Fauna Primavera, día 2: El WiFi se llamaba “Vino Liz Fraser”

Fotografías por Gerardo Aliaga.

Después de un mar de información dura sobre el oscuro mundo que habitmos, que nos golpeó a todos, un rayito de alegría llegó en forma de canción: “Teardrop”, una obra extensa e impactante que se filtró en las radios chilenas en 1998 y se convirtió en un clásico, tanto por sus arreglos como por la fina voz de Elizabeth Fraser, ya en esos días una leyenda tras haber liderado Cocteau Twins. ¿Pensábamos que así terminaríamos el fin de semana así? Jamás.

Así concluyó la segunda jornada de Fauna Primavera, mucho más heterogénea y de varias alzas y subidas energéticas.

Niebla Niebla
Candelabro

El inicio fue algo tibio, con Niebla Niebla a pleno sol. Aunque el público escaseaba y no motivó a muchos, el proyecto dream pop de Princesa Alba es más que interesante y puede dar muchas sorpresas en un futuro. Su breve set se completó con una envolvente versión de “Los Adolescentes” (de Dënver) junto a Mariana Montenegro.

Poco después fue el turno de los números favoritos de la clase, Candelabro. Haber dividido su set en dos partes, con lo más potente de su primer y segundo disco en orden cronológico fue una jugada eficaz: desde el minuto uno tenía a su público saltando y hasta mosheando, con “Pecado” y “Domingo de Ramos” como puntos altos. Un debut saludable en el Fauna que demostró su buena estrella tras lanzar “Deseo, carne y voluntad”, su laureado segundo álbum.

La tarde siguió con más interesantes presentaciones: la mexicana Bratty sumó nuevos followers y encantó a quienes ya vienen siguiendo sus pasos desde su encantador álbum “Delusión” (2021). Sus suaves acordes fueron un contraste directo con lo que pasó después con Otoboke Beaver, una frenética y potente ola de punk rock que encandiló a los presentes. Las cuatro japonesas de Kioto saben que lo suyo es la intensidad en breves tracks, y el público respondió a la altura saltándolo todo.

Javiera Mena
The Whitest Boy Alive

A eso de las 4pm, Javiera Mena mostró parte de su actual set en un festival que ya es parte de su historia. Los temas de “Inmersión” poco a poco van sumado adeptos y se cuelan muy bien con otros momentos de su discografía, como “Sufrir”, “Otra Era” y “Culpa”, tema que con esa explosiva cita a “Heads Will Roll” (Yeah Yeah Yeahs) convirtió el parque en una pista de la Blondie.

En una sintonía similar fue el set de The Whitest Boy Alive, el proyecto de “pop bailable de dormitorio” de Erlend Oye, quien de hace varios años que no visitaba nuestro país. En un ambiente chill acogedor, la banda demostró estar en buena forma y que no están en el festival por mera nostalgia (aunque su último single data del 2020). En conversación con LaRata, nos contaron post show que su plan en lanzar nuevo material, solo falta que los planetas se alineen.

Tash Sultana
Aurora

Lo chill siguió poco después con Tash Sultana, cuya mezcla indie-reggae ha sabido conquistar audiencias en este lado del planeta. Si alguien tenía dudas, solo con “I Shot The Sheriff” (Bob Marley) fue suficiente para atrapar la atención de quienes estaban de paso por el festival esperando otro número. La australiana se vale de sí misma para dar un estupendo show, y que sólo me hizo pensar en cómo han evolucionado las propuestas alternativas en el mundo. Creo que los tiempos de músicos de camisa y rostros inexpresivos quedaron atrás.

Ahora, si hablamos de números esperados, lo de Aurora es algo especial.

La carismática artista noruega es una estrella pop y sus éxitos son contención para el público fiel que llegó a este parque para celebrar su música, con hits como “Runaway” y “Cue for Me”. Una luminosa presentación que se coronó con el regalo de una camiseta del club Palestino por parte de un asistente.

Bloc Party

La cuota de leyendas del rock británico se completó este sábado con el paso de Bloc Party, quienes debutaron al fin en Chile en este Fauna. Aunque la banda no es la misma de sus inicios, Kele Okereke sigue siendo ese frontman incombustible y sabe sacar brillo a los temas que convirtieron a su banda en un combo esencial de principios de siglo, como “Banquet”, “The Modern Love”, “Flux” y “Helicopter”.

Tras esto, el fin de la civilización: Massive Attack demostró que el rock también puede ser una instalación artística de varios niveles. Con un sonido envolvente, y los bajos más fuertes que he escuchado en un recital, los británicos buscaron expandir la potencia de sus creaciones con una propuesta visual sobrestimulante.

Usando inteligencia artificial, en las pantallas se vieron búsquedas de distintos conceptos que revelaban el lado oscuro del mundo digital, desde los datos personales que se esconden en la nube cibernética, hasta lo absurdo de las informaciones viralizadas en medios. Luego, los datos duros sobre la grave realidad actual que se vive en Gaza, con las abrumadoras cifras de muertes y crímenes que se viven en una guerra sin fin. Trump, Netanyahu y Putin a la cabeza como líderes de una atrocidad, de la que Chile no se desmarca. Robert del Naja, líder de este colectivo británico, habló en español para pedir libertad al pueblo palestino y destacar de paso que Chile es el país que alberga la mayor cantidad de palestinos fuera del mundo árabe.

Junto con el llamado de conciencia, Massive Attack sorprendió con un setlist contundente que incluyó varios clásicos inesperados como “Unifished Sympathy” y cinco piezas del emblemático Mezzanine, disco de culto en nuestro país, del que destacaron “Angel”, “Black Milk” y, por supuesto, “Teardrop”, con la mágica voz de Liz Fraser.

Comparar el line up de este año es inevitable, y la mayoría puede que se decante por ediciones anteriores. Pero lo que vivimos con shows como lo de Massive Attack, Weezer, Stereolab o Aurora, solo puede compararse con otros momentos en directo vividos en Chile en esta década del 2020. Así nomás.

Total
0
Shares
Previous Post

Geordie Greep: “Es difícil hacer música que sea realmente difícil de tocar y de entender, pero fácil de disfrutar”

Next Post

Miranda! y Chile: un vínculo que crece entre estadios con show en Concepción