Cap’n Jazz en Chile: reunidos por la caótica y demoledora nostalgia

Fotos por @kattan.ph

A muchos fans del emo, más específicamente midwest emo, o bien melómanos en general, les tomó por sorpresa que una banda tan importante para el under de los 90s como lo fue Cap’n Jazz hiciera su arribo en Chile. Un hecho que 10 o 15 años atrás era prácticamente imposible, pero que hoy es factible gracias a una mayor masividad de comunidades y foros musicales en el internet.

Partieron como un grupo en 1989, y se disolvieron en 1995. Volvieron a juntarse en 2010 para tocar unas cuantas veces a modo de una gira de reunión y desaparecieron hasta 2017 para nuevamente hacer un puñado de shows, lo que duraría muy poco tiempo. En 2024, agendarían nuevas fechas, consolidándose ya desde junio de 2025 con exitosas presentaciones. Así, llegaron a Club Chocolate.

El arribo a Sudamérica era inminente, sobre todo porque en la región se han generado nuevas escenas, una nueva oleada del emo que en parte se nutre de referentes como los hermanos Kinsella y compañía. En especial, proyectos de personas muy jóvenes que se originaron en pandemia y post-pandemia que buscan esa esencia más ruidosa y cercana al post-hardcore.

Puede resultar interesante lo vigente que Cap’n Jazz es hoy después de tantos años, pero de ahí es que uno puede entender que están en la categoría de leyendas vivientes del circuito independiente. Un solo álbum (Shmap’n Shmazz) y un disco compilatorio antológico (Analphabetapolothology) bastan para demostrar cómo un grupo de amigos logran encapsular este concepto tan inocente, apasionado, vulnerable, enérgico y caótico sin igual.

Aún encontrándose sus integrantes principales más allá de sus 45 años, pareciera que todavía estuvieran en los años noventa con el nivel de intensidad que otorgan a sus presentaciones. Un espíritu adolescente liberado. Sustancial para ello fue la performance de Tim Kinsella, su vocalista, un hombre carismático, cómico y acostumbrado al frenesí y al stage-diving.

Un debut histórico para fanáticos del emo

Diversión, locura, saltos, gritos desenfrenados, stage-divings: esa era la tónica de una jornada de un poco más de una hora que inició con “Basil’s Kite” y su icónica trompa, para después seguir con “In The Clear”, con un público cada vez más eufórico que se hizo notar en los segundos más silenciosos cuando nombra las palabras del abecedario hasta L de “Lost”, que incluso tuvo que ser repetido con mayor fuerza.

Por cada minuto que pasaba, el desvarío iba en crecimiento. Solo unos pocos subían al escenario y se lanzaban una y otra vez, lo que les dio a otros las ganas de atreverse a hacer la maniobra. Mucho más, desde que lo hizo Tim por primera vez en el show al ritmo de “The Sands’ve Turned Purple”.

En distintas ocasiones, el micrófono quedó en manos del público. Los desgarradores gritos de “Ooh Do I Love You” los interpretó su fanaticada desde la pista. Mientras, se hacían escuchar las percusiones de un pandero. Un pandero que voló varias veces a lo largo de la tocata, a tal punto de ser un ritual de la velada.

Para “Tokyo”, Tim, con papel en mano, recitó el poema musicalizado al mismo tiempo que los asistentes le seguían con palmas al ritmo del tema. “Olerud”, por su parte, resonó en dos personas que calmadamente subieron al escenario solo para abrazarlo.

Uno de los puntos más altos aterrizó a la mitad, de la mano de “Little League” en un mar de gente moviéndose de un lado para otro desmedidamente que, más temprano que tarde, terminaría con más de 25 personas arriba del escenario cantando, saltando y bailando. Sin duda, una experiencia espiritual para ese grupo de admiradores de la banda. La situación incomodó un poco a Tim, quien se sinceró y dijo “no más de esto por favor”.

Casi al final de la noche, Tim bajó a la pista para hacer un crowdsurfing mientras interpretaba “Planet Shhh”, y en el intertanto, entre toda la agitación, se quedó sin una zapatilla y con la camisa desabotonada. Así, en buen chileno, mostrándose con la blusa a “guata pelá”, el vocalista logró ser objetivo del popular piropo de “mijito rico”.

“Oh Messy Life” continuó en el setlist y anticipaba que el final estaba cerca. Los gritos en su coro por parte de los presentes notaba que aún no había agotamiento. Además todos sabían que es un tema que se canta con garra, ya que es clave en su trayectoria para entender la mixtura de géneros del hardcore y el emo que derivó en lo que hoy le conocemos como “midwest emo”, que contempla una variación de melodías más ricas de guitarras arpegiadas y pasajes instrumentales reflexivos que generan una potente sensación de nostalgia.

Para cerrar, el encore del show nos presentó cuatro grandes canciones, pero primero una breve y cómica intervención en la que el vocalista cuenta que podía imitar a Bruce Dickinson de Iron Maiden cuando eran niños. De hecho, contó que en algún momento de sus vidas hubiesen hecho un cover de la famosa banda de heavy metal, pero fue poco a poco perdiendo la voz. Una voz que hoy lo hace único dentro del emo. Así, primero deleitaron con “Flashpoint: Catheter”, que pronto pasó a el cover de “Take On Me” de a-ha. “Puddle Splashers” y “Que Suerte!” completaron un bizarro espectáculo de manera victoriosa.

Setlist de Cap’n Jazz en Chile:

  1. Basil’s Kite
  2. In The Clear
  3. Yes, I Am Talking To You
  4. The Sands’ve Turned Purple
  5. Ooh Do I Love You
  6. Tokyo
  7. Olerud
  8. Forget Who We Are
  9. Bluegrassish
  10. Little League
  11. For Nate’s Brother Whose Name I Never Knew or Can’t Remember (cover de Owls)
  12. Precious
  13. Planet Shhh
  14. Oh Messy Life
  15. Flashpoint: Catheter
  16. Take On Me (cover de A-Ha)
  17. Puddle Splashers
  18. Que Suerte!
Total
0
Shares
Previous Post

Los Bunkers acústico en el Movistar Arena: el valor del colectivo

Next Post

Geordie Greep en Teatro La Cúpula: La masterclass que redefine el show en vivo