Los 10 años de Fauna en Parque Mahuidahue: la compleja anestesia

The Whitest Boy Alive

Fauna Producciones celebró sus diez años de trayectoria a través de un festival que reunía a varios exponentes de la música alternativa que está de alguna forma ligada con el país. Destacada por el ardiente clima y la música contra viento y marea, la fiesta fue una anestesia infalible para la situación que se vive en el país desde el 18 de octubre.


Difícil. Difícil jornada se llevó a cabo en Parque Mahuidahue del Cerro San Cristóbal. Difícil porque a pesar del atractivo cartel que coronaba e impulsaba el evento, cosas estaban pasando afuera en la realidad. Y por más que la distracción se asomara a ratos y la barra del recinto junto con el abanico de comestibles se llenaban cada vez más, nada quitaba que esa misma tarde, la inconsolable tragedia de Gustavo Gatica ya era noticia y aparecía como tendencia en las redes sociales.

Aunque el espejismo encandile con el más hermoso paisaje, no logrará arrebatar el fondo gris. El clima apoyaba completamente los aires infernales con su sol recalcitrante y los músicos de la jornada tenían más que clara su tarea de apoyar la movilización de los chilenos en cada una de sus presentaciones. Y Francisco Victoria, el único chileno del Red Bull Stage, fue el primero.

Con más de una hora de retraso, entendible por los asistentes causa del calor y por ende la lenta llegada de público; y vestido con una polera de SADE, Francisco Victoria y compañía, de negro más un pañuelo rojo al más estilo Negro Matapacos, pisaron el escenario para dar por iniciada la jornada musical que tenía no más de cien personas bordeando el escenario para lograr conseguir un pedazo de sombra. Pese a las altas temperaturas, las ganas de bailar persistían.

“Muchísimas gracias por asarse aquí conmigo, estamos aquí todos felices y creo que no hay que olvidarse de lo que está pasando allá afuera. La siguiente canción trata sobre eso”, dijo previo a interpretar “Querida ven”, ya en la mitad de su ronda de canciones para repasar su trabajo de estudio “Prenda”. El calor aumentaba y los espacios de sombra comenzaban a disolverse, pero la energía del cantante no cesaba para intentar entregar un poco de fiesta

16:10 de la tarde y por otro lado Simbi Ajikawo, conocida actualmente como Little Simz fue mucho más enfática en lo que protestas respecta, ya que al primer pie en el escenario un megáfono se convirtió en el centro de atención como símbolo de protesta, con un nostálgico y muy agresivo R&B sonando de fondo, la frontman del conjunto quizo dejar en claro que estaba al tanto de la contingencia y no se iba a desentender con la situación.

Primer acorde y la gente llegó hacia el escenario como si la música los absorbiera bruscamente, incluyendo al mismísimo Erlend Øye que se encontraba recorriendo el recinto y compartiendo con algunas de las personas que se percataron de sus andanzas. Los pies se movían al son de las bases hechas por los músicos que en conjunto con Ajikawo llevaron a cabo temas típicos como la suave “Selfish” o la famosa “Backseat”.

“Yo solo quiero decir, mantengan su cabeza en alto, manténganse fuertes. Todos ustedes son muy, muy, fuertes y creo en ustedes. Pueden superar cualquier cosa. Mantengo mis rezos con ustedes y hoy planeamos cantar para que todos sus problemas y preocupaciones se vayan. Pasaremos un muy buen rato, ¿entendido?”, dijo la rapera antes de finalizar su presentación de menos de una hora.

Corto pero preciso, con gustos a querer más. Little Simz dio por iniciada la llegada de personas y conexión con la música en un ambiente donde se vivía más el ámbito social que otra cosa, situación que no se acabaría con la llegada de los extrovertidos Khruangbin.

