Ineino + Niñopolar – Gloria (2018): Sentires cruzados

ineino ninopolar
Malva Discos

El vinilo no solo determinó el formato canción. Desde los 80, escenas como la punk y la indie aprendieron a usar las limitaciones físicas del acetato a su favor, al idear el split como forma de dividir a la mitad los costos de producir una obra fonográfica. Así, como lo hicieron recientemente Dënver y Playa Gótica con “Banana Split” (2016), la idea es tener a una banda por cara del vinilo.

Desafiando esa convención, “Gloria” es un split EP de seis canciones que alterna los tracks de los penquistas Niñopolar e Ineino. Es una jugada que arriesga pero triunfa: los proyectos son distintos en carácter, sin embargo logran una paleta de colores coherente.

Sonoramente, sus estilos se encuentran en el folk lo-fi y en el extensivo uso del bitcrush en samples, percusiones y guitarras. Usan elementos similares -la guitarra acústica es protagonista, aunque también utilizan ampliamente samples y sintetizadores- pero de forma tan distinta que resulta expansiva.

En Niñopolar, las voces y las guitarras ocupan varias capas de cada arreglo, que suelen ser adornados por grabaciones de campo (un auto que no arranca en “Niebla”, los insectos y los perros con reverb de la bella “No Veo”) y llamativas texturas y sonidos (el sinte secuenciado de “Espejismo” o el bronce sin ataque de la misma “Niebla”).

Las canciones son directas e íntimas. Tienen una estética, una fragilidad y cierta oscuridad, que recuerdan al sentido “Horn of Plenty” (2005) de Grizzly Bear.

La triada de Ineino explora varias de sus caras, pero tiene al centro de su estilo la manipulación sonora: va desde el uso del “vococher” hasta el sampleo y resampleo de instrumentos y de su propia voz, conformando un collage sonoro que sirve de perfecta cama para su canto urgente, que habla de temas como la empatía (“Algo Bonito”) y la independencia (la delicada “Cualquier Parte”).

Donde más transpira el antiguo Ineino, aquel que hace cuatro años grabó su primer disco con apenas una guitarra acústica, es en “El Mismo Día”. Una vuelta al origen que sirve para demostrar lo aprendido en el camino (el principio y fin de su ex banda Inarbolece, entre medio), y un acercamiento a su “folk robótico” más desnudo.

Con menos de 20 minutos de duración, “Gloria” sirve como un nutritivo bocado de estos proyectos con domicilio en Malva Discos, pero con las repetidas escuchas deja desesperando por nuevo material tanto de Niñopolar (su primer EP fue publicado en 2017) como de Ineino (su segundo trabajo verá la luz en unas semanas y ya cuenta con un single).

Aunque, ante todo, el split logra ser más que un trabajo promocional: es una obra dialógica y coherente, que se erige autónoma en el perfecto cruce entre estas dos promesas de la música nacional.

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