Felipe Mardones desglosa las distintas formas del pop en su libro-anuario "El ritmo del planeta"

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Dedicar horas enteras a escuchar música y estar atento a las tendencias que surgen en distintos rincones del mundo parece una tarea más fácil de lo que parece. Felipe Mardones Vegas es un joven amante de la música que sigue esto como misión personal, y que encontró un espacio ideal para plasmar sus pensamientos respecto a fenómenos y artistas que están dando vueltas en este momento.

“El Ritmo del Planeta” es su tercer anuario, una especie de revista con alma de fanzine pero con la profundidad de un libro, que le ha dado la posibilidad de poder comentar lo que sucede tanto en Chile como en otros países con respecto al pop. En esta ocasión, su radar captura a nombres tan disímiles como Entrópica, Florencia Lira, Diegors, Corderolobo, Leo García, Britney Spears, Soledad Vélez, Ryuichi Sakamoto y Sophie Ellis-Bextor, entre muchos otros artistas.

Conversamos con su autor sobre las inquietudes que lo impulsaron a crear este texto de entrevistas y ensayos que publicó recientemente de forma independiente, y que se puede encontrar a través del Instagram @elritmodelplaneta. Ojo, que también sorteamos un par de copias. Más detalles al cierre de esta conversación.

¿Cual fue el criterio para escoger a los artistas que entrevistaste para el libro?

-A la hora de pensar en el repertorio de artistas para entrevistar en este anuario me impuse que fuese un grupo internacional. En 2020 con el anuario “Ante el pop y la catástrofe” (Libros Calabaza del Diablo) participaron sólo cantantes chilenos, entonces esta vez quería abrir un poco el espacio a otras voces de otras ciudades y de otros países que contaran sus testimonios personales y musicales. Y eso porque además sentía que, por primera vez -al menos que yo recuerde- un acontecimiento mundano y común para todos atravesaba el trabajo de músicas y músicos en Chile, Argentina o Alemania. La pandemia los unía a [email protected] Luego empecé a pensar en gente que había publicado o estaba por publicar trabajos y se fue armando la lista. Fue bastante espontáneo también: una mezcla de gusto personal con cosas que me parecían únicas en ese momento como todo lo que estaba pasando con Britney Spears o los conciertos caseros de Sophie Ellix-Bextor o de La Banda del VIP en Argentina.

¿Ves un cambio en el mapa del pop local e internacional tras la pandemia?

Veo que hay un mood que es parejo: la incertidumbre, el estar pensando el aquí y el ahora. Como Fangoria, que acaban de publicar “Momentismo absoluto”, que es una canción que ironiza sobre el problema del día a día ante un futuro cada vez más raro. En el caso del pop local, al ser una industria tan débil, tan de cartón, tan pequeña, las cosas se han desarticulado aún más y la precariedad que antes era un secreto debajo de la alfombra hoy ya está desenmascarada. Eso influye y va a seguir influyendo en que las propuestas que no están arrimadas a ningún árbol se sigan trabajando a pulso y demoren en llegar. Pero quién te dice, quizás sirve para remecer y aparezcan trabajos interesantes.

Pienso en eso a nivel estructural. Ahora bien, creo que para el caso local, al margen de la pandemia, lo que más ha influido es lo que pasó en octubre de 2019. Eso lo entendí entrevistando a Diegors, a Entrópica o a Florencia Lira para “El ritmo del planeta”, que son autores muy distintos entre sí, pero que seguramente van a seguir trabajando y publicando música dejando ver el efecto del 2019 en sus obras. Está pasando ahora con Mon Laferte y Seis, que es un disco tremendo de baladas, pero que tiene dos canciones que hablan con peras y manzanas de la democracia y la búsqueda de justicia social. El disco Dijimos Apruebo, pero el Rechazo está en todo de Aysén (Pablo Flores) para Pueblo Nuevo también es fruto de esa inquietud. Me pueden gustar o no, pero están ahí. En algún punto me ilusiona pensar que eso pueda seguir reflejándose.

¿Qué te llevó a impulsar este tipo de anuarios musicales que has venido realizando con este tipo de libros?

La idea de publicar un anuario surgió espontáneamente en 2018 cuando publiqué “A estudiar” en aestudiar.tumblr.com. Era un juego, pero también un formato muy cómodo porque permitía tomar todo lo que circulaba en un año y armar un puzzle propio, desde una esquina lúdica, sin expectativas. Y como la mayoría de las cosas que nacen así, “el anuario” después se transformó en un impulso para seguir escribiendo sobre música pop, que es una zona riquísima para el conocimiento y la reflexión.

Pero no fue hasta 2020 cuando presenté “Ante el pop y la catástrofe” que me di cuenta que era un producto con sentido. En ese libro yo le preguntaba a músicos chilenos sobre el futuro y la sensación de que algo se venía. Nunca pensé en el COVID, obvio, más pensaba en el fascismo de Piñera o en la crisis climática. Ese libro lo comentó el cantante Ignacio Redard. En el lanzamiento, él dijo que estos libros, los anuarios, eran como pequeñas cápsulas que iban a quedar en el tiempo para que en algún otro momento, otras personas, revisen qué ideas estaban circulando en el pasado. Eso me hizo mucho sentido y me sigue impulsando a pensar en otros anuarios. Quizás, en un par de años más, cuando alguien quiera saber cómo era hacer música pop encerrados van a poder revisar “El ritmo del planeta” y se van a encontrar con un par de ideas.

