La duda estaba instalada entre murmullos del Movistar Arena: ¿cómo será el reencuentro con Soda Stereo? Si bien el estreno de Ecos ya ocurrió en Argentina, muchos fans decidieron aterrizar sus expectativas y evitar conocer los detalles del regreso, de algún modo, de Gustavo Cerati a los escenarios.
En 2014, el trasandino falleció dejando una promesa inconclusa: “Nos vemos en la próxima. De la forma que sea”. A pesar de que el frontman ya había hecho apariciones en Chile tras el show de Soda en el 2007, como aquella última presentación en ese mismo reciento en el 2009, nada era como estar junto a Zeta y Charly.
Ya en medio de la cancha, un grupo de amigos comienza a tomarse fotos en grupo. Uno de ellos, aprovecha de sacudir por última vez su chaqueta de cuero. Se nota que tiene años de aventuras, y que en su momento fue la prenda más taquilla en aquellas noches de tocatas. Muchos en pareja, bromean con el hecho de volver a ver a Cerati bajo un holograma. “Cerati está vivo”, concluye uno de ellos, sumergiéndose en la ilusión.
Acompañados por sus padres, también hay espacio para adolescentes vistiendo futuros recuerdos que seguramente con el tiempo le encajarán mejor. También asoma un grupo de amigos, que intenta ubicarse estratégicamente en una posición cercana al FOH. Un niño prueba los lentes 3D que fueron entregados en el ingreso. Varias generaciones aparecen en miles de historias que ocurren a la vez, a minutos de que un adorable puente quede entre todos ellos.
Se apagan las luces y un par de siluetas interrumpen la imagen de la colosal pantalla gigante. Los primeros acordes de “Ecos” retumban en el Movistar Arena. El público eleva sus gritos, algo contenidos ante la espera de la revelación, como si sus sentidos estuviesen alerta para intentar descubrir el acto de magia. Tras ello, “Juegos de Seducción” los descoloca, entregándose 100% al coro y dejándose llevar ante las siluetas tras el telón, porque esta noche todo lo puede.

De pronto, aquella tela se eleva para mostrar a Zeta a un costado, Charly al medio y sí, Gustavo al otro rincón. “Comunicación sin emoción”, evoca cuando por primera vez las pantallas paradójicamente lo enfocan. La reacción se traduce en un grito ensordecedor, como si nunca se hubiese ido. “Nada Personal” libera las primeras lágrimas alrededor. Cerati se siente ahí, respaldado por sus compañeros de siempre y por un trabajo visual a gran nivel.
Mientras suena “Ella usó mi cabeza como un revólver “, una mujer decide cambiar el objetivo de su video. Pasó de dirigir el lente hacia la figura de Cerati para enfocar a su hijo, quien cantaba a todo pulmón. Al lado, una pareja disfruta abrazados mientras Gustavo replica “estaba listo para ser amado”. Allí, él decide poner a relucir su altura e inmortalizar el show con su celular. A pesar de las prohibiciones, brazos curiosos decidieron tener una que otra prueba del reencuentro que parecía imposible.
El show transita entre hits, visuales que acompañan con fuerza cada canción y momentos en 3D: el primero fue durante “Cuando pase el temblor” y luego en “Planeador”. Elementos que ayudaron a darle dinamismo a un show que tenía, aún así, a un activo Cerati entre caminatas y guitarreos. Los tres paneles que se suspendieron en las alturas del Movistar Arena dotaron de mayor inmersión a esta experiencia.

Durante “Prófugos”, unas tarimas comienzan a tomarse la cancha del Movistar Arena. Al lado izquierdo se desenfunda una batería. Algunos caen en la sorpresa. “Con que toque un platillo me doy por pagado”, replica uno de los amigos a su numeroso grupo. En pleno cumpleaños 63 de Charly Alberti, iba a tener al propio baterista tocando a solo centímetros de distancia.
“Tengo una buena canción para cantar”. Todo fan de Soda, o quien asistió a alguna que otra fiesta de rock latino o plato único bailable, sabe a cuál se refiere. Ya con Charly y Zeta en sus respectivas tarminas, “De música ligera” hizo elevar celulares y despegar los pies del suelo. Un cierre a la altura para retomar viejas costumbres o saldar deudas, pero definitivamente para celebrar la música que rompió fronteras y entrelazó generaciones.
Muchos, incrédulos, se acercan hasta la batería de Charly para tomarse una última foto. Otros observan y se toman un tiempo para digerar lo vivido en casi 100 minutos de show. Ahí es donde caen las primeras lágrimas del mismo hombre que trataba con cuidado su chaqueta de cuero, que no separó de él en ningún momento de la noche. ¿Habrá sido su compañera en aquel show del Estadio Nacional del 2007, o del 97? O incluso pudo haber sido testigo de aquellas noches en la Quinta Vergara, algún teatro de Santiago o todas esas venues en regiones donde los argentinos marcaron juvenutdes.
El hecho de exprimir el legado de Gustavo da para más páginas. Por otro lado, la discusión sobre el uso de la tecnología y si lo artificial puede superar lo orgánico parece diluirse en ese largo abrazo entre viejos amigos, en hijos consolando a sus conmocionados padres, todo mientras los recuerdos de la banda pasan al son de los créditos y “Zona de Promesas”. Gustavo, desde aquella otra dimensión, sigue teniendo razón: tarda en llegar, pero al final sí hay recompensa.

Soda Stereo – Ecos (Movistar Arena, 27 de marzo de 2026)
- Ecos
- Juegos de Seducción
- Nada Personal
- Hombre al Agua
- Ella usó mi cabeza como un revólver
- Cuando pase el temblor (interludio)
- Luna Roja
- Toma la Ruta
- (En) el séptimo día
- En la ciudad de la furia
- Sobredosis de TV
- Persiana Americana
- Un mísil en mi placard
- Zoom (interludio)
- Planeador
- Final Caja Negra
- Primavera 0
- Prófugos
- De Música Ligera
- Zona de promesas (créditos) – Alive and Kicking (Simple Minds)