Black Sabbath y su última vez en Chile: Un terremoto de historia pura

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Los ánimos están calmos. La cancha del Estadio Nacional aún no se llena y afuera del recinto, el público vestido con poleras negras disfruta de las últimas cervezas en lata, recién compradas a vendedores ambulantes, antes de decirle adiós a la historia misma en carne y hueso. En apenas quince minutos, el coliseo más importante de Chile se repleta a más no poder. Se acerca el fin y la gente lo sabe. Black Sabbath aparecerá en escena para decirle adiós a su fanaticada chilena, todo con un potente espectáculo armado en base a una sola guitarra, un bajo y una batería de doble pedal. La belleza de lo simple dominará el monstruoso sonido que arrasará con todo el Julio Martínez Prádanos.

Siendo las 21:10 del sábado 19 de noviembre, las torres de luces del recinto se apagan. Es la señal. Las pantallas gigantes del escenario se iluminan, y en cosa de segundos, Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Tommy Clufetos se asoman en medio de sonidos de campanas. Es el debut y despedida de la banda en el Nacional, recinto que no los pudo alojar en sus dos visitas anteriores. El velorio en vida comienza con el riff de la homónima Black Sabbath, canción del álbum del mismo nombre y que el tremendo Iommi se encarga de comenzar con su clásica Gibson SG zurda.

La noche vendría cargada de otras trece canciones, todas a excepción de dos, provenientes de sus tres primeros discos lanzados entre 1970 y 1971. Al tema debut le seguiría Fairies Wears Boots, en donde las imágenes psicodélicas proyectadas en pantalla iluminan el recinto, junto a las primeras bengalas encendidas por el público. La gente salta y corea las pesadas melodías, mientras que se inician algunos mosh aislados. Luego vendrían After Forever Into the Void, ambas del LP Master of Reality (1971).

A pesar de la avanzada edad, las enfermedades que han enfrentado y las drogas de sus años dorados que desgastaron sus cuerpos, el trío original de Osbourne, Iommi y Butler sigue ahí de pie, impecablemente enfrentando a las más de 60 mil personas que disfrutan de su último adiós.

Es ahí cuando llega la tremenda Snowblind, donde Ozzy logra quitarle protagonismo a Iommi y su guitarra. El recinto estalla con la canción, para después lograr la euforia con War Pigs, uno de los temas claves de toda su carrera. El corte originario de la placa Paranoid, y que inicialmente le daría forma y nombre a dicho disco, se ve acompañado por Behind the Wall of Sleep en lo que ya es la mitad del show.

Tanto en cancha como en graderías se aprecian caras de todas las edades, aunque la juventud menor a 30 años es un factor dominante. Aquellos que crecieron viendo un Ozzy Osbourne como estrella de reality show se encuentran allí. Sin embargo, en el lugar todo es distinto. El respeto ante la verdadera faceta del personaje se hace notar en el ambiente. La admiración, no sólo hacia el cantante sino que a la banda completa, es primordial cuando el legendario Geezer Butler se roba el protagonismo. Su bajo, conectado a un potentísimo pedal wah-wah, comienza a emitir las melodías de Bassically, la famosa intro que precede a N.I.B. El humo domina el Nacional para cuando el tema de la placa debut de los ingleses comienza a sonar, siendo así uno de los puntos más altos del show.

Vendrían Hand of Doom y Rat Salad, ambas de su segundo disco, cuando la hora de Clufetos llega y el percusionista que por años ha acompañado a Osbourne tanto en su proyecto solista como en Black Sabbath, inicia un solo de batería que llega a la no menor duración de diez minutos. Una expectación ideal para que comience a sonar Iron Man, una de los altos hits del grupo y que tuvo un revival luego de ser incluida en la película de Marvel del año 2008.

El verdadero inicio del fin comienza con Dirty Woman, único tema del repertorio que no proviene de sus primeros discos, y que sería seguido por Children of the Grave, donde las bengalas vuelven a encenderse en distintos puntos de la cancha, mientras retornan pequeños mosh aislados y los saltos del público, todo iluminado por las intermitentes luces dispuestas sobre el escenario. La gente corea, grita y aplaude. Es el epílogo en suelo nacional de una banda con casi cincuenta años de historia, y que aún en pie, demuestra sin tapujos por qué son lo que son.

En el setlist está programado un encore, sin embargo, la banda jamás deja el escenario. En una pausa de segundos en que Osbourne aprovecha de saludar al público, los amplificadores comienzan a retumbar de nuevo, esta vez con la canción final. La escogida, al igual que en el resto del tour, es Paranoid, el hit más grande del grupo. Bengalas otra vez, luces y euforia también. El tema concluye con redobles de tambores y un “¡Thank you!” del vocalista, quien en medio de la espera de sus compañeros para la clásica reverencia al público, corea “Olé, olé, olé”. La gente, en su totalidad y mientras brinda unos interminables aplausos, responde “¡Sabbath, Sabbath!”. El último adiós pactado ya se concretó.

Los dioses abandonan el escenario. No es la partida más cálida con el público, en especial cuando hay más de 60 mil personas que siguen aplaudiendo. Sin embargo, para ser la última vez funciona. De fondo en los parlantes suena Zeitgeist, tema de su última placa 13 (2013). No hay vuelta atrás: Black Sabbath, la banda formada en Birmingham a finales de los sesenta, le dijo adiós al público que los vio por tercera vez y final en suelo chileno. Las partidas siempre son lamentables, pero pocas son las veces en que los “chao” y “gracias por todo” se pueden dar de buena forma en vida.

Black Sabbath  “The End” Tour – Setlist Estadio Nacional 19/11/2016

1.- Black Sabbath

2.- Fairies Wear Boots

3.- After Forever

4.- Into the Void

5.- Snowblind

6.- War Pigs

7.- Behind the Wall of Sleep

8.- N.I.B.

9.- Hand of Doom

10.- Rat Salad

11.- Iron Man

12.- Dirty Women

13.- Children of the Grave

14.- Paranoid

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