¿De cuántas maneras se puede habitar el inframundo?: Hesse Kassel y Candelabro en Valparaíso

Este año la escena del indie chileno ha dado que hablar, y dentro de las bocas de miles y más personas, se han pronunciado cómodos dos nombres: Candelabro y Hesse Kassel son las actuales promesas de un sonido nuevo, con influencias marcadas pero una identidad aún más. 

En este sábado generacional, Valparaíso completo se viste de negro, y las cabezas vistas desde lo alto del Trotamundos de Valpo se mueven con ganas, al ritmo de unas ya clásicas, que nos hacen esperar. 

La espera, de hecho, se vuelve larga. Luego notamos que es por la cantidad de gente que está posicionada por Blanco, locación del nuevo local porteño que ha albergado hasta ahora a músicas y músicos de renombre en la escena musical.

Fotos por Gerardo Aliaga (@geraliagar)

 

 

 

 

 

 

“Crecer no significa dejar de lado mi proceso, creatina” 

Ladran las primeras notas de “Vida en Terranova”, un conocido de “La Brea”, álbum que inició marzo con expectativa de la escena nacional y que de a poco se fue posicionando en la crítica de todo el mundo como uno de los mejores proyectos en lo que va del año. 

Renatto Olivares, Luca Cosignani, Mauricio Rosas, Eduardo Padilla, Matthew Hopper y Joaquín González habitan el inframundo; desde donde salen las letras y sonidos que hoy mantienen su posición como la nueva promesa del rock en Chile y que, así mismo, los llevará al Teatro Coliseo este 6 de noviembre. 

En una entrevista previa con LaRata comentaron que estaban expectantes a las nuevas fechas, que de momento se han expandido hasta la edición 2026 del Lollapalooza. Pero hoy están mucho más cerca del mar que de otra cosa, y las personas que han venido esperando la tarde para verlos y comprar merch dispuesto en la entrada del Trota, vinieron a disfrutar. 

Fotos por Gerardo Aliaga (@geraliagar)

El retumbe nos sumerge en el mundo del sexteto y los hombros chocando reciben cervezas que enfrían aún más la oscuridad del primer piso, del resto se encarga la voz de Renatto. Saludó a Valparaíso y nos dejó en la puerta de un viaje entonado por cuerdas distorsionadas, teclas, la batería de Lalo, saxofón y flauta traversa. 

Valparaíso canta y baila al ritmo de un mosh que hace despertar el furor de los asistentes y la consistencia de cada palabra brillando en los ojos de la banda. La mayor parte de los temas que escuchamos hoy no están en “La Brea”, son un viento fresco y nuevo que esperamos ver más adelante, pero que aún sin tener su versión en plataformas de streaming, son coreados por quienes siguen a la banda y están atentos a los videos de youtube. 

“Ladren Sancho que vamos pasando”

Hesse Kassel mantiene viva la promesa de la música experimental chilena en cada baile y llanto. Han dicho en muchas ocasiones que su música suena tal como les hace sentido, y eso se traduce en sonidos progresivos, poesía directa y el reflejo de despertar a mitad de la noche. 

Van cerrando su parte de la jornada con “Postparto”, una lírica prolija y los sentimientos de la batería de Lalo y voz de Renatto, quien saca con caos y cautela el saxofón que va a abrazarnos en la transición final.

 

 

“Y yo me niego a creer que esta tierra está maldita” 

“Deseo, Carne y Voluntad” es otra de las promesas que escuchamos este año. Lo hacen saber las personas que hoy visten poleras de un cordero con espinas. Tan cerca de dios, pero más cerca hoy de una inflexión tortuosa, del camino escaleras abajo que es el Chile.

Esta vez, compartiendo escenario con Hesse Kassel, Matías Ávila, Javiera Donoso, Franco Arriagada, Nahuel Alavia, Luis Ayala, Carlos Muñoz y María Lobos, exploran un ritmo nacido en el vértigo. Hoy en este junte generacional, se inundan en el ruido mental de los jóvenes de Valparaíso. 

Fotos por Gerardo Aliaga (@geraliagar)

Están en una era que los transporta un paso más allá de lo que fue su debut, que también logró llevarlos como una de las promesas más jóvenes en la escena indie actual. Llegan al escenario, Matías ahora luce pelos rubios, tan prolijos y al mismo tiempo, en el desastre de un grupo que se siente identificado por querer escapar.

Comienzan con “Dedo Chico” y todos entonan la ya conocida y pegajosa melodía que fue protagonista de tantos momentos en redes sociales y, no me cabe duda, la vida diaria de muchas y muchos que nos sentimos identificados con la propuesta de la banda. 

Las ciudades están llenas de caos y nosotros los jóvenes al medio. Candelabro construye una identidad que deja ver que a medida que crecemos y entendemos más cosas, nos albergamos en una eterna nostalgia. Desde ese espacio, abren paso y proponen, más expedito y sonoro, una solución para gritar y sacar afuera lo incómodo. 

 

Valparaíso necesitaba Candelabro

“Deseo, Carne y Voluntad” toma elementos de un Chile que tantos conocemos, pero que en regiones es visto más de cerca, o tal vez solo con un aumento de lupa más grande. Cuando en vez de sentirnos más juntos en lo pequeño, las brechas han crecido, provocando la tan temida soledad. 

Entre el público que hoy hace resonar sus voces, hay gritos y lágrimas. Mucha emoción en torno a sentimientos que afloran tan propios en todos nosotros. No es de sorprender que esta noche de Trotamundos los aloje con tanta emoción. Nos volvemos híbridos, dueños y monstruos de la noche, gritando porque encandila la luna, la ciudad, el amor, la miseria.

Después de todo, así se habita el inframundo. 

Fotos por Gerardo Aliaga (@geraliagar)

Vivimos “Domingo de Ramos”, “Prisión de Carne”. Plasman la soledad y desesperación en sonidos redondos y armonías caóticas. Dar sentido estético al caos en un lugar en donde chillar y abrazarse. 

Lo que vemos hoy en Valparaíso es un eterno verano en los 2000. Un Chile que creemos conocer pero hoy se vive disuelto en “un algo” más grande que aún nos es desconocido. Habitar la nostalgia desde lo joven, desde generaciones que no necesariamente conocen el inicio de todo este dolor. 

Hesse Kassel abre esa puerta hacia lo oscuro e indiferente que nos puede generar el peso y Candelabro, en una eterna levedad tan consistente como hermosa, se encarga de desalambrar. 

Candelabro cierra con “Cáliz” y lo que nos queda en adelante son lágrimas de emoción. Y tal vez, querer volver finalmente a casa. 

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