El día de la Música Chilena en Velódromo: Más que un legado

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La toma de consciencia al buen disfrute musical. Esas son las palabras que podrían abordar lo que fue la cuarta edición del Día de la Música Chilena en una de las tres localidades de celebración: el Velódromo del Estadio Nacional.

Ana Tijoux, Villa Cariño, Alex Anwandter, La Combo Tortuga y Movimiento Original fueron algunos de los artistas pertenecientes a la amplia parrilla que ofrecía el popular evento -que celebra el natalicio de la cantautora Violeta Parra– pudiendo hacer de un día viernes una grata oportunidad para atraer al relajo y olvido de la rutina, que a esa altura de la semana ya se siente más aplastante. Todo un respiro.

Y no todo fue música, ya que una gran parte de los artistas nacionales aprovecharon la oportunidad de estar en un escenario masivo con alta convocatoria de público joven, para poder entregar algún tipo mensaje, ya sea por medio de la concientización o simplemente el lanzar duras críticas sobre a temas contingentes. De música y debate, de bailes a emociones potentes, el Día de la Música Chilena tuvo de todo desde el minuto uno.


¿Cómo iniciar la jornada correctamente, a tal nivel que inspire y homenajee adecuadamente a la autora de “Gracias a la vida”; a la primera artista latinoamericana que ha expuesto en el Louvre? Pues con la presentación de otros músicos históricos: María Ester Zamora y Pepe Fuentes.

Si bien fueron los primeros, no estuvieron solos. Bastante gente fue a apreciar de cerca a los cuequeros, quienes a través de su música transmitieron un sinfín de nostalgia a los tiempos mozos y abundante cariño hacia cualquiera que estuviera presente.

Además, también hubo espacio para lo más emergente. Atómico, Acoustic on Fridays y los antofagastinos Flor de Rap -que fueron la sorpresa del día por sus letras y las inagotables ganas de disfrutar aquella oportunidad a concho- hicieron de sus presentaciones espacios gratos, con sus seres queridos presentes en las primeras filas. Porque la música también se trata de eso, de compartir y abrazar al de al lado nuestro.

Por otro lado, La Combo Tortuga fue el anzuelo perfecto para atraer rápidamente a los asistentes, quienes corrían hacia el escenario. Daba igual que fueran las 16:00 horas, que el sol pegara incesantemente y que no hubieran tantos sectores con sombra, porque temas como “Soy feo pero rico” o “Te vuelvo a ver” entregaban la energía suficiente para hacerte bailar y disfrutar de sus incendiaras guitarras pese al calor que había.

Pasadas las 17:00 horas y la gente echada en el pasto tal como si fuera un día domingo. Era el turno de la primera mujer del día, Mariel Mariel, que llevó su fusión de estilos y enérgicos pasos de baile a otro nivel. Movimiento Original por su parte, terminó con la tarea de arrastrar la alta convocatoria alrededor del escenario.

“Que sea el día del nacimiento de la flor más bella, potente y power que ha dado la música chilena obliga a celebrarlo tocando obviamente, como hay que hacerlo”, dijo Javiera Parra en la conferencia de prensa previo a su presentación con Los Imposibles, con quienes cumplió 25 años de carrera.

Una vez en el escenario, usando una polera que retrata a su abuela y con tres de los integrantes originales, Javiera y compañía apelaron completamente a encender la memoria a través de sus canciones como sus más grandes éxitos “El poder del mal” o “Tu cama”. La cantante, en sus propias palabras quiso dejar en claro que “la música chilena tiene el corazón bien puesto en el alma de las personas. Está claro. Hace mucho rato que el nivel de las bandas, la variedad de música que hay para todos los gustos, desde el trap hasta el hip hop más duro y pasando por el pop más fino”, para armonizar la velada.

El extrovertido Pedropiedra aportó con la diversión para la media tarde con sus versátiles recreaciones de canciones como “Las niñas” y “Pasajero”, haciendo de la brisa helada y el atardecer una entretenida atmósfera. Con las palmas al unísono alentando su presentación, el músico le dio un aire fresco al Día de la Música, y quiso homenajear la fecha a través del reconocimiento de otro artista nacional que él admira un montón: Jorge González. Bastó solo que sacara su guitarra acústica e interpretar los primeros acordes, para que “La balada de J. González” fuera cantada por los cientos de presentes

Atento a su audiencia mientras interpretaba “Todos los días”, Pedro Piedra frenó un momento el concierto para llamar a los paramédicos y ayudar a una persona que se estaba ahogando en el público. Sin embargo, no fue tomado con gravedad, solo está la intención de que el momento sea lo más ameno posible, cosa que logró con el repaso de todos sus clásicos.

Y Villa Cariño fue el preludio del fin. Encendidos, directos, derechos y chacoteros; la banda de cumbia hizo bailar y expresarse a la parte delantera del Velódromo, donde se concentraba todo el calor. Pasando equitativamente entre “Terapia Intensiva” (2009), “15añero” (2010) y “La Fiesta es de Nosotros” (2013), la banda no quiso dejar de lado la contingencia y lo expresó entre medio de cada canción, tocando temas como el agua, la corrupción política y la lucha por la igualdad en Chile.

