Rockout 2016: Justo y necesario

Rammstein

Nuestro país se ha vuelto tierra fértil en materia de festivales de música en los últimos seis años. Shows para todos los gustos y edades. Y el rock, uno de los estilos con más devotos, este año estaba quedando huérfano en la materia, pero gracias al potente Rockout Fest el vació quedó rebosante de brutalidad y fuerza, en una noche que será difícil de olvidar para los fanáticos del rock más pesado. A pesar de contar con un número menor de artistas, a diferencia de su primera versión, para la ocasión Transistor se la jugó con dos números calados y una correcta parrilla que se movió entre el metal y el hardcore punk.

El escenario elegido para la ocasión fue el Estadio Santa Laura, que funcionó a la perfección durante las nueve horas de duración del evento, que comenzó a la hora con los nacionales Valium, quienes sacaron la cara por el hardcore punk en el Escenario Monster. Los chicos tiraron toda la carne a la parrilla, en tan solo media hora, en donde demostraron con creces que están para cosas grandes. Energía y actitud que se replicaron en los primeros circle pit de la jornada.

Tras la actuación de Valium, vino el turno de All Tomorrows inaugurando el Escenario Transistor. El grupo liderado por Pepe Lastarria es uno de los mejores exponentes del metal nacional, gracias a una exquisita y certera ejecución. El conjunto se paseó por sus dos discos de estudio, dejando en claro que la brutalidad no solo para los artistas extranjeros en cortes como “Sol Agnates” o “Immanence”. Para el final de su presentación, el baterista Pablo Martínez se despidió alzando un lienzo de “no más rodeo”, el que fue ovacionado por los fanáticos.

AllTomorrows

Ya finalizada la presentación de las únicas bandas nacionales, los estadounidenses de Anti-Flag le daban el vamos a un show que comenzó con serios problemas de sonido. En su segunda visita al país y con una energía desbordante, Justin Sane armaba la fiesta con “Fabled World” pero la amplificación de la batería, a cargo de Pat Thetic, no acompañó del todo los primeros minutos del show, pero que poco y nada le importó a los fanáticos que armaron los mosh en todo momento. Así fueron pasando hits como “Fuck Police Brutality”, “All of the Poison, All of the Pain” el que incluyó una dinámica con el público, “This Is The End (For You My Friend)” qué dejó sendos circle pit como postales, de un show lleno de potencia y de una carga social, habitual en la propuesta de Anti-Flag.

antiflag

La primera sorpresa de la jornada estuvo a cargo del supergrupo Hellyeah, quienes debutaron en nuestro país, con un desplante único y vigorizante. El conjunto liderado por Chad Gray logró conectar de inmediato con el público presente. El groove y el vozarrón del ex Mudvayne consiguieron la confianza de los fans en un setlist redondo, que se movió entre los sonidos más bruscos y calmos. Con la cara llena de “sangre”, Gray y compañía le dedicaron palabras a Slayer, hacían un llamado a no cometer errores para mal en “Moth” y armaron el mosh junto al circle pit en “Say When”. Punto aparte el cariño de la gente por el ex Pantera, Vinnie Paul, en una presentación correcta y bien manejada por los estadounidenses.

Hellyeah

Inmediatamente finalizado el show en el escenario principal, los veteranos Dead Kennedys iniciaban la fiesta con “Forward To Death”. Los californianos siguen manteniendo la chispa encendida, a pesar que todos sus integrantes se mueven pasado los cincuenta años, el desplante y la ejecución siguen intactas. El Escenario Monster se caracterizó por alojar a bandas que cultivan el punk rock, por lo que el circle pit estaba a la orden del día. El jolgorio de recordar nuestra adolescencia se manifestaba en “Police Truck” o “Too Drunk To Fuck”, mosheadas a rabiar. El actual vocalista del conjunto, Skip Greer también tuvo palabras para bromear con el público, disculpándose por el cansancio propio de la edad o para llamar la atención de los políticos como Donald Trump en la eterna “Nazi Punk Fuck Off” El trío original compuesto por East Bay Ray en guitarra, Klaus Flouride en bajo junto a D.H. Peligro en batería daban el todo con “Holiday in Cambodia”, cerrando así una explosiva y rápida actuación, que finalizó 10 minutos antes del tiempo concedido.

