Crítica: “Caleuche: El Llamado del Mar” - Hundida en su propia historia

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Desde tiempos inmemorables, Chiloé ha sido conocido por ser cuna de los mitos y leyendas más famosos de nuestro país. Personajes como la Llorona, el Invunche, el Camahueto, y la Fiura han nutrido la mitología del sector y han servido de inspiración para muchísimos relatos nacionales. Caleuche: El Llamado del Mar” (Jorge Olguín, 2012) se enfoca en contar la historia desconocida del barco homónimo y los misterios que lo rodean. O algo así.

Corría el año 1955, y Amanda (Luz Valdivieso) había perdido a su bebé. Desconsolada y con muchas ganas de criar a un niño, la mujer le pide a Pedro Millalobos (Hernan LaCalle), su esposo, lo que cualquier mujer hubiese hecho en su caso: que vaya al Caleuche en busca de un bebé. Bueno, supongo que los orfanatos de la época estaban vacíos y la trama tenía que avanzar. En fin, pasa el tiempo, y un bebé llega de la mano de una misteriosa figura al hogar de Millalobos. Luego de 15 años, la vida del hijo de la pareja chilota se pone en peligro ya que, inesperadamente, regresa el Caleuche junto a sus piratas-samurais-algo en busca de venganza. Pero no, de esto no se tratará la película.

Corre el año 2012, e Isabel Millalobos (Giselle Itié) es una bióloga marina que, luego de un accidente con especies marinas en EE.UU, decide volver a su lugar de nacimiento: Chiloé. Ahí, tratará de ponerse en contacto con su pasado y descubrir el origen de la enfermedad que heredó de su padre (Pablo Schwarz), con ayuda de una misteriosa mujer llamada Aurora (Catalina Saavedra). Pero no, amigos. ¡El filme decide enfocarse en otra trama más!

Conozcan a Simón (Eduardo Paxeco), el esforzado dueño del barco “Dagón” que, día a día, debe enfrentarse a José (Marcelo Alonso) y a su grupo de pescadores, quienes le impiden realizar sus labores de pesca. ¿Por qué? Bueno, porque el guión lo requiere. Sí, creo que esta es la última trama.

"Caluche" del director Jorge Olguín tuvo una discreta distribución en salas. Se estrenó en 2012.

Una película puede tratar de contar 42 historias paralelas, pero si existe una distribución armónica y coherente de conceptos, el filme funcionará de manera fluida. Lamentablemente, Caleuche: El Llamado del Mar” carece de buena edición. Jorge Olguín es un director visionario, eso está más que claro, pero su problema recae en la gran cantidad de visiones que tiene para el tratamiento de la historia. Si bien el débil hilo conductor de los personajes es Isabel, el filme concentra una gran cantidad de su metraje en la subtrama de la rivalidad entre pescadores, por ejemplo, mientras que la supuesta protagonista duerme. Sí, duerme. Si el enfoque del filme hubiese recaído en solo una de las tramas mencionadas anteriormente y el impacto del Caleuche en su desarrollo, la película hubiese funcionado mucho mejor que el resultado final.

La película en sí es un charquicán de ideas mal ejecutadas que solo dejan al espectador con ganas de haber visto algo mejor. Los efectos especiales también son una decepción. Los piratas-samurais-algo no se sienten como una amenaza, y hay algunas tomas del Caleuche que no le hacen honor a la leyenda. ¡El barco está en el título de la película, por Dios! Mínimo que le hayan dado un aire sombrío e imponente al navío. Si hay algo rescatable de la película son las actuaciones de Catalina Saavedra y Pablo Schwarz. Me gustaría saber si en el guión original había más participación de sus personajes, ya que da la impresión que se perdió mucho de ellos en la sala de edición. Una lástima.

En pocas palabras, Caleuche: El Llamado del Mar” es una pérdida de tiempo. Por ahí leí que está película estuvo cerca de diez años en producción, y me gustaría culpar al paso del tiempo por los diversos problemas argumentales y de edición que presenta el filme. A pesar de todo lo que he dicho, me gusta pensar en el futuro. No quiero que “Sangre Eterna” (2002) quede como la mejor película de Jorge Olguín, porque tengo esperanza en ver un buen producto de horror de parte del director chileno. Sé que está ahí, Olguín. Sé que tienes las herramientas necesarias. Sé que se puede. Sé que algún día te ganarás el cariño de los fanáticos nacionales del horror, pero por mientras, solo sé que debo esperar.

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