Respetuosos ante la figura de los cantautores Violeta Parra y Victor Jara, los nueve integrantes del conjunto quisieron tenerlos por el frente durante su hora de música. Para ello, Max Vivar se encargó de mencionarlos constantemente para así hacer presencia de un importante pedacito de historia musical chilena.

Pero no todo fue discursos, ya que a través de canciones como “Serenata cruel”, “Ordenando unas cosas” y “Para dormir contigo otra vez” generaron el clímax indicado, decorado con cintas que volaban por todas partes, para el gran cierre a porvenir.

Alex Anwandter: la muestra de profesionalismo como él manda

Puntual y ordenado pero ante todo sin inconveniente alguno, Alex Anwandter creo una atmósfera musical que no se había percibido antes en la jornada. Vitoreado desde su mención y coreado en todo su setlist, el artista entregó más motivos de los que había sobre por qué extrañarlo y anhelar sus shows cuando se va de Chile.

“Bailar y llorar” fue la canción indicada para abrir su hora de presentación. Con un fervor que se creía que no se iba a alcanzar a esa altura de la noche, el público se proyectó en una sala de baile y se liberó a más no poder con la canción. Aquello no cesó durante el resto de tiempo, ya que se repitió el mismo factor en canciones como “Locura” o “Como puedes vivir contigo mismo” que desata la liberación.

Y así es como Alex Anwandter manejaba la situación, profesional en lo que hiciera, bailó, cantó, tocó y siguió la coreografía de su banda impecablemente. Inclusive en mostrar sus inquietudes contingentes mostraba lo ácido que podía ser, a través de proyecciones de rostros políticos chilenos en la contestataria “Cordillera”.

Si se relaciona la añoranza con Anwandter es debido a su pasado en Teleradio Donoso. A su estilo, el cantante le dedicó a las personas heterosexuales las interpretaciones de “Bailar en el campo” y “Eramos todos felices” que hizo levantar el polvo con los cientos de pies saltando en el pasto del Velódromo.

Desde otro punto, “Casa latina” probó que él manda en la fiesta y te la regala con todo cuando explota la canción. Sin embargo, él no quería robarse el protagonismo y lo dejó en claro al momento de presentar a quien se encargaría de finalizar el acto: Ana Tijoux. Y así, Anwandter se despidió presentándola y se retiró bailando y entregando cariño mediante sus “muak, muak, muak”.

Cierre: Ana Tijoux y una probadita de las ligas mayores

Pasadas las 22:00 horas y el público se re acomoda para esperar el show final. Pese a que el ambiente era más social que de recital, lo expectante predominaba ante todo.

Hace varias fechas atrás que Ana Tijoux cambió la dinámica de sus shows en vivo, específicamente con la variación de bases para sus canciones. En esta ocasión, la cantante junto con su increíble banda se inclinó hacia una influencia groovy y más ligada al hip hop del antiguo. A la raíz. A lo clásico. Con la personalidad como para tenerte enganchado, pero no lo suficiente como para que no puedas bailar: el gancho perfecto.

Con pegajosos pianos que no te soltaban nunca, vientos que irrumpen de forma suave y abrupta más guitarras electrizantes, el conjunto permitió a la perfección que la MC pueda hacer lo que quiera, como quiera y sin problema alguno en canciones como “1977″ o “Somos sur”. Al igual que en “Shock”, donde también hubo pincelazos reggae con trompetas que matizaban a lo Marley y un extracto de “No necesitamos banderas” de Los Prisioneros.

Además, hubo apelaciones a la nostalgia con la extrovertida interpretación de “En paro” y parafraseos clásicos como “somos hijos de la rosa de los vientos” en canciones. Asimismo, “Calaveritas” también cumplió con la misión de la reflexionar sobre el pasado en Chile, tal como Tijoux pidió. Pero por lejos el momento más emocionante de la noche fue cuando la chilena se posicionó sola frente al micrófono, iluminada en el medio, para cantar una muy emocionante versión de “Luchín” que fue dedicada a los niños del Sename. Porque para ella la cosa es simple y clara: consciencia latina ante todo.

Con proyecciones de Ana González y Violeta Parra, la presentación de “Antipatriarca”, con un alargue potente que abrigaba el pecho a cualquiera, hizo el cambio de aire que abrió un espacio para el baile y celebración en los presentes.

La química con los músicos al bailar todos juntos. La interacción con su público. Notar los “el que no salta es paco” que gritaban las personas y cómo ella quiso ser parte de ello a través de una improvisada musicalización: con un trombón que toma las riendas, guitarras afiladas y una base agresiva que termina en una pista de baile. Ana Tijoux simplemente es así y siempre ha sido de esa forma: una cabra tela que apaña a todo. Lo dejó claro en el Día de la Música Chilena al igual que todos los artistas que se presentaron -y que no se achicaron ante el evento público- manifestándose como creían justo y pertinente. Quizás era la energía del día por ser 4 de octubre, o quizás la unión solidificó potentemente sus expresiones, pero el sentimiento esencial de unión estuvo presente y eso es lo que importa al fin de cuentas, usar la plataforma que sea para el bien de todos. Los artistas chilenos la tienen clara y esta fue la evidencia de aquello.

 

 

 

 

 

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