DeadKennedys

La segunda sorpresa de la jornada estuvo en los hombros de Meshuggah, quienes se despacharon un show de antología y que se posiciona fácilmente entre lo mejor del año. Los suecos liderados por Jens Kidman destrozaron los oídos de todo el estadio, que ya en esos momentos se encontraba casi lleno en el sector de cancha. Las canciones se alzaban como ofrendas en un ritual para los fanáticos, que respondían en sendos headbanging y brutales mosh. Así pasaron cortes como “obZen” o “Lethargica”, en un set de 14 canciones que no dejó indiferente a nadie y que muchos recordarán por las magulladuras en el cuerpo.

Meshuggah

El primer plato fuerte recayó en las manos de los clásicos The Offspring, una de las primeras bandas que masificó el movimiento punk rock en nuestro país durante finales de los noventas, por eso no era de extrañar que muchos treintones dejaran la voz en himnos como “All I Want” o “Come Out And Play”. Los californianos brindaron un show lleno de calados, dando casi nula cabida a sus trabajos más actuales y más alejados del espíritu que todos esperamos de la banda. Así sonaron “Original Prankster”, “What Happened To You”, la punketa “Staring At The Sun” y “Gotta Get Away” con bengala incluida.

The-offspring (2)

Una vez finalizado el nostálgico concierto de The Offspring, se acercaba la más espectacular presentación del festival. Los alemanes Rammstein pisaban por segunda vez suelo nacional con la parafernalia ya clásica de sus shows. Un conteo digital abría camino para los fuegos artificiales y explosiones con “Ramm 4”, desatando los gritos y las cámaras encendidas tratando de captar el mejor ángulo. La teatralidad se hacía presente en cada instante, como en “Zerstören” con un Till Lindermann cubierto en un chaleco bomba que estallaba al final de la canción. Había que estar atento a cada detalle del show, como los gestos de Lindermann o los eclécticos pasos de baile del tecladista Christian Lorenz, a quien intentaron “asesinar” en “Ich tu dir weh” en una lluvia de fuego, resultando ileso y llevándose la ovación de los fanáticos.

El principal atractivo de los alemanes, a parte de su puesta en escena, es la claridad con la que interpretan cada canción, sonando incluso mejor que las versiones de estudio, demostrando que el agotamiento de tocar una y otra vez las mismas canciones de siempre no les pasa la cuenta. El fuego es el elemento esencial de la banda con el que jugaron en “Feuer Frei!”, “Links 2-3-4” y en “Du hast”.

https://www.youtube.com/watch?v=XoyG25PDcg8

A pesar que sus presentaciones son calcadas una entre otras, el factor del asombro siempre está latente, como en el (literal) infierno de “Sonne” o el ángel de la destrucción que asciende a los cielos en “Engel”, clásico que no estuvo presente en la actuación anterior y que ahora saldó su deuda con el público chileno, cerrando así un show perfecto, emotivo y por sobretodo brutal a más no poder. Pero la sorpresa vendría cuando Lindermann pregunta “una más” despachando “Te Quiero Puta”, cerrando así la maratónica segunda versión del Rockout.

La necesidad de un festival de rock puro se respiraba en el aire, el sentimiento de hermandad que logra este estilo se divisaba en todos los sectores, desde padres e hijos, matrimonios e incluso entre desconocidos (tal como Justin Sane pidió a los fanáticos que se abrazaran con el de al lado), la realización del Rockout Fest, viene a llenar el vacío que dejó Santiago Gets Louder, con un festival en donde no importó que fueran menos artistas que en su versión anterior, pero que primó la calidad de estos mismos, dejando una sensación de que están haciendo las cosas bien y dejando el hype por las nubes de cara a una futura edición. Rockout Fest, misión cumplida.

Fotos por Pancho Rojas/ATR Photography

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