcla de sonido. Ya en Lollapalooza se advertía algo, dando un show casi correcto pero poco satisfactorio. Si bien lo de ahora tuvo aires de reivindicación, con un mejor recinto y una preparación técnica más acorde, la voz de Banks sigue perdiéndose entre los parlantes, en especial con el nivel de reverberación que usa para suplir en vivo lo que suena en estudio.

Al final, los clásicos como “Narc”, “Slow Hands, “Obstacle 1” y “Stella Was a Diver and She Was Always Down” consagran con éxito este intermedio en la vida del chileno promedio. 21:30 horas y el show ya está terminando. Una anormalidad en las crónicas de los más adictos a este mundo. Afuera esperan barricadas para el camino y estos policías internacionales se despiden de una manera sobria y correcta. Hicieron su trabajo y ahora es momento de partir.

Interpol es una de esas pocas bandas que pueden categorizarse por su nivel de profesionalismo. Cada concierto de ellos es consistente y conciso en cuanto a música se refiere. Pero claro, detalles mínimos como la mezcla de sonido o la variación de canciones debían hacer la diferencia, en especial si tocaste en esta ciudad ocho meses atrás. A veces debes romper tu propia mesura. Pese a eso, los neoyorquinos son dueños de una pulcritud envidiable que hace valer cada momento de atención hacia su espectáculo. Y, más que mal, eso es lo que en el fondo importa.

Setlist

  1. Untitled
  2. C’mere
  3. If You Really Love Nothing
  4. The Heinrich Maneuver
  5. NYC
  6. PDA
  7. Stay in Touch
  8. Evil
  9. Take You on a Cruise
  10. The Rover
  11. Rest My Chemistry
  12. Narc
  13. The New
  14. Slow Hands
  15. Obstacle 1
  16. Leif Erikson
  17. Stella Was a Diver and She Was Always Down
  • Fotos tomadas por Carlos Müller.
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