Fotografías por @catemunoz
En la escena independiente chilena un lugar como la Sala Metrónomo es la puerta a la consolidación de un proyecto musical dentro de la capital. Ya ha pasado con Candelabro, Estoy Bien, Déjenme Dormir y Hesse Kassel. Ahora fue el turno de Teodioteodio, quienes sorprendieron con su mezcla de post-rock, post-hardcore y poesía este 2026 con su álbum debut “Echaremos el Cielo Abajo a Patadas”.
El potencial no estuvo previsto desde la venta de entradas, lo que generó aún más esperanzas dentro del mundo melómano atento a cada una de las propuestas nacionales. Soñar en grande no es límite. Inicialmente la presentación iba a ser realizada en Epicentro (ex Espacio del Ángel), pero los tickets volaron en menos de una hora. Lo más lógico era trasladarlo al recinto ubicado en pleno barrio Bellavista. Un cambio muy bien recibido con un sold-out a más de dos meses del evento.

La mayor capacidad permitió un concierto de lanzamiento en grande de su álbum debut en un formato único. Cada canción en su orden correspondiente. Los casi 56 minutos del trabajo, pero ideado en la forma de ser la performance exacta, en lo estético como lo visual, de lo que podría ser la primera imagen mental de lo que uno entendería de los ocho tracks.
Abrió Cicuta, la segunda banda del vocalista de Hesse Kassel, Renatto Olivares, quienes encendieron motores, sacudieron brazos y pies, y suministró al público con una primera dosis de diversión frenética con su bailable y ruidosa interpretación de diversos temas (la mayoría sin versión en estudio, solo “Nupcial”) enfocados en un rock experimental al más puro estilo de un híbrido entre Talking Heads y González y Los Asistentes. Es más, “Cerrado con llave” del grupo del “Huevo” Henríquez sonó como su introducción.

De manera puntual, a las 21:00 se vislumbraban en pantalla unas frases introductorias de Lautaro Edwards, poeta cercano a la banda. Total silencio para apreciar cada palabra presente. De pronto, aparece solo segundos antes de iniciar los primeros acordes de “Lejos de México”, “Je m’appelle Lautaro” (Mi nombre es Lautaro) y luego un jinete cabalgando su caballo. La carrera empezaba.
El icónico pino aromático de la portada del álbum colgaba desde el techo del escenario mientras la banda conformada por Francisco Ortúzar, Tomás Alvear, Pedro Krebs, Vicente Gonzalez y Diego Alvarez se unía a la fuertemente adolecida pero liberadora palabra hablada de Felipe Baraona al mismo tiempo que, inspirado en Ian Curtis, realizaba epilépticos movimientos bajo el ritmo de la música.

Teodioteodio recita poesía de forma desgarradora. La energía empezó arriba desde el comienzo. El setlist no era ninguna sorpresa. Los asistentes sabían en qué momento podrían venir los temas más crudos y ruidosos, tal como el que seguía, “Pantera”, en donde el público se abalanzaba como este felino hacia el escenario con intensidad. Entre cada canción, existía una merecida pausa en la que solo se mostraban escritos. Se daba espacio al silencio profundo y a la reflexión. Necesario para la juventud (el público en su mayoría) presente.
Saltos y moshs marcaron la calurosa y breve jornada en la Metrónomo. Pareciera que cada minuto de la casi hora de tocata era vital para los asistentes, en especial en la emocional “Catástrofe”. Con un sentido y afligido cantar, Baraona expresó lo presente en aquel tema que saca más de una lágrima a uno. Punto alto marcado por las guitarras melancólicas y la celestial performance vocal de Diego Álvarez. Una espada que bajaba desde el cielo a lo largo de la canción demostraba la afilada y violenta lírica que se logró entrever a lo largo de los 8 minutos de duración del tema.

Un vaivén de focos de luz distinguía un “Puente” balanceándose que pronto haría a un público colapsar a gritos recitando poesía que luego tomaría un poco de calma en “Amar”. Aunque no tardó en explotar el dolor. “¿Por qué no me dices que me amas?” sonó más fuerte en los asistentes que la misma banda. Grito urgente de una comunidad desolada.
“Multitudes” exponía a los miembros del grupo apuntados con lásers como si fuesen el blanco dentro de una guerra. Las palabras también pueden ser un arma, pero “no sabrás de dónde vienen las balas” y finalmente pueden acabar con tu vida. De esa misma manera, lograron reflejarlo sobre el escenario. La catarsis del espectáculo. “teodioteodio”, track final del disco dio cierre a la tocata. Desde el cielo cayeron papeles con “Mi nombre es Lautaro” en distintos idiomas. ¿Será una pista de una nueva canción a estrenarse? ¿Un disco? En semanas o quizás meses sabremos…
