Pasó una semana del regreso de Oasis a Chile y aún no encuentro las palabras

Una semana ha pasado desde que escuchamos “Oasis Vibes in the Area”. De celebrar la llegada de Liam y Noel tomados de la mano cuando recortes y pantallazos de noticias en pantalla nos hacían confirmar lo que sabíamos, pero que necesitábamos verlo in situ. Oasis estaba de regreso en Chile y lo hacía a lo grande con un Estadio Nacional repleto.

Pero, ¿cómo reflejar lo vivido en dos horas de show? Es imposible, o al menos me está costando. Muchas veces para explicar las emociones de una noche requiere un contexto que excede un setlist. Hay muchas cosas que decir de la noche del 19 de noviembre, pero no sé cómo.

Pensé en empezar con la primera vez que vi el video de “Live Forever” en VH1, o cuando descubrí que una canción de los británicos la habían usado poara un comercial de Coca Cola. O cuando en pleno estadio, durante un partido del Everton, escuchaba por la radio el show de Noel en Lollapalooza. O en ese mismo festival, años después cuando quedé en las primeras filas para ese regreso en solitario de Liam traicionado por su garganta.

Quizás era buena idea iniciar con esa noche de agosto del año pasado, al colocar la alarma a las 3 de la mañana para enterarse con el resto del mundo: la gran espera había terminado. O tal vez, lo mejor era partir desde la procesión por alcanzar una entrada. Ya sea Cancha. Ya sea Andes. Sí, sé que estará bien.

Probablemente inicia todo con aquel 4 de julio, siguiendo las transmisiones de TikTok de dos héroes de Cardiff. O en realidad con cada fecha que pasaba, cada set de postales por país o las versiones en vivo que fueron liberando en plataformas digitales.

Tal vez deba aterrizar y contar todo desde el día que se abrió la tienda en el MUT, donde temprano fans fueron directamente a esas camisetas futboleras. Unos se lanzaban a pesar del precio, otros se hacían la idea de comprarla pirata. O lo mejor sería contar cómo, con la ansiedad contenida, arribamos 24 horas antes a las afueras del estadio para ver el logo de Oasis iluminar el cielo de Santiago durante algunos minutos.

Me cuesta empezar, porque sé que tengo mucho que contar del 19 de noviembre. El cruzarme con desconocidos fans uniformados horas antes del show y hacernos señas. La sensación de superclásico que se vivía a metros del acceso. El excesivo control policial con la previa que muchos hacían para capear el calor.

Todo para ingresar, soportar el sol hasta que llegó el momento en que Richard Ashcroft se hizo presente. Con esa seguridad y voz inconfundible, acortó una espera a punta de canciones que intensificaron la nostalgia en cada rincón del estadio. Desde “The Drugs don’t Work” a “Lucky Man” y la coreada “Bittersweet Symphony”. Un lujo.

Tras aplausos y una promesa de retorno, ya no quedaban más uñas. La ansiedad era real. De seguro en cancha varios encontraron nuevos amigos, otros se reencontraban de casualidad, unos con plumón y cartón armaban uno que otro mensaje. Mientras tanto, los guardias se entretenían repartiendo agua. Se sentía como la espera de las 12 de año nuevo.

De repente, una voz nos advierte que esto no es un simulacro, cuando un medidor de decibeles va en aumento. Solo bastó un instante para que el incio de “Fuckin’ in the Bushes” se confundiera con la explosión del público. Llegaba el momento.

Lentes y la tradicional parka para Liam. Una blanca camisa desabrochada (“for the ladies”) para Noel. Así saltaron a la cancha ante un mar de camisetas negras y celestes inquietas con “Hello” y “Acquiesce”. Dos canciones que reflejan lo que seguramente resuena en la cabeza en los hermanos Gallagher: “es bueno volver” y “nos necesitamos el uno al otro”. Luego, “Morning Glory”, hacía lo mismo con nosotros: “todos tus sueños se hacen realidad”.

Quizás no lográbamos entender el “mancunian” del menor de los Gallagher. Incluso algunos quizás se asustaron con los gestos y tono desafiante. Otros ya sabían que era el momento del “poznan”, donde el público tomaba el protagonismo para darse vuelta y sumergirse en un salto unísono en el comienzo de “Cigarettes & Alcohol”. Fue hit tras hit, donde no solo coreaban todo momento, sino que incluso las luces de los celulares iluminaron la euforia de “Roll with It”. Desde Andes miraba con sana envidia cómo en cancha A se entregaban al momento, sobre todo al medio del sector.

Liam abandona por un momento y el Rkid toma la batuta para emocionarnos con canciones como “Talk Tonight”, “Half the World Away” y “Little by Little”. Si la catarsis no llegó ahí, de seguro fue con “Stand by Me”, la potente “Slide Away” que tuvo a muchos dedicándola, o incluso pidiendo matrimonio, o “Live Forever” que te pone los pelos de punta en el solo de Noel. La iluminación llegó con “Rock n’ Roll Star”, que motivó el encender bengalas antes del bis.

Cuando ya había mucho que contar, Noel comienza a liderar la etapa final del show con dos de las canciones más esperadas de la noche: “The Masterplan” y “Don’t Look Back in Anger”. El mayor de los hermanos sabe cómo involucrar al público y se confirma en cada coro. “Wonderwall” y “Champagne Supernova” dieron cierre al capítulo, ante un público entregado que cambió los mosh y saltos por abrazos de contención.

Los fuegos artificiales se elevaron apenas Liam descansó el pandero sobre su cabeza. A medida que el estadio se iluminaba y el sol se ponía en la pantalla, muchas lágrimas terminaron de caer alrededor del estadio. Los 16 años de espera e incertidumbre tuvieron su momento cúlmine con el abrazo entre los hermanos Gallagher.

Después de esta noche, ¿qué sigue? ¿cómo se supera? De todos esos días marcando el calendario, tachando las otras fechas, bromeando con una posible pelea, sintiendo que esas dos horas se fueron volando. Lo de Oasis va más allá del concierto como tal, o de la idea de que la reconciliación y todo es posible. Más allá de las poleras, originales o réplicas, los gorros de pescador o el tarareo en las calles aledañas.

¿Es posible de explicar lo que se vivió? ¿Fueron muchas o pocas palabras? No sé. No me importa. Solo sé que puedes llevarme ahí (de vuelta).

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