Halsey logra su trabajo más soberbio e intrigante de la mano de Trent Reznor y Dave Grohl

Cuesta imaginar que una artista que haya nacido desde las tinieblas adolescentes de Tumblr con sus rendiciones de canciones declarándole webbanki.ru su amor a Harry Styles, covers trágicos de Blink-182 cantados en medio de malls gringos, declararse tri-bi (bisexual, birracial y bipolar) y asegurar que no es una popstar siendo que su música es pop en su más puro estilo pueda evolucionar de cierta forma como lo hizo Ashley Frangipane, más conocida como Halsey, un acrónimo de su nombre que ha tenido que enfrentar las críticas desde sus primeros días, en donde la han llamado pretensiosa, mentirosa, falsa e inconsecuente.

Lo cierto es que probablemente ella si fue todo eso, o incluso, lo es, pero lo interesante de Halsey es que siempre ha usado esa imagen a su favor, algo similar a lo que hizo Taylor Swift durante algunos temas de su incursión en el pop puro en “1989” y su sucesor, la sátira conceptual, campy e inteligente de “Reputation”, pero que Halsey lo hace de forma distinta y menos literal, ya que no habla de ello, no lo aborda en sus letras y mucho menos en sus entrevistas, pero sí en su tono, a veces rabioso y explosivo, que se quiebra, que va subiendo, que va bajando, que se distorsiona o que simplemente sigue una línea y lo refleja todo, algo parecido sucede en su más reciente, intrigante y ambicioso trabajo titulado “If I Can’t Have Love, I Want Power”, disco que trata acerca de los horrores y los traumas de dar a luz y ser madre.

Y le llamamos ambicioso porque no es solo un disco que no lo precede ningún single o tema que hayamos escuchado anteriormente, sino que también va acompañado de una película que se estrenó ayer en algunos cines de Estados Unidos y que también estará en otras salas alrededor del mundo durante este fin de semana -lastimosamente nada en Chile- pero probablemente el factor X de este nuevo disco de Halsey son los nombres que están detrás de las bambalinas de su gestación: el líder de Nine Inch Nails, Trent Reznor y su fiel acompañante Atticus Ross, quienes son los productores del proyecto, el líder de Foo Fighters, Dave Grohl, el mítico guitarrista de Fleetwood Mac, Linsdey Buckingham, Dave Sitek, de TV On The Radio, entre otros.

Y no es sorpresa que con esos nombres la palabra ambición caracterice de la mejor y precisa manera a “If I Can’t Have Love, I Want Power” que comienza con una teatrera balada titulada “The Tradition”, la cual es seguida por la atmosférica y a ratos industrial “Bells In Sante Fe” para luego rematar con la sucia y energética “Easier Than Lying” que termina explotando y vomitando su potencial ahuyentando a los dos primeros y calmados números, generando una especie de intensidad e intriga que va subiendo y bajando a lo largo de todo el disco, pero que está y funciona.

“Lilith” se compone de una percusión y un tímido bajo que transporta a la moda old school de los noventas, “Girl is a gun” juega con el electro-clash, el drum and bass y oscuros sintetizadores dándole un carácter bailable al disco con ciertos guiños a New Order, “You asked for this” tiene una fuerza indudable que casi en su final se pierde para tomar otra corriente igual de fuerte casi mezclando dos grandes canciones y que a ratos recuerda a Garbage en su peak, “1121” y “Whispers” son atrapantemente tenebrosas, “Honey” – que cuenta con la presencia de Dave Grohl en la batería- y “The Lighthouse” siguen la línea rockera de otros temas, mientras que “Darling” suena fuera de lugar con una dulce guitarra tocada por el mítico integrante de Fleetwood Mac Lindsey Buckingham que podría perfectamente estar en los últimos dos discos pandémicos de Taylor Swift y la emotiva y tierna pero sombría “Ya’aburnee” cae en el olvido a pesar de ser un closing track.

Por otro lado el mejor número es probablemente “I am not a woman, I’m a god”, un tema que juega con las percusiones y distorsiones acompañadas de un sintetizador insigne que sirve como escalera a un coro que evidencia fuerza, rabia y seguridad, algo que Halsey en sus trabajos anteriores seguía careciendo y que hoy parece estar en su mejor forma, declarándose diosa a pesar de tener defectos y no ser del gusto de cualquiera y que lo repite con aun mayor convicción en su último coro y que es probablemente, la carta más clara de éxito para este este disco.

“If I Can’t Have Love I Want Power” es ambicioso, cohesivo, intrigante, fuerte e intenso, casi un manifiesto de la misma Halsey, quien hace unas semanas dio a luz a su primer hijo y que hoy lo hace nuevamente con su mejor disco hasta la fecha -y uno de los mejores del año- además de dejarla como una de las artistas más interesantes, consistentes y versátiles del último tiempo, porque no cualquiera pasa de colaborar con alguien tan comercial Justin Bieber o un trapero que sigue las tendencias como Post Malone a colaborar con uno de los músicos más aclamados de las últimas décadas como lo son Trent Reznor, Dave Grohl o Lindsey Buckingham.

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