Sin perder ni un solo minuto, el trío norteamericano conformado por Laura Lee, Marc Speer y Donald Ray “DJ” Johnson Jr. marcó presencia con un preludio experimental que lamentablemente fue desteñido por constantes problemas de sonido que sin embargo, estos fueron solucionados al pasar de las tres primeras canciones. Una lástima para el nivel y la calidad de sonido de destaca por sus impecables y muy limpias armonías que se fusionan a la perfección con los movimientos de los músicos.

Definitivamente podría considerarse que Khruangbin fueron uno de los puntos altos de la celebración de los 10 años de Fauna Producciones, ya que oscilaron entre una inmensidad de armoniosos estilos que no dejaban indiferente a nadie. Y por lo mismo fueron los primeros en oficialmente abrir la pista de baile en el parque, invitación cordial de la bajista que con sus balanceos hipnóticos al ritmo de los giros melódicos de su bajo obligaban a seguir canciones como “Maria También”, “August 10” y “White Gloves”.

Además, ganaron un montón de cariño causa de su tierno, y un poco tímido, cover de “El derecho de vivir en paz”, comandado por la guitarra eléctrica de Speer, cual fue con el paso de los segundos armonizada con los elementos del resto de los integrantes. Minutos que pasaron lentos y donde se vivió el respeto, que fue demostrado con el levantamiento de algunos carteles y pañuelos verdes que una parte del público llevó al evento. Abrazos por doquier y unas palabras de la banda y la fiesta alternativa continuó para despedirlos entre aplausos.

Cuando los rayos comienzan a disminuir su intensidad y las cervezas ya hacían presencia fue cuando los canadienses de BadBadNotGood subieron al escenario. Recibidos con fervor, cosa que no sorprende después de los cientos de elogios tras su última presentación en el país. “Gente linda” dijo el baterista Alexander Sowinski previo a comenzar la dosis de jazz fusión que todos necesitan en algún momento de la vida.

Tal como una onda hecha con eléctricos zigzagueos, la banda logró atrapar a las personas con su música por la hora de música que brindaron, donde repasaron parte de sus trabajos de estudio “III”, “IV” y “Sour Soul” en tiempo record para así aprovechar el máximo cada una de las interpretaciones de ellos con un saxofón que podía oírse claro desde el punto más lejano del festival.

Sin embargo cuando ya cayó la noche The Whitest Boy Alive fueron los encargados de iluminar todo a través de su reencuentro musical tras años de receso. Un momento muy emocionante que destacó por las interminables ganas de bailar comandadas por Erlend Øye quién saltaba como si el suelo fuera lava y “Island” era una de las explicaciones de aquello.

Una fiesta de comienzo a fin a pesar de no haber ningún tipo de intención de que aquello terminara. El show de la banda europea fue impecable en todo sentido, con un sonido muy limpio y cambios de clímax entre canciones que permitieron ir moldeando a las cientos de personas que movían los pies en el pasto sintético del lugar.

Y claramente ellos también disfrutaban a concho del momento por la vuelta oficial a los escenarios, en un país donde la comodidad es una amiga y el cariño brota por montones.

The Whitest Boy Alive fue la medicina que se necesitaba. La anestesia piramidal y la empatía flotante. Y no se hicieron los desentendidos con el estallido social, ya que también hubo mucha interacción con su público en lo que cantos populares de marchas respecta y seguidillas de juegos. Incluso Sebastian Maschat en baterías sacó una cacerola para acompañar los cánticos que después fusionaban con sus canciones.

A pesar de que el setlist completo fue un placer causa de que las canciones son parte de la vida de quién los presencio, “Burning” fue un gatillante de la noche para invitar a los saltos y la diversión. Los músicos manejaban muy bien las situaciones y una fuerte apelación a la nostalgia era parte de ello.

Hermandad por montones pese a la amarga noticia de que Hot Chip no podría presentarse debido a altercados externos, situación para la cual el vocalista de la banda decidió quedarse en la reja para acompañar a las personas y ayudar a calmar los aires. Con una copita de vino, tal como dos amigos compartirían una noche de sábado para comentar lo que pasa en el país, siendo él uno y el resto otro.

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