¿Por qué decidiste lanzarlo de forma independiente?

Trabajar el libro desde la autogestión te permite tener el control total del libro. Desde cómo se va a la imprenta hasta cómo lo recibe alguien que lo compra. El color de la tapa, el diseño, todo. De momento creo que es la mejor forma de publicar algo sobre música. Además es un proyecto a largo plazo junto al diseñador del libro, que para mí es co autor del anuario, Andrés Tapia, porque tuvo la inteligencia para pensar cómo disponer los contenidos del libro de manera atractiva y sensible. Juntos armamos MATERIALES (Instagram.com/materiales.works), que es un espacio editorial para publicar ideas o trabajos en formatos diversos. Hoy es este libro, mañana puede ser otra cosa, un objeto o un video.

En estos 4 meses del 2021, ¿como has visto el panorama musical?

-Trato de divertirme. Mis amigos dicen que todo el mundo publica canciones aburridas. Yo aún no lo veo tan así. Sí creo que viene todo a cuentagotas. Canciones por aquí y por allá. Y pasan cosas divertidas. No entiendo el éxito mundial de Olivia Rodrigo, pero espero muy entusiasmado las canciones de Chico y Chica o Espanto, de España. Tampoco me explico muy bien que Taylor Swift triunfe tanto, pero algo tendrá que tener. Sigo de duelo por la muerte de SOPHIE, eso sí. Ahí se nos fue una sensibilidad, una mente brillante, una visión y un intelecto. Me decepcioné con el disco de Paloma Mami, pero “Quédate” de Nicole me gustó. Ella está entrando en su era Esquemas juveniles y eso me parece divertido.

Me gusta el trabajo de Matt Montero en Argentina y “Por amar al amor” de Miranda! te hace recuperar un poco la fe. De discos me han sorprendido mucho “Clamor” de María Arnal i Marcel Bagés y “Menneskekollektivet” de Jenny Hval y Håvard Volden, como Lost Girls. Sigo esperando algún disco de Azealia Banks para que el mundo sea un mejor lugar donde vivir, pero tengo paciencia con ella.

¿Alguna idea de otro tipo de libro que planeas desarrollar en un tiempo próximo?

Me gustaría seguir haciendo anuarios o libros que contengan un poco de reflexión y testimonio. Es que me gustan las revistas, y estos libros son revistas, pero en formato largo. Y de momento, lo que más me tiene entusiasmado es el taller “Vías combinadas; escrituras posibles y música pop” que me invitó a desarrollar la nueva librería Alma Negra (www.instagram.com/alma_negra_libreria). Es un espacio de creación y reflexión sobre música, pero también de formatos escriturales que nos pueden servir para hablar del pop. Parte en mayo y va a estar muy entretenido.

Y por último, ¿Chile sigue siendo el paraíso del pop?

Ese artículo de El País apareció hace justamente diez años. ¡Y cómo han cambiado las cosas en una década! Opinar sobre ese texto creo que no tiene mucho sentido. Sirve más ir a los hechos: Dënver ya no existe más, ni Astro y Javier Barría ya no publica como autor, es más un productor. Gente subió, otros bajaron. Javiera Mena sigue siendo la número uno de ese grupo, pese a que Mon Laferte tenga más impacto regional.

Hay que tomarlo con humor; mirar hacia atrás con cierta liviandad. Porque si hablamos en serio ese rótulo de “paraíso del pop” hizo sentido para agrupar un sinfín de cosas que estaban pasando entre 2005-2010 en Chile y que sí, desde España se veían todas lindas, todas interesantes, pero que no eran más que un grupo de gente publicando discos y canciones desde un rincón perdido en el planeta. Sin apoyo, sin industria, casi todo a pulso.

En 2011, DJ Fracaso decía “El boom de la música chilena no da ni para petardo” y tan equivocado no estaba. Si uno escucha Audiovisión” del Gepe ahora, una década después te preguntas wow qué pasó, dónde está ese autor. Ese Gepe ya no existe. Y ese grupo de bandas o solistas tampoco, y es normal. Las generaciones van cambiando. Ya no existen unos Pánico, como tampoco existen unos Javiera y Los Imposibles o unos Familea Miranda. Así que contestando a la pregunta: no, Chile no sigue siendo el paraíso de nada, porque nunca lo fue. Fue una generación que para los que nos gusta el pop fue muy efervescente.

Lo que vino después fue más aburrido. Todos esos jóvenes haciendo cosas con guitarra. Sí creo que Chile es un lugar extraño, desde el que siempre están surgiendo “raras avis” como Violeta Parra o Víctor Jara, Myriam Hernández o Paloma Mami, Lulú Jam! o Como Asesinar a Felipes. Ejemplos únicos que no sirven para articular la tierra prometida para nadie, pero que nos hacen ser un país raro, capaz de sorprender, pero siempre al tres y al cuatro, viviendo con las puras chauchas.

Concurso: Sorteamos dos copias de “El Ritmo del Planeta”:

Para participar, sólo debes comentar más abajo tu último disco o artista pop que te haya volado la cabeza y seguir nuestra cuenta de Instagram (@ratacl) y la de El Rítmo del Planeta (@elritmodelplaneta). Resultados: 5 de mayo. 

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