Pau prepara dos nuevos discos para este 2021: “Hay que perder la vergüenza”

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Valentina Palavecino

Uno 

Pablo Acuña tiene 15 años y está comenzando a enamorarse de la idea de ser músico. Por ahora es un estudiante de enseñanza media que vive en Temuco y todos los días camina de su casa al colegio por las calles aledañas a la avenida Alemania, uno de los espacios donde el negocio inmobiliario está destruyendo el patrimonio local.

Pablo siempre se detiene a las afueras de Francia 390, quizás uno de los últimos vestigios de lo que fue la antigua ciudad; la única casa que decidió no vender su terreno para dar paso a un coloso centro comercial que ahora habita en sus espaldas.

Su hermana mayor, estudiante de periodismo en esos años, decide intentar como a de lugar entrevistar a la familia que habita en la que se considera una casa embrujada. Hay demasiados mitos que escalan por sus murallas, y Pablo solo quiere entender por qué no cortan el pasto, o por qué tienen una camioneta Chevrolet LUV de los ‘70 en su patio, donde crecen plantas por sus puertas oxidadas. Pese a que ella intentó de muchas formas contactarlos, la última vez que insistió abrieron la puerta para dejar un mensaje. “Por favor, déjenos tranquilos, no queremos hablar con nadie. No queremos hablar sobre la casa”.  

Los mitos también hacen crecer en Pablo una voz creativa pensando en el cotidiano del sur, aunque el autoboicot, una pequeña voz sarcástica, aparece en su mente. Mucho tiempo antes de escribir, o de incluso pensar en componer su primer disco, Pablo pensaba en una idea ingeniosa y esa voz aparecía diciendo “yaaaa, la película que te pasaste”.

Por suerte esa voz, que generalmente le decía que se estaba “dando color”, poco a poco se ha callado. 

Dos

Pablo Acuña ahora es Pau. Hoy tiene 31 años y bajo su seudónimo lanzó a finales del 2020 Latencia, su primer larga duración. Fueron nueve canciones que al ritmo del indie pop se ha ganado el respeto de la crítica y los oyentes, siendo una de las carreras más interesantes de la escena local. 

Reflejo de ello es que hace un par de días “Francia 390”, su segundo sencillo y que también forma parte del LP, fue tomado por Mecánico, la banda que rompió su receso de siete años, para hacer un remix, donde su creador sólo entregó las pistas que aún conserva en su computador, y se las mandó directo al grupo que volvió con un sonido ligado al nuevo psyche pop. 

“Fue un piscinazo que yo estaba dispuesto a tirarme” asegura Pau sobre soltar una de sus creaciones, provocando una “explosión mental” al escucharla desde otra vereda. “Fue muy, muy cuático escucharla, pero fue hermoso. Y yo creo que lo más lindo del proceso, más allá de cualquier cosa técnica de la que podamos hablar sobre hacer un remix, es la parte emocional del desprendimiento”.

Es aquí donde Pau regresa al origen de la canción. A diferencia del sonido pop que transita en el tema, el cantante buscaba recrear una ambientación de terror. “A pesar de que el coro es funky, es una canción oscura, lúgubre y que habla un poco de la desesperanza”. 

Para retratar esas sensaciones en “Francia 390″, Pau ocupó un órgano que le evocaba a El fantasma de la Ópera, tomó prestado unos acordes inspirados en el trabajo de PedroPiedra, en temas como “En esta mansión” o “Vacaciones en el más allá”, donde él encontró algunas melodías terroríficas. Pese al cambio del estilo, está feliz por cómo adaptaron sus ideas. “Mecánico tomó este terror, y lo transformó en una fiesta. Me encanta eso como tal. Otra lectura a un mismo cuento”.

Al remix lo acompaña un videoclip. Bajo la dirección de Silvana Youlton, conocida en redes sociales por la serie “Chile tiene mala memoria”, Pau se grabó desde su casa para que luego Youlton editara los fotogramas, alterando los cortes originales para luego animarlos con impresiones e imágenes de una casa abandonada en Ucrania. 

