El día en que murió John Lennon, por Álvaro Henríquez

En la primera mitad del 2000, la extinta Feria del Disco tenía su propia revista llamada “Pasión por la música”. Además de comentarios de discos y entrevistas, tenía algunas interesantes columnas escritas por artistas chilenos, como Claudio Narea, Lalo Parra y Álvaro Henríquez, quien por esos días lideraba Pettinellis.

Este es el primero de una serie de textos que rescataremos de esa revista, y que desempolvamos con motivo de la conmemoración de los 38 años de la muerte de John Lennon.

“Descubrí la música como forma de vida el día que murió John Lennon. Antes me gustaba, pero después del triste acontecimiento me hice fanático. Quería ser como él y, por sobre todo, cantar y tocar música.

No pensaba en otra cosa. Luego de comprar canciones y discos me di cuenta del enorme repertorio y su calidad. Era magia pura, un músico sin estudios, de provincia y, sin embargo, dueño del mundo.

Tengo todos sus discos (incluidos Two Virgins y The Wedding Album, considerados inescuchables). La guitarra rítmica de Lennon sigue siendo una gran influencia en mi manera de tocar, parece fácil, pero es todo un rollo aparte. Su voz, multifacética, suave, cruda, y hasta violenta y nasal, muy nasal, es de todo mi gusto.

No sé cómo explicar lo mucho que me gusta su música. Tal vez mi sobrenombre de adolescente en Concepción, les dé algún indicio de mi fanatismo. Por esos años me llamaban “El Lennon”. Esa onda.”

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