Diego Lorenzini y el folk "post-internet" en "De algo hay que morir"

Diego Lorenzini

La guitarra acústica es un recurso imperecedero. Ya sea como acompañamiento en marejadas de ruido o como solitaria estrella en canciones de autor, en este instrumento se atomiza el intimismo. A su vez, la conexión de la guitarra con el folk es casi obvia.

Sin embargo, el folk es un estilo en el que es fácil repetirse y sonar demasiado a otros músicos; incluso, se puede hasta llegar a copiar las sensibilidades. Diego Lorenzini, el “trovador retro-futurista”, viene a hacer folk sin caer en los clichés del género, yendo más allá de los límites tradicionales.

En De algo hay que morir (Uva Robot, 2019) se conjuga el sonido de la tradicional guitarra con instrumentos como teclados, bronces y percusiones varias. Todo esto bajo el paraguas de una vibra post-internet.

La apertura del disco con Spoiler es magnífica. Calmada, sensible y mundana. Un rasgueo entrecortado que se apoya en matices producidos por un teclado y un flugelhorn da paso a una letra que le habla a  su generación: “no quise ser un spoiler, yo siempre lo supe“.

Sí Po´es otra de las muestras de una de las grandes virtudes de Lorenzini. Tomar lo cotidiano y hacerlo excelso, casi distinguido, mediante letras personales y creativas. El rescate de lo ordinario en forma de dichos, refranes y expresiones (PonyMierda), figuras pop (Felipe Camiroaga) o nuestra tragicómica historia de desastres naturales (Viva Chillán, una crueldad innecesaria) es una suerte de “marca registrada” del músico talquino.

Y las referencias siguen: “tu amor es como un billete de luca” dice Diego Lorenzini en Billete de Luca o la desconsolada Soy un corpóreo y denbtro de mí hay una actriz recién titulada llorando, la cual está basada en la historia real de la actriz y directora de teatro Nicole Waak. 

Otro de los puntos altos del disco son sus colaboraciones. Niña Tormenta, Rosario Alfonso, Chini.png (Chini Ayarza de Chini and the Technicians), Simón Campusano (Niños del Cerro) y el músico noruego Erlend Øye son los invitados que a lo largo del disco acompañan a Lorenzini. Estos artistas entran en una sinergia exquisita con las composiciones del oriundo del Maule, dando pie a que las colaboraciones no sean simples “menciones”, sino que ayudan a dar forma a las canciones, a lo que quieren decir. Mis favoritas personales son Mierda, con Chini.png y Me voy a Valparaíso, con Erlend Øye.

En resumidas cuentas, Diego Lorenzini nos entrega, hasta el momento, su mejor placa. No abandona su espíritu creativo y moderno al enfrentar el folk, esquivando los clichés hasta de esa extraña etiqueta de la “world music”.  Lorenzini ha sido capaz de crear un personaje, a veces triunfante, a veces desdichado, pero que le habla a una generación en específico, a quienes crecimos entre la ansiedad, los sueños de éxito y Fotolog.

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