-¿Has podido entrar a la casa de Francia 390? 

Nunca.

Tres

Pau sabe que hacer música, y presentar su primer disco en pandemia, ha sido aceptar a renunciar a una serie de expectativas, al punto que aprendió a equilibrarlas sin llegar a volverse loco. “No puedo dejar de hacer música por las circunstancias que haya. Sería como utilitarista, sería como gallina”, manifiesta.

A seis meses de presentar Latencia, el cantante reconoce que el disco lo ayudó a posicionarse. “Renuncié a que el disco fuese un gran reventón, o de venir a tocarlo con una banda y sacar conciertos. Pero hacer el disco fue súper sanador y encima que a la gente le haya gustado, es como ganar dos a cero. Es bacán, te da mucha seguridad”.

Con 15 mil oyentes mensuales en Spotify, Pau quiere seguir creando nuevas canciones. Frente a la nueva realidad de la cultura, donde los escenarios estarán prohibidos por tiempo indeterminado, el publicar constantemente parece ser la solución, sobre todo en un escenario donde “todos estamos comiendo un poco de las migajas de Spotify”, viendo que cada viernes la plataforma actualiza sus listas de reproducción de forma continua.

Los planes que se asoman en la carrera de Pau son “bien concretos y aterrizados”, y ya empezaron a tomar forma, teniendo en mente al menos dos producciones para este 2021. Por una parte, ya está grabando su segundo LP desde enero, con varios temas que compuso desde la salida de Latencia, siendo 8 tracks grabados hasta el momento. 

Esta vez no está solo. Fernando Herrera, productor detrás de las aventuras de algunos ilustres contemporáneos como Gepe, Nicole, Javiera Mena, Francisca Valenzuela o Fármacos, estará a cargo del próximo disco. “Hice buenas migas con Fernando. No sólo tenemos una relación profesional, sino que además nos hicimos bien amigos, entendemos la música de una manera similar. Ese disco espero poder sacarlo este año. Sería lo ideal”. 

Paralelamente, Pau trabaja en un disco de reversiones y rarezas del primer disco, dentro de los cuales incluye el remix de Francia 390 hecho por Mecánico. Dicho LP contará con una versión acústica de “Depresión Estacional“, e incluirá otros nombres como Javier Barria o Pancho Gana. 

Cuatro

Todos estos proyectos estarán marcados bajo el panorama de vivir en el Santiago de la pandemia. Pese al panorama que ha afectado hace más de un año, Pau tiene claro que la crisis de la industria no puede parar el quehacer musical. “Filo con los estudios de grabación, hay que grabar desde la casa. Si no hay conciertos, hay que hacer música grabada”. 

Si bien reconoce que la incertidumbre a veces lo atrapa, prefiere no pensar que la ciudad va a estar encerrada por siempre. Prefiere mantener la mirada quijotesca del artista, lanzando canciones y presentarlas como si fuese una locura. “Hay que perder la vergüenza. Me pasaba antes de lanzar estas canciones, pensaba en una idea ingeniosa y me salía una voz interior que me paraba. El ejercicio que estoy haciendo es callar esa voz. Si se me ocurre una idea ingeniosa, le doy permiso para que esa idea nazca”. 

Pau confía más que antes en el valor de sus ideas, y sobre todo a seguir cautivando a públicos atentos a nuevas producciones. “Aunque fuese ridículo y no creo que lo sea, es único. Esas ideas y esas cosas pequeñas que se le ocurren a todas las personas que son creadoras, son únicas. Por ridículas que sean, a nadie más se le van a ocurrir, y tienen un espacio ahí afuera”. 

Sobre si aún es buena idea hacer pop indie en Chile, Pau ya tiene claro que no hay vuelta atrás. “¿Por qué no haces algo que te haga ganar plata y vivir plata? No, hueón. Démosle, hagamos canciones”.

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