Judeline y la divinidad de su universo “Bodhiria” en Chile

“Bodhiria” es un no-lugar imaginario donde Judeline explora sus sentires para darle nombre a su primer álbum. Compuesto de anhelos, miedos e infinitos sentimientos, “la niña del sur” traslada con su magia a quien la escuche con atención. Algo de lo que pudimos dar fe la noche del 4 de noviembre en Santiago de Chile. Allí, conocimos no solo a Lara Blanco por lo que es, sino también por quien dice ser: la potente pisada de su alter ego, Angela.

“Qué carajos acaba de pasar”, comentó ella misma tras bajarse del escenario en el Teatro Coliseo. Como si hubiese vivido una experiencia única en su esperado debut acá. Íntimamente aclamada, la vimos asombrada y nerviosa. En el calor del recibimiento, su humanidad proclamó el fuego que la volvería magnética y etérea. Por ello, la narración exige primeramente entregar luces sobre el significado de “Bodhiria”. Sólo así podríamos dar paso a la significancia del limbo que cohabitamos con Judeline.

El dominio de Angela

El show arrancó sin más con “Bodhitale”, la introducción del disco. El aura de solemnidad y el imaginario sonoro comenzó a llegar con ella cantando de espaldas y a contraluz. La ovación por una puesta musical en ciernes dio paso al asombro cuando, de pronto, “angelA” se tomó la escena. El momento llegó con la cantante sentada sobre la espalda de su bailarín Héctor Fuertes, que se encontraba apoyado con sus cuatro extremidades en el suelo, cual burro de carga, para gatear por el escenario mientras gesticulaba profusamente.

Esta danza contemporánea acompañaría todo el viaje del imaginario. Con su teatralidad de miradas penetrantes, bocas abiertas, espasmos y movimientos fuertes, Judeline y su bailarín no solo daban énfasis a las letras, sino que conectaban. La artista parecía que lo dominaba en un juego de brujería donde ella mandaba. Acompañando vehemente esta atmósfera, estaban las luces y el humo, creando un ambiente minimalista, pero perfectamente pensado.

De atmósferas sonoras de estudio al trance en vivo

A nivel sonoro, Judeline recorrió todo su disco (y otras canciones) con momentos de expresión y otros más bien introspectivos. El trabajo de Sebastián “Bachano” y Xoan Dominguez en los arreglos y la percusión fue impecable, ofreciendo atmósferas sonoras únicas: “con patrones inesperados, momentos de trance y guiños al flamenco”, tal como se menciona en la crónica de MondoSonoro sobre la primera fecha de esta gira en Bilbao.

En aquella crónica también se habla el ingenioso uso del autotune que Judeline realiza, pues en términos vocales, pareciera que no se le escapa nada, llevando perfectamente las inflexiones de un lugar a otro. “Este concierto es una lección sobre cómo adaptar un sonido meticuloso y microscópico del estudio al directo. No solo lo ha conseguido, sino que han expandido el universo ‘Bodhiria’, incluyendo nuevos matices sonoros, visuales, conceptuales e interpretativos”, reseñan en MondoSonoro.

Confesiones y el éxito acústico

El setlist en Chile también respetó casi todo el orden del disco, pero dejó espacio para otros temas y momentos íntimos, como su ya famosa versión del himno de Shakira “La Tortura” y “2+1”, el hit donde Judeline se permitió una infidencia: el supuesto origen de la canción. El relato versaba sobre una amiga suya de Valparaíso que tenía el tipo de “problema” que relata en esta canción, a lo que el público, que le pedía con ganas que no la dejara pasar, reaccionó con euforia.

Pero el momento medular de la noche llegó con “Zarcillos de plata”, una canción que hizo un espacio especial entre Judeline (apenas visible por el humo), la guitarra y el público. La atmósfera cohabitada se trasladó a algo más que sonoro: probablemente a recuerdos. Fue en este canto guitarreado donde vimos más a Lara, en esta cualidad de  “Chica de cristal”. Sencillos que nos remontan a la añorada y amada Jeanette, la joven melancólica que cantaba “El muchacho de los ojos tristes”.

Aunque la artista bromeó con que ya era hora de irse porque, al fin y al cabo, no tenía tantas canciones, la efervescencia que encendió en esta parte del hemisferio permanecerá más que solo esta temporada de calor, porque está claro que, Judeline, ya es una figura imprescindible en la escena internacional.

Total
0
Shares
Previous Post

Joe Vasconcellos celebra los 30 años de “Toque” con versión en Dolby Atmos en previa de su show en el Movistar Arena

Next Post

Diego Lorenzini arma una fiesta entre héroes, amigos y familia en “¿Y?”, su primer disco de colaboraciones