Bomba Estéreo en Chile o una noche de retiro espiritual

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Fotografías: Cate Muñoz

No es la primera vez que nos visitan: han estado en un par de eventos veraniegos y el pasado 2017 acompañaron a Arcade Fire en su Everything Now tour. Hoy, y con un completo sold out, los colombianos Bomba Estéreo se presentaron frente a un Teatro Caupolicán que no paraba de bailar.

Existen sonidos que, por más que escapes de ellos, siempre terminas cediéndole el paso. No se le puede decir que no a un ritmo contagioso. Sea placer culpable o no, lo cierto es que los asistentes de Bomba Estéreo venían dispuestos a entregarse en cuerpo y alma.

Como buen concierto de cumbia, la tónica se resumió en sudor, chelas, y pitos. Por otro lado, el dresscode era simple y predecible: guayaberas y coronas de flores -nadie nos avisó, así que fuimos fuera de tono-.

La demora fue prudente, 10 minutos como máximo. Previo al ingreso de los músicos, se proyectó un sentido mensaje sobre la contaminación en el mundo. Al finalizar se invitaba a ingresar al sitio web de la banda para contribuir en una campaña contra la deforestación.

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Para irse con todo, el show inició con “Caribbean power”, canción que le daba sentido a los elementos selváticos que adornaban el escenario, así como a los atuendos tropicales de la banda.

Si hay algo que tienen en común una clase de yoga y una presentación de Bomba Estéreo es la recomendación reiterativa de inhalar profundo y luego exhalar. Al menos 5 o 6 veces Li Saumet, vocalista de la banda, solicitó al público hacer este ejercicio antes del comienzo de alguna canción. Los asistentes, por supuesto, cedían. Unos más conectados cerraron los ojos y estiraron sus brazos, otros, sólo miraban con extrañeza los arranques pachamámicos del concierto.

“Qué bonito que es bailar apretao” sonaba fuerte. Todos cantaban al unísono y claro, ese verso justificaba el hecho de que, literalmente, todo el Teatro Caupolicán estuviese bailando apretao. El sold out hizo que el show fuese molesto para quienes esperaban disfrutar la música con al menos un metro cuadrado individual. Darse por vencido es fácil, y varios terminaron sentados en los pasillos que dividen la puerta de salida con la de ingreso al teatro.

Y como el ritmo no perdona, el setlist estuvo en fuego. Con predominancia de canciones pegajosas y temas que sirven para una intensa clase de spinning, el explosivo poder sonoro de los intérpretes de “Fuego”, dejó a todos con ganas de seguir bailando.

En conclusión, música, colores, pitos y energía. No faltó nada. Sobró mucho, pero la gula musical se lo devoró todo. Pero nada de arrepentimientos, el show estuvo a la altura.

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Escribo sobre música, soy toc y me quejo gran parte del día. Fundadora de @eslaferia